3 Principios para ganar más jóvenes

Por lo general, no me gusta presumir de nada pero cuando se trata de mis habilidades culinarias, te aseguro que tengo un don. A mi no me gusta seguir recetas porque confío en mi intuición. Y el 99% de las veces la comida siempre sabe bien. Si no me crees, puedes preguntarle a mi esposa.

Un día invité unos amigos a la casa y decidí cocinar Pasta Alfredo con Pollo. Ya sabes que yo no sigo las recetas, por eso agregué la pasta que deseaba… pero la olla no era muy grande. Cuando el agua comenzó a hervir, se derramó sobre la estufa. Y al final, la pasta se estaba quemando. Digamos que no fue mi mejor día.

No sé si tienes una historia así. Tal vez te gusta medir las cosas y eres cuidadoso. No te gustan las estufas sucias. Prefieres estar cómodo y en control. No corres muchos riesgos con tu fe porque prefieres relacionarte con personas que se parecen a ti. Prefieres seguir la receta.

Pero si quieres crecer en tu liderazgo, tendrás que acostumbrarte a estar incomodo. Si quieres ganar más jóvenes, espero que este blog te ayude.

En el libro de Hechos vemos muchos principios de crecimiento. Aquí te comparto tres de ellos que están presentes en casi todas las historias. Lee conmigo Hechos 11:19-21.

19 Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que sobrevino después de la muerte de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando la palabra a nadie, sino solo a los judíos. 20 Pero había algunos de ellos, hombres de Chipre y de Cirene, los cuales al llegar a Antioquía, hablaban también a los griegos, predicando el evangelio del Señor Jesús. 21 La mano del Señor estaba con ellos, y gran número que creyó se convirtió al Señor.

En este pasaje vemos tres ingredientes utilizados por Dios para agregar personas a Su iglesia.

Persecución

El versículo introduce una nueva sección en la historia de la Iglesia. Aquí, la historia toma un nuevo rumbo. Hasta este punto, el evangelio llegaba principalmente a los judíos. Sin embargo, después de este versículo vemos los esfuerzos por llegar a los gentiles. Un gentil era una persona que no era judía.

Y mientras leemos se nos invita a recordar un evento trágico pero glorioso.

Cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en Pentecostés, la iglesia creció en número. El Señor hizo maravillas entre el pueblo, y muchos se sumaron a la iglesia.

Hechos 6 cuenta la historia de lo que sucedió:

«Por aquellos días, al multiplicarse el número de los discípulos, surgió una queja de parte de los judíos helenistas en contra de los judíos nativos, porque sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos

En esta situación, a los Apóstoles se les ocurrió la idea de dar esta responsabilidad a siete hombres. Esteban estaba entre los siete. Era un hombre lleno de gracia y poder, que hacía una gran obra para el Señor. Cuando algunos judíos discutieron con Esteban y no pudieron vencerlo, lo hicieron matar.

De repente, los discípulos sufrieron una gran persecución y se fueron de Jerusalén.

Pero la iglesia no dejó de predicar, sino que se volvió global. Esta persecución tenía la intención de destruir a la iglesia, pero Dios hizo que obrara para bien.

Recuerdo tiempos de persecución en mi hogar cuando era un nuevo creyente. Esto realmente me hizo más fuerte. Me ayudó a purificar mi fe. Me ayudó a experimentar el Amor de Dios de una manera nueva. Me hizo sentir más cómodo con el sufrimiento. Me dio una historia que contar, y pude identificarme con la cruz de Jesús.

La persecución produce expansión.

Dios permite la persecución y las dificultades para expandir su reino, porque su deseo es rescatar y salvar personas de todas las naciones para que sean Su pueblo.

No te preocupes si te sientes perseguido… así es como Dios moviliza a sus discípulos para agregar personas a su iglesia.

La persecución no se siente bien, pero es buena para el reino. No tengas miedo de la persecución. Es un medio para avanzar.

Si quieres ganar jóvenes, aprovecha la persecución y las dificultades, las necesidades y limitaciones. 

Escuchaba el podcast de Craig Groeschel el otro día. Él decía que para hacer más, invirtiendo menos, debemos pensar dentro de la caja.

Para ser innovadores, a todos se nos ha dicho que pensemos fuera de la caja. El problema de pensar fuera de la caja es que nos deja con opciones ilimitadas.

Filtrar a través de ideas ilimitadas nos cuesta tiempo, recursos y capacidad intelectual. Cuando tienes muchas opciones, tienes que tomar muchas decisiones, y la toma de decisiones consume energía.

Sin embargo, la necesidad impulsa la creatividad. La falta de recursos elimina opciones, y tener menos opciones nos libera para centrarnos en encontrar soluciones en lugar de tomar decisiones.

Es decir, lo que percibimos como una restricción, necesidad o limitante, es materia prima para crear algo nuevo. Dios guía por lo que provee (¡y por lo que retiene también!).

En nuestra iglesia tenemos dos servicios en ingles y uno bilingüe. Nuestro edificio no tiene espacio para tener varios servicios al mismo tiempo. No podemos reunirnos antes de las 8am ni después de las 6:00pm. Hay está la limitante. Tenemos restricciones. 

Pero en lugar de escoger otro día, escogimos el horario de la 1pm y proveemos almuerzo. Así los hermanos llegan temprano y comen con nosotros. Eso ayuda a evangelizar también, porque es más fácil invitar a alguien a comer y luego ir a la iglesia. Eso nos ayuda a crear comunidad. 

La misma situación de necesidad nos dio ideas para la creatividad.

El segundo ingrediente para ganar jóvenes es:

Predicación

El versículo 19 continua diciendo que los perseguidos difundieron el mensaje del Evangelio mientras viajaban. 

“…llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía…”

Los perseguidos viajaron a estas ciudades porque podían encontrar un refugio de la persecución y se les permitía adorar a Dios sin problemas. 

Es decir que los primeros misioneros eran cristianos corrientes que fueron dispersados ​​de Jerusalén por la persecución. Eran viajeros, refugiados e inmigrantes.

Piénsalo… ¿Cómo responderías si necesitas dejar tu casa, tu negocio, tus amigos, tu escuela, tus restaurantes y lugares favoritos para sobrevivir? 

Para algunas personas hoy en día, esta no es una pregunta hipotética sino una realidad actual. Y puedo hablar un poco sobre eso como inmigrante. He experimentado como se siente mudarse a un nuevo lugar. 

Al principio puedes estar emocionado. Quizás estás asustado. Pero siempre tendrás oportunidad de entablar una conversación con nuevas personas. Y como es natural, buscarás a gente que sea como tú.

Quizás por esa razón, los cristianos que huyeron de Jerusalén hablaron la palabra solo con los judíos.

Imagino que mientras viajaban por el desierto y por el mar, se detenían en los pueblos o las sinagogas. Y la gente les preguntaba: “Entonces, ¿de dónde son ustedes?” Y ellos decían: “Somos de Jerusalén. Creemos que Jesús es el Señor y por eso somos perseguidos”. Y luego contaban el resto de la historia. 

No necesitas ser pastor o evangelista ordenado para hablar de Jesús con tu vecino, tu pariente, tu compañero de trabajo. Solo cuenta la historia mientras viajas por la vida.

Un día estaba en el gimnasio y un joven vestía un jacket con la bandera dominicana. Fue miembro de la selección nacional de natación. Y charlamos un rato y al final, me ofrecí a orar por él luego de escucharlo por varios minutos.

Sin embargo, la mayoría de veces prefiero hablar sólo a mis amigos cristianos. Es más fácil hablar a personas de nuestro propio entorno cultural, social y etnológico. Se necesita algo de trabajo para cerrar la brecha y encontrar puntos en común con el extraño.

Afortunadamente, el versiculo 20 continua:

«Pero había algunos de ellos, hombres de Chipre y de Cirene, los cuales al llegar a Antioquía, hablaban también a los griegos…»

El primer grupo habló solo con los judíos, pero otro grupo habló con los griegos.

El grupo de hombres de Chipre y Cirene probablemente era gente de negocios. Chipre era una ciudad de negocios y Cirene, en Libia, en la costa norte de África, ya tenía muchos judíos también.

La razón por la que hablaron con los griegos fue porque podían hablar el idioma. Conocían la cultura.

Los griegos quizás eran otros judíos que ya no vivían como el judío promedio. O quizás eran personas de otras naciones.

De cualquier modo, creo que los cristianos estamos rodeados de «griegos» todo el tiempo. Tal vez hablamos el mismo idioma pero no maldecimos. No hablamos de las mismas cosas. No nos preocupamos por los mismos problemas. No vivimos de la misma forma (al menos, los cristianos verdaderos).

Por eso es más fácil y seguro hablar sólo con otros cristianos. No hay necesidad de aprender una nueva jerga o cultura.

Y aunque debemos tener comunión con otros cristianos, también debemos invitar a otros que a seguir a Cristo. Cruza el puente y trata de aprender su «lenguaje». Háblales. Se accesible. Se intencional.

Las tres ideas para evangelizar

Hay tres tácticas para abordar, alcazar y evangelizar a nuestra cultura:

  • Involucrate
  • Invierte
  • Invita

Hace varios años, nuestra iglesia se involucró en el proceso de limpiar un callejón. Este lugar estaba lleno de basura. Las paredes estaban pintadas con palabras obscenas. Lo peor era que ese callejón era la entrada a una escuela para niños. Imagínate llevando a tus hijos a su escuela en esas condiciones.

Entonces nuestra iglesia invirtió en la relación con la escuela. Los hermanos limpiaron el lugar y pintaron las paredes. Hicimos eso por varios años. 

Ahora la escuela nos invita a actividades con los padres y eso nos da una oportunidad de predicar el evangelio con hechos y con palabras. 

Involucrate, invierte e invita.

La ultima parte del versículo 20 dice: 

“…predicando el evangelio del Señor Jesús.”

Mientras que hablar es algo informal y sencillo. La predicación es formal. 

Predicar al Señor Jesús significa proclamar que Jesús es el Señor. Predicar al Señor Jesús es anunciar un mensaje, contar una buena noticia. No tienes que ser un vendedor para predicar al Señor Jesús. Hay un nuevo Señor y es nuestro Señor.

Sé que hablar en público no es algo fácil para todos. Sin embargo, no necesitamos un micrófono y una plataforma para predicar al Señor Jesús. Todo lo que necesitamos es nuestra voz y nuestra fe para decirles a nuestros amigos, familiares y vecinos: Jesús es el Señor de mi vida.

Si realmente crees que Jesús es el Señor, tu vida se verá diferente a la de la gran mayoría. La gente te preguntará por qué no mientes ni robas, por qué perteneces a una iglesia y diezmas… Y la respuesta es porque Jesús es el Señor.

Si quieres ganar jóvenes, predica el evangelio con tus obras y con tus palabras.

El ultimo ingrediente es:

Poder

El versiculo 21 prosigue: 

« La mano del Señor estaba con ellos, y gran número que creyó se convirtió al Señor.»

Mientras comunicaban el mensaje, la Mano del Señor estaba con ellos tocando los corazones de las personas.

La mano del Señor se refiere a la capacidad sobrenatural de Dios para realizar milagros, sanar enfermedades, proveer para nuestras necesidades y abrir puertas.

¿Cuántas veces vacilo en predicar al Señor Jesús porque no veo resultados?

Pero en estos momentos es cuando necesito recordar que no trabajo solo. Incluso en mi debilidad, limitaciones y luchas, la mano poderosa del Señor está conmigo.

La mano del Señor guía mi vida y me da la fuerza para contar la buena noticia.

No son mis habilidades de oratoria, dominio de un idioma o discurso persuasivo lo que asegurará buenos resultados, sino Su presencia.

El otro día regrese de un viaje y fui a recoger el correo. Había un hombre que buscaba hablar conmigo porque un amigo le habló de mí. Y tan pronto como me vio comenzó a contarme cómo el Señor lo ha estado llamando para que lo siga. Yo no hice nada extraordinario. Solo me detuve a escucharlo y al final, ofrecerme a orar. Así que hicimos eso. 

Después de orar, el hombre lloró como un niño porque la mano del Señor lo había tocado.

Imagina lo que pasaría en tu barrio si la mano del Señor está contigo. Te digo lo que pasará: un gran número de personas creerán y se volverán al Señor. 

PERO… No tenemos que desanimarnos si no pasa nada cuando oramos. Tampoco tenemos que sentirnos orgullosos de nosotros mismos si algo sucede. Todo lo que podemos hacer es confiar en que el Señor mueva su mano.

Cuando sentimos la presión de realizar un milagro, debemos recordar que es la Mano del Señor. Mi trabajo es hablar y predicar al Señor Jesús. Su trabajo es tocar el corazón de la persona.

No podemos olvidar que la fe y la conversión son el resultado de su mano poderosa. Por eso, no hay espacio para el orgullo. Aunque uses recursos tecnológicos y cosas semejantes, recuerda que es la mano del Señor la que hace la diferencia.

Si quieres ganar jóvenes, confía por completo en la mano del Señor. 

Escrito originalmente para la Red de Lideres Juveniles

Original photo from Quinton Coetzee, via Unsplash.com

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