El síndrome del hombre de Dios

Durante la última semana de Noviembre 2017 estuve observando las diferentes reacciones ante la visita de TB Joshua a República Dominicana. Mucha gente estuvo a favor suyo y de su cruzada y otros no tanto, provocando lo que yo llamaría “la batalla por la sana doctrina”, dejando una iglesia más dividida que antes. No me interesa participar en esa lucha de confirmar si en realidad TB Joshua es un hombre de Dios o no, sino compartir algo más importante.

Mientras leía los comentarios en facebook, recordé algo que Steve Murrell llama: “El Síndrome del Hombre de Dios”. Un síndrome es un conjunto de síntomas que anuncian una enfermedad. En este caso, se trata de una enfermedad que afecta tanto a los líderes de la iglesia como a la iglesia en sí.

Comencemos hablando sobre cómo este síndrome afecta a los líderes estableciendo primero el mejor ejemplo de liderazgo: Jesús.

El Señor Jesús fue y es el líder más grande de la historia. Su liderazgo cambió el mundo. Jesús equipaba a sus discípulos y los enviaba a hacer otros discípulos, mientras seguía evaluándolos continuamente. Él enseñó, sanó y alimentó a grandes multitudes, pero entrenaba en un grupo pequeño a hombres que luego se convirtieron en Sus apóstoles.

Jesús nunca estuvo satisfecho con que los discípulos lo siguieran simplemente como espectadores, sino que estaba atento a empoderarlos para que hicieran lo que Él había estado haciendo.

Y es ahí donde muchos líderes fallan. Pensar que somos grandes líderes porque mucha gente siga y vea lo que hacemos, es una ilusión engañosa. Un líder se hace grande cuando entrena y envía otros líderes, no cuando tiene una legión de seguidores que esperan ver su próxima gran hazaña.

Los líderes con este síndrome comienzan a parecerse lentamente Moisés o Elías, en vez a Cristo y su ejemplo de líder-servidor. Estos hombres de Dios construyen ministerios sobre sus nombres, reputaciones y dones… no sobre Cristo. Ellos tienen un complejo mesiánico, necesitan que lo necesiten para sentirse importantes, creen que eso es señal de devoción, santidad o unción pero no… es simplemente un liderazgo pobre, miope y mediocre. ¿Por qué? Porque cuando ya no están la gente se va y busca a otro hombre o mujer de Dios.

Yo se que esto no pasa solamente dentro de las iglesias pero ahí es donde más daño hace, porque esto no fue lo que Jesús enseñó y tampoco es lo que la gente espera. Sin embárgo, el síndrome del Hombre de Dios ha sido popularizado por predicadores y pastores famosos que utilizan las redes sociales, los medios y las relaciones para promover su ministerio, nombre y marca dentro y fuera de la iglesia, no porque desean alcanzar a los que todavía no han entregado sus vidas a Cristo.

Es mucho más fácil promover ministerios que dirigir gente, porque los ministerios no tienen sentimientos, y no se ofenden cuando tienen líderes enfocados en si mismos. Por el otro lado, la gente es extremadamente sensible, y tienden a ofenderse cuando no se les trata con respeto.

Jesús nunca le pidió a sus discípulos que construyeran iglesias o ministerios para él. Él dijo: hagan discípulos y yo edificaré mi iglesia. Si hacemos lo que Él nos dijo que hagamos- hacer discípulos- entonces sabremos que estamos cooperando con Él. Y Él tomará estos discípulos y construirá con ellos su iglesia. ¡Qué privilegio más grande es asociarnos con el Rey de reyes con simplemente ministrar a la gente y empoderar esa misma gente para que ministren a otros!

Aquí es donde deberíamos detenernos y plantear la pregunta: ¿estamos más interesados en ser el próximo “Hombre o mujer de Dios” o en hacer discípulos de Cristo, entrenándolos y empoderandolos para que también hagan discípulos?

Si te interesa más la segunda opción, espera la segunda parte de esta serie.