Tres características en cada relación saludable

Para nadie es un secreto que nuestras relaciones familiares, románticas, profesionales y demás pueden ser complicadas.

Desde que nacemos hasta que partimos a nuestro destino eterno, la probabilidad de que estemos relacionados a otra persona son absolutas. De hecho, la mayoría de nosotros define quienes somos en base a nuestros roles en una relación. Somos hijos, hermanos, padres, esposos, y así por el estilo. Hasta en la posición laboral que desempeñamos, estamos en contacto con clientes, compañeros de trabajo, supervisores, accionistas y otros. Lo admitamos o no, nadie es una isla.

El problema es que nuestras relaciones familiares, románticas, profesionales y demás pueden ser complicadas. Por eso es necesario que aprendamos a desarrollar características básicas para tener relaciones saludables. Aquí te sugiero tres, pero pueden ser más. Si deseas, déjame saber en los comentarios cuál característica también debería incluir.

Amor 

Espero que esto no sea sorpresa para nadie. El amor es el vinculo perfecto en cualquier tipo de relación. Aunque los griegos usaban diferentes palabras para expresar varios tipos de afecto, pienso que nosotros hemos hecho lo contrario. Me refiero a que usamos la palabra «amor» como una mochila llena de muchos papeles y cosas distintas.

El significado del amor ha sido distorsionado. Algunos creen que amar es aceptar sin condiciones, aprobar el comportamiento y las creencias de otras personas sin discriminación o criterio alguno. Otros usan el amor como un arma para justificar sus agendas políticas y sociales. Para ellos, amar es sinónimo de tolerancia pero son intolerantes si no apruebas, afirmas y promueves sus ideologías. Para muchos más, amar es sentir pasión por algo o alguien. Esa pasión debe ser alentada y celebrada sin importar cuál es el objeto o la persona «amada». Todo en nombre del amor, porque el amor es lo más importante, el amor gana, ¿verdad?

Ahora bien, ¿sería posible amar a una persona y no estar de acuerdo con sus ideas, sentimientos y modo de vida? ¿Será que el amor es ciego? ¿Se puede amar con discreción? ¿Hay lugar para amar y corregir al mismo tiempo? Yo creo que sí.

Amar es desear el bienestar de otra persona por el cariño, afecto y aprecio que sentimos. El amor es un sentimiento y también es acción. El que ama construye un puente entre las diferencias que lo separan de la otra persona. El amor es un compromiso y la base para la confianza mutua, pues el que ama es leal y fiel. En una relación saludable no existe la independencia sino interdependencia.

Nada puede compararse con la seguridad que siente una persona amada. En una relación saludable no necesitamos huir del conflicto y los desacuerdos porque sabemos que estamos buscando el bien común. Tenemos una convicción de que la otra persona me quiere ayudar porque me ama. Si le escribo un mensaje de texto y no me responde de una vez, no pienso lo peor sino que confío y doy espacio.

Admito que amar es difícil porque el amor requiere sacrificios. Por eso necesitamos la ayuda de Dios, porque Dios es amor. Sin Dios, el amor es una ilusión egoísta. En otras palabras, una relación sin amor es simplemente un negocio.

El amor es la característica principal en una relación saludable, porque el amor es la clave para soportar el sufrimiento por mucho tiempo, sin caer en conmiseración o manipulación. Para amar necesitamos decir la verdad con amabilidad. Decir la verdad duele y es por eso que evitamos hacerlo.

Respeto 

La segunda característica de una relación saludable es el respeto a la individualidad de otra persona. Saber donde comienza y donde termina mi responsabilidad o mi derecho es vital para la convivencia pacífica con otra gente. El respeto a la opinión, el tiempo y espacio individual de otros es crucial.

Las redes sociales han hecho posible que expresemos nuestras opiniones. Sin embargo, las opiniones pueden convertirse en juicios y veredictos en contra de algo o alguien, causando conflictos con personas que piensan y opinan diferente. Seguro has visto los «debates» en Twitter o Facebook sobre una película, un evento reciente o la canción del momento. Tenemos opiniones sobre todo y eso no es malo. El problema es cuando ofendemos a otros que tienen criterios distintos.

A mi parecer, una relación saludable es marcada por el respeto a las ideas contrarias de los demás. Yo pienso de una manera distinta a mi esposa en algunos tópicos y eso no impide que nos hablemos respetuosamente. Yo veo opiniones en las redes sociales que, según mis convicciones, están equivocadas. ¿Debería atacar a otras personas por pensar así? ¿Debería insultarlos y mofar sus ideas públicamente? No creo. Eso no produciría nada bueno o provechoso. Además, las opiniones cambian y no vale la pena «debatir» en internet sobre disparates que dejaran de ser relevantes en un par de horas.

Y hablando de horas, otro rasgo importante en una relación saludable es el respeto al tiempo ajeno. A medida que envejezco reconozco que llegar temprano a un lugar y no hacer esperar a los demás ayuda a mantener una buena relación. Aunque en mi querida Rep. Dominicana eso es algo común, aquí en EEUU es un comportamiento irrespetuoso. El tiempo es el activo más valioso para mucha gente y si no respetamos eso, entonces no estamos valorando nuestras relaciones.

Otra cosa que debemos valorar es el espacio individual de otra persona. Es decir, yo debo comprender que me pertenece y que no me pertenece. Ocupar o usar lo ajeno sin permiso es una provocación innecesaria. ¿Cómo te sentirías si yo visito tu casa, entro a la ducha, uso tu toalla y me cepillo los dientes con tus cosas? Imagino que al menos pensarías que he sido un atrevido y que he invadido, violado e irrespetado tus pertenencias.

El respeto al espacio de otras personas también significa respetar la privacidad del otro. Todos los secretos no se dicen a todo el mundo. Si alguien no quiere contarnos algo, es imprudente forzar una confesión involuntaria. Por eso, no revises teléfonos celulares ajeno ni molestes más de lo que sea necesario.

Muchos problemas que tenemos hoy en nuestra sociedad podrían solucionarse si respetamos a los demás, en especial si honramos a Dios y obedecemos su palabra. Creo que ese es el problema principal. Si no sometemos nuestra vida a Cristo y acatamos sus mandamientos, no vamos a respetar al agente de transito o al gerente de la oficina. Sin temor de Dios no hay sabiduría.

Comunicación 

Por último pero no menos importante, la tercera característica de una relación saludable es la comunicación abierta y constante. A lo mejor tú has experimentado conflictos interpersonales con un miembro de tu familia, amigo o colega. Todo comenzó por un pequeño mal entendido que escaló hasta convertirse en un lio grande. Algo insignificante te molestó y se convirtió en una ofensa mayor. La otra persona se sintió mal por algo que dijiste o no dijiste, pero no te lo dijo tampoco. Alguien alzó la voz en una discusión y te llenaste de rencor. Créeme, yo sé de lo que hablo. Es por eso que la comunicación es vital para una relación saludable.

Como dice el refrán, «hablando la gente se entiende». Creo que uno de los mayores avances de la raza humana es la capacidad de expresar y entender lenguajes. Las palabras, gestos y sonidos o imágenes que usamos para enviar un mensaje a otra persona, son herramientas para construir relaciones. 

Me atrevo a decir que nadie puede tener una relación con otra persona si no hay una comunicación bilateral entre ellas. ¿Recuerdas como te sientes cuando ven tus mensajes y no te responden? Entonces no lo hagas tú tampoco. De igual manera, puedo asegurarte que nadie puede tener una relación saludable sin una comunicación efectiva. 

Muchos de mis problemas con mi papá surgieron porque no supe comunicarle mis planes o pensamientos de la manera adecuada. Algunas relaciones amorosas que tuve se rompieron por falta de comunicación. Mi vida cambió cuando aprendí a comunicarme mejor con otras personas. 

La comunicación es el vehículo para la comprensión y el trabajo en equipo. De hecho, comunicar y relacionar son sinónimos. La gente suele conversar para relacionarse con otros. ¿No crees que vale la pena el esfuerzo de mejorar tus habilidades de expresión y atención? Porque saber hablar y saber escuchar bien son dos caras de la misma moneda. Quizás conoces a un amigo que habla mucho pero no presta sus oídos a lo que dices. ¿Cómo te sientes al hablar con esa persona?

Si quieres mejorar tu comunicación, haz preguntas para aclarar lo que entiendes. Ofrece retroalimentación y afirma lo que has oido. La comunicación autentica se basa en la compresión mutua. 

Estas son algunas características de una relación saludable. No es una lista exhaustiva pero sí pienso que es básica. En mi opinión (y espero que la respetes), no hay forma de convivir con otros sin amor, respeto y comunicación. 


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