Dos palomas besuqueandose.

En serio las vi. Estaban sobre el borde de una acera en la Av. Jimenez Moya, hoy miércoles 1ro de Febrero 2012, alrededor de las 5.30 de la tarde. El cielo estaba parcialmente nublado y yo salía de una reunión del trabajo matizada con tono un poco gris, debido a resultados no esperados. Por eso salimos un poco mas tarde de lo acostumbrado. Sin embargo, de no ser así no hubiese visto tal espectáculo.

Aquello me hizo pensar que realmente, a los que aman a Dios todo le ayuda para bien; porque es como si todo estuviera previamente planificado, de modo que a lo largo de la vida uno se encuentra con momentos dulces y agrios, con días soleados y lluviosos, con carros blancos, negros y de otros colores, y claro también con palomas besuqueandose y otros eventos peculiares. Solo hay que detenerse a mirar, a oír, a respirar, a vivir; pues uno nunca sabe todo lo que puede pasar al doblar de la esquina cuando sales de trabajar.

El diluvio.

El cielo estaba cayendose afuera. Truenos, relámpagos y ríos de agua inundaban el centro de Sto. Dgo. Yo, dentro de un autobús leía con gran interés una revista literaria; apreciando los detalles, el texto, la diagramacion y las imágenes. Viajaba hacia la UASD en medio de un diluvio. “Gracias a Dios que estoy aquí” pensé.

A mi lado estaba un joven disfrutando de buena música en su IPhone. Me imagine que era buena por los gestos que hacia, como si estuviera tocando una batería imaginaria, y después un bajo y después cantaba. El pana estaba regalandome un concierto. Cualquiera pensaría que era un músico frustrado, de esos que hay por ahi, pero como el no pensó lo mismo de mi cuando yo escribía en mi cel, yo tampoco debía ponerle una etiqueta. Realmente, en tierra de locos nadie puede acusar a nadie de ser cuerdo. Y quien sabe, quizás mañana yo vaya a uno de sus conciertos y el, por su parte, lea uno de mis libros.