Cuando eres invisible

¿Por qué será que deseamos impresionar a Dios y a la gente?

Hubo un reality show que se transmitió brevemente en MTV llamado: Si realmente me conocieras. El objetivo del programa era terminar con el bullying a través de la comprensión, pensando que si los estudiantes conocieran las luchas de los demás, serían más propensos a expresar compasión en lugar de críticas entre sí. El show reunía a todos los estudiantes en el gimnasio de una escuela, y los instructores organizaban a los estudiantes en fila a lo largo de una pared. Entonces uno de los instructores leía de una lista de afirmaciones, cosas como:

Si realmente me conocieras, sabrías … “que crecí en un hogar destrozado” o “que he sido víctima de algunos tipo de abuso” o “que a veces me siento solo y asustado, incluso entre amigos”. Por cada declaración con la que un estudiante se identificó, él o ella daban un paso adelante y, finalmente, todos los estudiantes cruzaron una línea en medio del cuarto.

Entonces el instructor les pedía que miren alrededor.

Con lágrimas en los ojos, podían ver a sus compañeros, personas a las que quizás habían pasado por alto o prejuzgado, solo para darse cuenta de que todos estaban atrapados en luchas similares. 

Ahora, todo esto tuvo lugar en una escuela, así que no fue una verdadera sorpresa que la mayoría de los estudiantes (que tal vez no tenían una relación con Jesús) tendrían vidas plagadas de las desafortunadas fracturas del pecado.

Pero un predicador joven usó este enfoque para cerrar un mensaje que predicaba a cerca de mil estudiantes en una conferencia de jóvenes de la iglesia. Seguramente, pensé, el resultado sería diferente en una habitación aparentemente llena de jóvenes cristianos.

Cuando el predicador hizo declaraciones penetrantes como: “Si realmente me conocieras, sabrías que tengo problemas con una adicción”, los estudiantes dieron un paso adelante. “Si realmente me conocieras, sabrías que he sido abusada sexualmente”. Los estudiantes dieron un paso adelante. “Si realmente me conocieras, sabrías que he contemplado el suicidio”. Los estudiantes dieron un paso adelante. “Si realmente me conocieras, sabrías que siento un profundo rechazo”. En poco tiempo, más de la mitad de los asientos estaban vacíos y el altar estaba lleno. Creo que todos podrían haber dado un paso adelante, pero algunos permanecieron sentados, aferrándose a la falsa sensación de confort que la superficialidad puede crear.

La verdad es que todos estamos luchando con algo. Todos caminamos con una cojera. Todos estamos tratando de lidiar con el trauma que viene con la existencia en un mundo caído, ya sea que nuestros corazones se rompan por personas en las que confiamos, que nuestros seres queridos se hayan separado de nosotros por la muerte, que tengamos inclinaciones hacia cosas que nos avergüenzan, etc. He llegado a la desafortunada conclusión de que hay una versión del cristianismo que muchos de nosotros hemos comprado y que nos ha capacitado para ser actores profesionales.

¿Por qué será que deseamos impresionar a Dios y a la gente? Por qué tenemos temor a que nos rechacen y ser ignorados. Tenemos miedo a convertirnos en personas invisibles. 

Cuando eres invisible sientes rechazo, impotencia, dolor, baja autoestima, amargura, y otras cosas. Entonces respondes… casi siempre de dos maneras.

La mayoría de las veces queremos irnos de un lugar donde no somos bienvenidos. Otras veces no tenemos esa opción y nos esforzamos para lidiar con lo que sentimos.

Imaginate el sentimiento inherente de rechazo que siente un niño cuando es atrapado en medio del divorcio de sus padres. O el dolor del rechazo cuando visitas una iglesia y no te reciben con cariño ni aceptación. O cuando tus compañeros de clase o trabajo se burlan de ti porque no haces lo que ellos hacen, después te dejan solo y te ignoran. ¿Qué haces cuando eso sucede? La mayoría de la gente usa una de estas dos estrategias.

  1. Suprimir el dolor con alguna distracción como la música, la lectura, el alcohol, la televisión… etc.
  2. Usar una máscara para que te acepten.

Seré el primero en admitir que me gustaría ser notado, conocido y valorado. A veces no hablo mucho con la esperanza de proteger mis inseguridades. Parece que siempre encuentro una manera de proteger mis defectos privados de la vista del público.

Las paredes que usamos para proteger nuestra imagen son las mismas paredes que nos aprisionan con nuestro dolor.

¿Puedes imaginar lo que se siente estar encerrado en una habitación con algo que te está haciendo daño?

Ninguna persona ha sido rechazada más que Jesús. El vino a lo Suyo, pero los suyos no le recibieron.

Aun así, es notable que Jesús permaneció reacio a usar una máscara para ser aceptado. Vemos esto en su tentación en el desierto. La estrategia del diablo fue tentar a Jesús para que probara su identidad a través de su desempeño. El enemigo esencialmente decía: “Si eres el Hijo de Dios, ¡demuéstralo!” 

Todos nos encontramos diariamente con una tentación similar, ¿no es así? “¿Tienes valor? ¿eres inteligente? ¿eres hermosa? ¡Pruébalo! ¡Publícalo! ¡Actua para ser aceptado!” Pero cuando cedemos ante la presión de demostrar quienes somos al final nos perdemos a nosotros mismos.

¿Alguna vez has sentido la presión de hacer algo para que Dios te acepte? ¿Qué cosas hacemos para sentirnos aceptados por Dios?

Mucha gente hace cosas increíbles para sentirse aceptados por Dios, pero esto es lo único que tenemos que hacer: recibir a Jesucristo.

“Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios.”

Juan 1:12-13

Jesús no se rindió, y nosotros tampoco deberíamos. Incluso cuando se le pidió que hiciera cosas buenas, rechazó al enemigo, diciendo: “Yo solo hago lo que mi Padre manda”.

¿Cómo liberarnos de la presión de demostrar quienes somos para dejar de ser invisibles? 

Veamos a Jesús.

Antes de que Jesús hiciera su primer milagro, hubo un evento muy importante. Esto sucedió antes de su tentación en el desierto, su bautismo. Cuando Jesús fue bautizado, una voz habló desde el cielo y dijo: “Este es mi Hijo, en quien tengo complacencia”.

Creo que Jesús no sintió la presión de probar nada al diablo o las personas porque sabía que él ya era aceptado por Su Padre celestial.

Si Jesús agradó al corazón de Dios antes de que él realizara un milagro, ¿por qué deberíamos sentir tanta presión de impresionar a Dios o la gente?

Con Dios, no somos amados por nuestra reputación; Somos amados por nuestra relación. 

Podemos vivir más allá de la aprobación del mundo porque vivimos de la afirmación de Dios. El verdadero remedio para los sentimientos de rechazo:

  • No es a través de la usar máscaras, sino a través de recibir la obra que Cristo ya ha realizado por mí.
  • Es a través de saber que no tengo que proyectar una imagen de perfección sino que, en cambio, tengo que tomar la imagen de Cristo.
  • Tampoco tengo que ocultar mis defectos. Incluso el cuerpo glorificado de Jesús tenía cicatrices, entonces ¿por qué intentaría ocultar las mías con las coberturas superficiales de estatus, salario o éxito?

Con Cristo, podemos ser aceptados, porque Dios nos conoce y nos ama. Si estás dispuesto a dejar las apariencias y a ser realmente conocido, entonces has entendido el Evangelio. 

Tal vez si todos fuéramos honestos acerca de nuestros problemas, la honestidad no se sería algo raro. Después de todo, Jesús no murió por la imagen que proyectamos. Jesús murió por lo que realmente somos.

Es tiempo de mirar alrededor de la habitación, debajo de la cruz, viéndonos unos a otros y escuchando a Jesús terminar esta declaración: “Si realmente me conocieras, sabrías que no estás solo”.

Esta semana, si en algún momento te sientes rechazado, no suprimas el dolor o te pongas una máscara. Corre a los pies de la Cruz de Cristo, siéntate en la mesa con tu padre celestial.

¿Alguna vez te has sentido rechazado? ¿Cómo reaccionaste?


Basado en el plan de lectura Known, de Tauren Wells.

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Nuevos lentes espirituales

Qué difícil es ver a Dios cuando todo lo que ves son tus problemas y necesidades, ambiciones y ansiedades, etc.

Cuando yo conocí a Cristo, el pastor Dante Gebel ya era súper famoso. Él hacía un show de radio que me gustaba mucho. En ese show Dante hacía parodias y predicaba. 

Dante vino a República Dominicana hace varios años. Una amiga mía estaba encargada de la organización del evento, y yo tuve la oportunidad de trabajar con ella. Yo no lo hice por el dinero solamente, sino porque quería conocer a Dante Gebel. 

Yo trabajaba en el área de seguridad y podía entrar a los camerinos. Eso tenía una ventaja, verdad. Pero cuando fui al camerino, Dante no estaba ahí. Entonces salí y fui a la tarima. Cuando iba llegando al final del pasillo, Dante estaba esperando allí. Sin pensarlo dos veces le di la mano y me sorprendí porque pensé que él era más pequeño. 

Ahora, si eres como yo seguramente hay una persona famosa que quieres conocer. 

La mayoría de la gente siempre quiere ver a alguien famoso. Hay personas que pagan grandes cantidades de dinero para ir al concierto de su artista favorito. El sueño de muchos fanáticos  es conseguir un autógrafo. Quizás tú has soñado toda tu vida con tomarte un selfie con Michael Jordan o Amelia Vega.

Si una persona es capaz de hacer lo que sea para ver a alguien famoso, ¿por qué será que la mayoría de la gente ni siquiera sueña o piensa en  la idea de ver a Dios? 

Será porque nadie ha visto a Dios realmente, pues Dios es espíritu. O será porque para ver a Dios realmente hay que morir primero. Y casi nadie quiere morir. Dios declaró a Moisés que nadie podría verle y seguir vivo. Isaias temió por su vida cuando vio una visión de Dios. Los serafines se tapan los ojos con sus alas para no ver al Señor.

El otro día escuché a un sacerdote satanista explicar que él no tiene fe, no cree en un dios, no cree en la vida después de la muerte, solo cree en sí mismo. Él es su propio dios, y no tiene que dar cuentas a nadie. Esa es la realidad de muchas personas. 

Muchos de nosotros no vemos ni queremos ver a Dios:

  • Porque sabemos el precio que tendremos que pagar.
  • Porque estamos demasiado entretenidos viendo otras cosas en el mundo. 
  • Porque estamos más interesados en nosotros mismos. Es decir, no vemos a Dios porque hay otras cosas que nos interesan más.
  • Porque hay mentiras que decimos, pensamientos y sentimientos que tenemos, que nadie más, excepto Dios y nosotros conocemos. 
  • Porque tenemos miedo de ser juzgados por alguien que no podemos juzgar.
  • Porque sabes que cuando veamos a Dios no podremos seguir siendo la misma persona.

Es difícil ver a Dios cuando todo lo que ves es a ti mismo. Cuando estamos demasiado enfocados en nosotros mismos, nuestros problemas y necesidades, ambiciones, etc.

Yo he visto en varias películas que se puede escribir un mensaje con tinta invisible. En realidad, la tinta no es invisible, pero necesitas un tipo de luz especial para revelar lo que está escrito. Así mismo podemos ver a Dios si utilizamos la luz correcta.

Si tú quieres ver a Dios, pero no sabes cómo, tengo noticias para ti: Aunque no puedes ver a Dios físicamente todavía, si puedes ver a Dios a tu alrededor, en la naturaleza y otras personas (porque fuimos creados a su imagen).

Jesús dice:

“Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.”

Mateo 5:8 NVI

Este es pasaje explica cómo podemos ver a Dios. 

La ley judía prohibía que alguien impuro pudiera entrar al templo (el templo es el lugar donde los seres humanos se encuentra con Dios). Aun así, la ley daba esperanzas a los judíos. Si ellos eran limpios completamente, finalmente verían a Dios. 

Pero, ¿Cuándo somos limpios completamente? ¿Cuál es el estándar de limpieza que tengo? ¿Está definido por la cultura o por la opinión de la gente, o cualquier otra cosa que no sea la Palabra de Dios?

Muchas veces podemos pensar que somos limpios comparándonos con algo más sucio que nosotros. Si examino mi corazón, a veces encuentro miedo, lujuria, vergüenza, ira y muchas cosas más.

Podemos pensar que tenemos un corazón limpio fijándonos en las apariencias. Pero eso sería como decir que un vaso está limpio por dentro porque parece estar limpio por fuera.

No podemos ver a Dios físicamente, todavía. Pero los que tienen el corazón limpio pueden ver a Dios espiritualmente, cada día. 

Katie y yo íbamos para Nashville el verano pasado. Salimos temprano desde Virginia. El viaje era de 9 horas, más o menos. Yo iba manejando cuando comenzó a llover… era una lluvia torrencial, que no dejaba ver muy bien. Pero gracias a que el vehículo tiene un parabrisas, podemos usar el limpia vidrios y “limpiar” el agua. Si quieres ver a Dios necesitas dejar que Su palabra limpie tu corazón. 

Jesús dice que nadie ha visto al Padre, sino el Hijo y a quien él quiera revelarlo. Jesús nos revela al Padre a través de la Cruz. La cruz es la expresión del amor y la justicia de Dios. Es por medio de la Cruz que podemos tener una idea clara de quién es el Padre. Es la cruz la que nos permite soñar con un corazón limpio. 

Dios siempre provee para lo que él demanda. Si el demanda que tengamos un corazón limpio para poder verlo, él proveerá para que tengamos un corazón limpio. En otras palabras, un corazón limpio viene de Dios. 

Así como David escribió:

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.”

Salmos 51:10 LBLA

Así también podemos pedirle a Dios un nuevo corazón que nos permita verle. Imagínate como sería tu familia si todos recibieran el perdón de Dios y estuvieran dispuestos a perdonarse mutuamente. Imagínate como sería un país donde no tengas miedo a que te atraquen porque la avaricia de los políticos y empresarios no explotan a los pobres, obligándolos a robar para conseguir comida. Imagínate como sería tu vida si pudieras ver a Dios cada día.

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El amor confronta

Grandes problemas son problemas pequeños que no fueron resueltos a tiempo y han crecido. Los conflictos interpersonales que no son sanados a tiempo y en privado, se convierten en un foco de contaminación para toda la comunidad.

Una de las facetas del amor, que resulta más contradictorias al sentido común, es la habilidad de producir conflictos. El amor real se alimenta de la voluntad y donde hay voluntad siempre habrán enfrentamientos. Es por amor que deseamos el bienestar de otra persona, aunque esa persona piense que estamos cohibiendo su libertad. 

Katie y yo íbamos manejando hacia North Carolina la semana pasada. Dos horas antes de llegar a nuestro destino recibimos una llamada de mis suegros. Estábamos hablando sobre el viaje y mi suegro me preguntó por cuál ruta el GPS nos dirigía. Le respondí y él se sorprendió, pues esa ruta incluía una carretera peligrosa de noche. Gracias a esa conversación encontramos un mejor camino y llegamos bien al lugar que íbamos.

La mayor prueba de amor que puedes dar a alguien que amas es decirle la verdad. Aunque la verdad confronta y duele también trae salud. Claro esta, hay ocasiones donde nos dicen la verdad para lastimarnos y no para ayudarnos. Quizás has tenido malas experiencias con algún familiar o amigo cercano y por esa razón prefieres evitar roces innecesarios. Eso no tiene que ser así. El truco es saber cómo podemos comunicar algo difícil de la manera más efectiva. 

Jesús enseña que el amor perdona y confronta la ofensa al mismo tiempo. El siguiente pasaje es sobre el perdón y la restauración de un hermano que falla, pues el amor no teme entrar en conflictos. 

»Si tu hermano peca , ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano. Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que toda palabra sea confirmada por boca de dos o tres testigos. Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos. ‘

Mateo 18:15-17 NBLA

Jesús comienza esta sección con una posibilidad… diciendo “si tu hermano”. Yo hubiese dicho “cuando tu hermano” porque se que en toda relación interpersonal siempre habrá conflictos. ¿Sería posible pensar que Jesús está preparándonos para manejar desacuerdos con otras personas? ¿Será que podemos nuestros hermanos, aquellos que amamos y nos aman, pueden lastimarnos? ¿Qué debemos hacer en esas circunstancias?

1. Ve y repréndelo a solas

Si alguien te ofende, toma la iniciativa para restaurar la relación. Algunos deciden buscar venganza. Otros prefieren guardar rencor. Dios no hace eso. Antes de abandonarte a las consecuencias de tus errores, primero se acerca a ti y te hace ver tus faltas.

Adán traicionó la confianza del Creador y luego, ¿qué pasó? Dios llamó a Adán y le preguntó dónde estaba. ¿Será que Dios no sabía dónde estaba Adán? ¡Por supuesto que sí! Dios sabe dónde estás y qué estás haciendo. Si él te llama y pregunta qué haces, es porque quiere arreglar las cosas contigo.

Reprender es corregir o amonestar a alguien que ha hecho algo malo. Aunque esta palabra tiene un tono brusco, demuestra que en ocasiones las personas no cambian o recobran su sano juicio al menos que sean confrontadas de la manera correcta. 

La gente no odia el cambio sino la manera en que tiene que cambiar.

¿Cuántos jóvenes estarían viviendo de forma distinta si sus padres o amigos los hubieran reprendido a solas y no en frente de otras personas? ¿Cuántos matrimonios estarían firmes si tuvieran una cultura de confrontación saludable? ¿Cuántos problemas te habrías ahorrado en tu vida si tuvieras un hermano que te hiciera ver tus faltas de manera privada?

Si ves que tu hermano está en falta, habla con él en privado. Si ves que te ofende y no se dio cuenta, habla con él en privado. Si ves que alguien a quién amas y te importa está a punto de hacer algo malo, habla con él en privado. 

No pienses que el amor es ciego y que debe aceptarlo todo. El amor verdadero protege del peligro. El amor verdadero no huye de los conflictos. El amor verdadero difiere cuando la verdad es abusada. La tolerancia y el amor también se expresan con la corrección.

Confrontar el mal o alguien que está en peligro es una muestra de amor real, porque de esa manera es cómo se gana un hermano. 

La meta de la corrección es ayudar a esas personas que amamos sin participar de sus malas decisiones. Yo debo ayudar a mi hermano a ser restaurado, manteniendo una actitud humilde pues yo también soy vulnerable (Galatas 6:1).

Mira lo que dice Levítico 19:17-18 NVI.

‘»No alimentes odios secretos contra tu hermano, sino reprende con franqueza a tu prójimo para que no sufras las consecuencias de su pecado. »No seas vengativo con tu prójimo, ni le guardes rencor. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor . ‘

Pero si tu hermano todavía no te hace caso,

2. Intentalo de nuevo

Jesús sabe que somos tercos y duros de corazón. Él sabe que yo no quiero cambiar y reconocer mis faltas fácilmente. Él sabe que necesito motivación extra para reconciliarme con mi hermano o con él. Por eso si me niego a cambiar cuando me corrige en privado, entonces soy forzado a lidiar con otras personas que no estaban involucradas en el conflicto.

La presión de grupo ejerce una fuerza psicológica sobre mí. Algunos tratan de evitar escándalos para mantener su estatus social. Yo pienso que es una pena enfrentar la vergüenza pública. La opinión de otros tiene un efecto interesante entre mi hermano y yo. Es el efecto del testimonio.

El testimonio de dos o más personas servía como prueba o evidencia de la falta. Este mecanismo ayudaba a comprobar la veracidad de algo. En el antiguo Israel, una persona podía morir si dos testigos le acusaban de homicidio (Numeros 35:30). Una sola persona podía mentir, pero dos testigos podían contradecirse entre sí cuando testificaran ante los jueces (Deuteronomio 19:15). La idea era y es que un colectivo decidiera la solución de los enfrentamientos interpersonales y extirpara el mal en medio del pueblo, así como un grupo de médicos operan un tumor del cuerpo de un paciente.

Si alguien te ofende y buscas resolver el problema en privado, el problema queda entre ustedes. Si otras personas son involucradas en la solución de ese problema, ahora hay testigos y la falta de tu hermano es un asunto público. 

Esto parecería algo tedioso, antipático o rencoroso pero no lo es. Grandes problemas son problemas pequeños que no fueron resueltos a tiempo y han crecido. Los conflictos interpersonales que no son sanados a tiempo y en privado, se convierten en un foco de contaminación para toda la comunidad. 

Sanar una enfermedad a tiempo es un acto de amor real. Aunque el tratamiento duele, molesta y cuesta, al final hay alivio y salud.

¿Qué debo hacer si mi hermano no me hace caso? ¿Qué hago si ignora las consecuencias y advertencias de la comunidad? ¿Qué pasa si mi hermano sigue haciendo lo mismo, una y otra vez…?

En ese caso no hay más remedio. Dios no quiere que yo abuse de mi hermano o que otros abusen de mi persona indefinidamente. Llega un punto donde debo separarme para evitar el maltrato. 

Jesús dice: “trátalo como al gentil y el recaudador de impuestos”… estos individuos eran excluidos de la comunidad religiosa judía. Algunos eran considerados enemigos. La idea es que debo apartarme de aquellos que buscan dividir el cuerpo de Cristo (Romanos 16:17).

No temas confrontar, diferir o corregir alguien que amas, porque el amor de Dios NO es indulgente. Cristo no es débil o condescendiente. Él es el SEÑOR. Es decir, el que manda (2 Corintios 13:2).

Si eres el que ha ofendido a tu hermano, evita ser abandonado a tus errores. Acepta la corrección y reconoce que:

»Las heridas de un amigo sincero son mejores que muchos besos de un enemigo.»

Proverbios 27:6 NVI

Acepta el desafío a imitar la actitud de Cristo.

»No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. »

Filipenses 2:3-8

Confrontar, diferir o corregir a las personas que amas no es ni será fácil. Esta tarea requiere humildad, paciencia e inteligencia. La clave para hacerlo bien consiste en desarrollar una actitud correcta. Pensar que tienes una oportunidad de ganar a tu hermano, ayudándole a ver algo que quizás él no vea por sí mismo. 

¡Tú puedes librar a los que amas del peligro! 


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