Lo que está pasando en República Dominicana

Lo que está pasando en República Dominicana es lo mismo que está pasando en muchas partes del mundo…

Leyendo las noticias sobre mi querida patria no pude contener mi preocupación y curiosidad. Es obvio que cuando un pez está en el agua, no se da cuenta que está mojado. Por eso, ahora que estoy forzado a mirar mi cultura y sociedad desde la distancia, tengo que preguntarme qué rayos está pasando en mi país. 

En este artículo no mencionaré cifras ni estadísticas, aunque pudiera hacerlo si quisiera. No lo haré porque cada mujer asesinada por un hombre machista me duele igual que 100. No lo haré porque los millones gastados en cada campaña electoral no representan nada cuando los comparamos con el sueldo mínimo de mucha gente. No usare cifras ni estadísticas porque al fin y al cabo, la mayoría de nosotros no las entendemos y a muchos no le importa que no las entendamos.

Lo que está pasando en República Dominicana es lo mismo que está pasando en muchas partes del mundo. Algunas industrias crecen y otras dejan de existir. Los indicadores macroeconómicos sugieren qué hay prosperidad cuando en realidad hay una tremenda brecha de desigualdad e injusticia social. Las autoridades gubernamentales buscan mantenerse en el poder mientras la posición cobra fuerza alimentándose del sentimiento de furia en la población, como un fuego que consume un bosque. La sociedad convulsiona ante el horror de adolescentes y adultos masculinos abusando, violando, maltratando y desgarrando a niñas y mujeres. Lo que está pasando en República Dominicana está pasando en muchas otras partes del mundo.

Como siempre, tenemos la tentación y osadía de buscar culpables. Queremos saber cuál es la causa de nuestra miseria, para tal vez no imaginar de que forma aliviaremos los efectos de nuestros malestares. Algunos culpamos al gobierno, a la prensa amarillista, a los cantantes; otros a las iglesias, las escuelas, etc. Otros decimos que la pobreza es la culpable de tantos males (aunque yo diría que la pobreza es el síntoma, no la enfermedad. Realmente la raíz de todos los males es el amor al dinero, y esto es lo que muchos pensamos que es la solución).

Ahora bien, dicen que la pobreza es un problema estructural, no económico. La pobreza encuentra su columna vertebral en una mentalidad de escasez y no en la falta de finanzas. Ser pobre es querer algo que no se tiene y pensar que no se tienen los recursos para alcanzarlos, pues el rico no es el que más tiene sino el que menos necesita.

Sin embargo, sobran los hogares dominicanos con muchas necesidades y poco dinero. Cientos de miles de hogares sin oportunidades de libertad financiera porque quizás los padres no tienen empleo, y si los tienen, los salarios no bastan para cubrir los costos básicos de la vivienda. En estos hogares, los padres tienen que forzar para estirar el peso, no hay un presupuesto pues lo único que se puede presuponer es que al final de la quincena habrá que buscar prestado o rogar que salgan los números jugados en la lotería. 

Pero hay hogares donde no están los dos padres, o los niños viven con los abuelos. Aquí los niños no tienen un modelo claro de autoridad y confianza. También hay hogares de niños huérfanos con padres vivos, padres que quizás pasan más tiempo trabajando que en el hogar o padres que salen del trabajo y van al gimnasio, la iglesia o el colmadon para aliviar sus penas. En estos hogares los niños son criados por la televisión o las redes sociales, por los influencers y los artistas del momento. 

En Rep. Dominicana estamos cosechando las consecuencias de nuestras acciones. Hablamos mucho de doble moral, yo prefiero pensar en la falta de responsabilidad y disciplina necesaria para hacer que las cosas funcionen. La principal causa de nuestros problemas no es la política ni la corrupción, no es la delincuencia o el desempleo, sino la falta de educación ética y moral que nos enseña a respetar el derecho ajeno. Por eso tenemos tendencia de culpar al vecino por algo que nos afecta a todos, “a meternos a la mala” en la fila, a quitar al otro “para ponerme yo”. Solo hace falta salir a la calle y tratar de cruzar una intersección donde no hay semáforo o el mismo está dañado. Todos queremos cruzar primero, o ¿no?

¿Cuál es la solución a estos problemas y muchos más que no mencioné? La solución es nacer de nuevo; arrepentirnos de ser egoístas e irresponsables, parar entonces recibir la ayuda del Señor Jesucristo y ser ayuda a otros. Necesitamos honrar a Dios con nuestras obras, no solamente con nuestros labios. La mayoría de los dominicanos decimos creer en Dios, pero vivimos y actuamos como si él no existiera. A veces somos ladrones pidiéndole que nos ayude a robar. Otras veces imaginamos que Dios es un resguardo, una especie de guardián celestial que trabaja para nuestros propios intereses, un genio mágico que nos concede deseos si vamos a la iglesia. 

You know, si somos honestos admitiremos que nadie es más hipócrita que la persona que vemos en el espejo. Los cristianos somos famosos por orar, creer y proclamar “un avivamiento”, pero con frecuencia lo que buscamos es una manifestación del Espíritu Santo que nos haga sentir bien. Un avivamiento es dar vida, es como la lluvia sobre la tierra partida por una sequía, es energía transformadora para mi espíritu que afecta positivamente a mi familia, a mi comunidad y país; un avivamiento es un fruto digno del arrepentimiento sincero, de los cambios en mi estilo de vida, en mis hábitos y la manera de tratar. Un avivamiento es vivir de acuerdo a la Palabra de Dios.

Pero ¿cómo podremos obedecer la Palabra del Señor si no la escuchamos claramente, si no la entendemos ni anhelamos hacerlo? Creo que somos parecidos al pueblo de Israel en la base del Monte Sinaí, pidiéndole a los Moisés modernos que oren por nosotros y que hablen con Dios en representación nuestra porque si Dios nos habla directamente, moriremos. ¡Por supuesto que moriremos! El Espíritu Santo usará Su palabra para matar nuestro pecado, para destruir nuestros ídolos. A pocos nos gustaría eso. Muchos deseamos seguir postrados en adoración a nuestros pseudo dioses que nos prometen poder, placer o seguridad, porque tenemos la ilusión de que podemos controlarlos. Sabemos que nos mienten y que en realidad ellos nos controlan a nosotros, mas parece que estamos sedados e incapaces de liberarnos de sus trampas, pues es más divertido adorarse a uno mismo que pagar el precio de negarse a uno mismo y seguir a Jesucristo.

Lo que está pasando en República Dominicana es lo mismo que está pasando en muchas partes del mundo. Estamos viviendo en un desierto y tratando de entrar a la tierra prometida, pero al mismo ignorando a la voz que clama diciendo: “preparen el camino del Señor”. ¿Será que tenemos miedo a acercarnos a Dios? ¿Hasta cuándo seguiremos deambulando y quejándonos? ¿Dónde están los líderes que Dios ha llamado a guiar a su pueblo a un lugar de descanso en Jesucristo? 


Special thanks to Ty Lagalo, Trailkick.

Mi “programa de actualización” para eliminar el machismo de mi alma

Imagen cortesía de blogs.scientificamerican.com

El cerebro humano es como una súper computadora. Es capaz de procesar y almacenar información desde nuestra concepción. Los billones de neuronas que conforman nuestro cerebro se entrelazan y responden a estímulos eléctricos, ayudando a nuestro cuerpo a funcionar correctamente.

El cerebro se desarrolla con el tiempo. Las costumbres e ideas que aprendemos se convierten en nuestra bases de datos. La repetición de esta información es asimilada e integrada en nuestro “sistema operativo”. ¿Qué pasa cuando está información es corrupta? Te doy una pista: pasa lo mismo que cuando un virus informático ingresa a tu computadora. El sistema comienza a fallar.

El virus del machismo es súper antiguo. Su forma ha mutado con los años pero su forma de operar y las consecuencias que lo acompañan siguen siendo las mismas. En Latinoamérica hablamos del “hombre macho masculino” para referirnos a individuo que actúa de forma orgullosa y galán, pero a veces también violenta e irresponsablemente. Él es incapaz de ser fiel a su esposa, si es que algún día se casa, porque prefiere dar riendas sueltas a sus apetitos sexuales. Estas y muchas otras acciones son rasgos de un comportamiento infantil; son realmente ridículas e inmaduras.

Las consecuencias de estas acciones son catastróficas. El nivel de violencia intrafamiliar en República Dominicana es alarmante. Las cifras de mujeres maltratadas física y verbalmente son desconocidas, porque nuestra sociedad está acostumbrada a estos “machos”. Lo que sí sabemos es el número de mujeres y niños asesinados por hombres afectados por este virus. Un artículo publicado en el periódico El Día menciona que en 13 años han ocurrido más de 1,200 feminicidios en nuestro país.

Este problema es es complejo y milenario. Es difícil encontrar una familia dominicana que no sepa a lo que me refiero. Yo no pretendo ser un experto en el tema, pero reconozco patrones machistas en mi conducta y en otros parientes míos. Por eso, este año 2019 seguiré el consejo del Dr. Stephen Mansfield.

Así como los sistemas operativos de las computadoras necesitan un “update” periódicamente, yo también voy a diseñar mi propio programa de actualización para mi cerebro. Voy a asegurarme de que mi versión de la masculinidad sea verdadera y pura, agradable a mi Creador. No voy a permitir que sea una mera imitación sino que cumpla con los requisitos y propósitos que Dios me dio.

Primero, voy a alimentar mi alma con una visión masculina basada en los principios divinos.

Segundo, voy a cultivar una relación más cercana con mi Señor Jesucristo.

Tercero, voy a desarrollar una devoción interna hacia las verdaderas virtudes varoniles.

Cuarto, voy a mantenerme inspirado a vivir como un hombre varonil. Aquí cómo: leyendo, viendo, memorizando y aplicando libros, poemas, películas, lecciones que me harán un hombre excepcional.

Finalmente, voy a formar una coalición estratégica con amigos que compartan esta visión de verdadera masculinidad, recibiendo y dando mentoría a otros hombres.

Si te interesa actualizar tu sistema, acompáñame. ¡Vamos!

#GreatManChallenge