Cómo medir tu crecimiento espiritual

Si estamos acostumbrados a medir cosas como el tiempo, el espacio, el dinero, los años de vida de una persona, etc… ¿Qué cosas miden nuestra madurez en Cristo?

Katie y yo estábamos pensando en arreglar varias cosas en la casa para utilizar mejor el espacio de nuestro apartamento. Aunque tenemos acceso a trabajar en la oficina, también trabajamos desde la casa. Por ejemplo, estuvimos buscando en Amazon una mesita para colocar la impresora. Cuando compras por internet necesitas saber las medidas de los muebles que quieres. Ahi es donde una cinta de medir vale mucho.

Medir cosas es importante cuando queremos aprovechar bien los espacios o el tiempo. Pero también las medidas sirven para ver si algo está creciendo o no. Cuando yo practicaba beisbol mis entrenadores median mi estatura de vez en cuando.

Entonces, si estamos acostumbrados a medir cosas como el tiempo, el espacio, el dinero, los años de vida de una persona, etc… ¿Qué cosas miden nuestra madurez en Cristo?

Afortunadamente, los apóstoles de Jesús utilizaban tres atributos para medir nuestra madurez en Cristo. Más que los registros de asistencia o cuántos dones espirituales tenia una iglesia, ellos median la fe, el amor y la esperanza.

‘Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes cuando los mencionamos en nuestras oraciones. Los recordamos constantemente delante de nuestro Dios y Padre a causa de la obra realizada por su fe, el trabajo motivado por su amor, y la constancia sostenida por su esperanza en nuestro Señor Jesucristo. ‘

1 Tesalonicenses 1: 2-3 NVI

El Apóstol Pablo escribió esta carta para expresar su felicidad por la fe, el amor y la esperanza firme de los discípulos en Tesalónica. Pablo fundó esta iglesia en su segundo viaje misionero pero tuvo que irse de esta ciudad porque algunos maestros judíos lo persiguieron hostilmente.

Esta es una de las primeras cartas escritas en el Nuevo Testamento y contiene enseñanzas clave para crecer espiritualmente. En esta ocasión, pidamos al Espíritu Santo que nos muestre cómo nos va en el primero de esos tres atributos que leímos. Hablemos de la obras producidas por fe.

¿Qué hay dentro de ti?

Una vez visité un supermercado para comprar un jugo. Encontré un jugo de naranja y mandarinas que decía 100% natural. Había una foto de una naranja derramando su jugo. Se veía deliciosa y refrescante.

Pero luego leí en la esquina inferior de la etiqueta, en letras pequeñas y fáciles de pasar por alto, las siguientes palabras: “Mezcla saborizada de jugo de un concentrado”. 

La lista de ingredientes era: «agua suficiente para reconstituir el jugo concentrado de pera, naranja, manzana y/o mandarina, sabores naturales y acido citrico». 

Por ley, los ingredientes en un producto se enumeran en orden descendente de peso. Eso significa que un producto contiene la mayor proporción del primer ingrediente de la lista y, sucesivamente, menos de los que están más abajo. Entonces, de acuerdo con esta lista, la botella en mi mano contenía principalmente agua y azúcar, con suficiente jugo para darle sabor y color.

Las etiquetas atractivas son señuelos para vender un producto diluido y aromatizado, disfrazado de manera convincente para que pareciera algo que no era.

Ahora, ¿qué pasaría si tuviera una lista de ingredientes impresa? ¿Sería Jesús el ingrediente principal? Si no, ¿qué tan abajo estaría en la lista? ¿La etiqueta [que todos ven] representaría con precisión mi contenido? ¿O proyectaría falsamente una apariencia exterior engañosa que enmascara inteligentemente los ingredientes diluidos que hay en mi? [¿Soy] con sabor a Jesús [o] lleno de Jesús?

Para saber la respuesta debemos examinarnos y ver qué hay dentro de nosotros. No me refiero a lo que hay dentro de tu cuerpo, sino a lo que hay dentro de tu alma. ¿Qué hay ahí dentro?

Para saber que hay dentro de ti, tienes que ver lo que sale de ti. Esta semana, haz este ejercicio: Escoge una hora y presta atención a lo que haces. Luego escoge una decision, una palabra o una acción especifica y pregúntate: ¿por qué lo hiciste? O ¿por qué dijiste eso?

Lo que hay dentro es lo que sale. Si no te gusta lo que hay dentro de ti… pídele a Dios que te cambie.

¿Qué sale de ti?

Normalmente, un alma puede estar llena de egoísmo, frustración, aburrimiento, ira, culpa, miedo, tristeza o celos. ¿Está tu alma llena de estas cosas?

PERO

Si una persona ha nacido de nuevo por la fe en Cristo Jesús, el alma de esa persona puede llenarse de amor, paz, gozo, bondad, paciencia, humildad, perseverancia, verdad, esperanza, dominio propio, creatividad y energía.

POR QUÉ

Porque ahora el Espíritu Santo ahora vive dentro de nosotros (Rom. 8: 9; I Cor. 6: 19-20). ¡El Espíritu Santo ahora vive dentro de nosotros!

Hay implicaciones significativas en esta realidad de que el Espíritu de Dios mismo vive dentro de ti. El Espíritu Santo no está dormido. Él habita dentro de ti para transformarte de adentro hacia afuera para que pienses, hables y actúes como Jesús.

La madurez espiritual es la transformación del creyente a la imagen de Cristo.

‘Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y, donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu.’

2 Corintios 3:17-18

¿Qué significa esto? Significa que nuestro ADN espiritual está en proceso de ser sobrescrito. Nuestra naturaleza esencial está siendo alterada por el Espíritu Santo, y estos cambios internos siempre producen una expresión externa.

¿Cómo sucede esto? Cuando contemplamos la gloria del Señor, somos transformados. Contemplar es mirar algo, observar con determinación. En otras palabras, fijar tus ojos en Jesús te cambia a su imagen. Los seres humanos se convierten en lo que contemplamos.

Esfuérzate en contemplar la belleza de Cristo. Pasa tiempo con Cristo. Lee libros sobre Cristo. Escucha canciones sobre Cristo. Habla sobre Cristo. Enamórate de Cristo y te parecerás más a Cristo.

Haz una lista breve de cinco a siete atributos del carácter de Cristo. Puede ser su amor, misericordia, sabiduría, paz, santidad, consagración, honestidad… luego pregúntate si estás reflejando estas cosas en tu diario vivir. Si no, trata de reflejar una a la vez. 

Por ejemplo, misericordia… Busca ideas para mostrar misericordia a tus enemigos, a aquellos que son diferentes a ti, a los que te maltratan, a los que necesitan tu ayuda. Esta es la obra producida por tu fe.

La «obra producida por tu fe» es la manifestación exterior de la obra interior del Espíritu Santo en tu vida. Es la evidencia de que el Espíritu de Cristo vive dentro de ti.

Entonces, si tu afirmación de ser cristiano es de hecho una realidad, tu vida cristiana debería ser un retrato cada vez más preciso de Jesucristo. A medida que pasan los años, nuevos detalles y expresiones de Sus pensamientos y Sus acciones deberían abrirse camino en el lienzo de su vida.

¿Estás lleno de toda la plenitud de Dios (Efesios 3:19)? ¿Es tu actitud cada vez más parecida a la de Cristo, “quien, existiendo en la forma de Dios, no consideró la igualdad con Dios como algo para ser utilizado para su propio beneficio, sino que se despojó de sí mismo asumiendo la forma de un esclavo” (Fil. 2: 6-7)?

En mi caso, hay veces que sí y otras que no. Hay una brecha entre lo que Dios ha puesto en mi y lo que realmente sale. Yo sé que mi vida debe regirse por las Escrituras y no por los placeres del mundo, pero es más fácil decirlo que hacerlo.

Esta brecha se convierte en una tentación. La tentación de pretender que todo está bien. Fingo que no necesito ayuda. Me comparo con otros cristianos tibios y elimino la sensación de que el pecado puede ser mucho más peligroso de lo que es. Actúo como si está bien. No cambio nada. Me consuelo con garantías equivocadas de que mi comportamiento no tiene nada que ver con mi fe. 

Pero hay una alternativa.

Este verano fui de vacaciones. Un día salí a correr para mantenerme en forma y quemar algunas calorías. Normalmente escucho un podcast mientras corro. Uno de mis favoritos es el podcast The Bible Project.

Estaban en una serie sobre la compasión de Dios y algo que dijeron cautivó mi corazón. La compasión de Dios no es solo un sentimiento, es más profundo… Es como el amor de una madre que se preocupa por su hijo. 

La compasión ilustra la naturaleza protectora de Dios. Él siempre está dispuesto a ayudarnos si se lo pedimos (Isaías 49: 15-16).

Esto llegó en el momento adecuado, mientras luchaba con las tentaciones de pecar. Sentí que me estaban atacando, así que le pedí a Dios que me liberara. El Espíritu Santo comenzó a darme esperanza y fuerza para poner en práctica mi fe. Para que lo que está dentro de mi saliera.

Quizás estas atravesando un momento de dificultad, luchando contra los deseos que no agradan a Dios y necesitas fuerza para hacer lo correcto. Este es el momento de esforzarte y confiar en la compasión de Dios. Pídele que ponga en ti el deseo de hacer Su voluntad y el poder para hacerlo.

No hagamos de Jesús un aditivo en nuestras vidas.


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Based in the sermon Faith that Puts You to Work by Pastor Lloyd Stilley, LifeWay.

Después de la caída

El éxito puede cegarnos a los nuevos desafíos y hacernos vulnerables a los errores. ¿Qué hacemos después de la caída?

Uno de mis escritores favoritos, Gilbert Keith (G. K.) Chesterton, escribió en su libro ‘Herejes’ publicado en 1905 (hace 111 años): «No hay nada que falle como el éxito». Él estaba en lo correcto.

En el contexto original, esta frase significaba que una persona que busca el éxito cambiará el compromiso por la oportunidad de tener una victoria fácil.

Hoy en día, «Nada falla como el éxito» se ha convertido en una máxima para los empresarios. Implica que una persona o una empresa ha hecho algo para tener éxito y asume que seguirá funcionando en el futuro. Pero luego, ya no funciona En otras palabras, confiar en lo que ha funcionado en el pasado eventualmente conducirá al fracaso.

Un ejemplo divertido es la industria de Blockbuster Video. El modelo de negocio de alquiler de videos siempre fue exitoso, hasta que Netflix y la transmisión On Demand se hicieron cargo. Estaban cegados por su éxito pasado e ignoraron el cambio de tecnología hasta que fracasaron. Para entonces ya era demasiado tarde.

El éxito puede cegarnos a los nuevos desafíos y hacernos vulnerables a los errores. Cuando tenemos éxito en un área, podemos descuidar y fallar en otra. Quizás tú tengas una historia sobre eso. ¡Esa vez en que tu relación amorosa no funcionó pero pensabas que todo iba bien!

Quizás estés pasando por un momento de fracaso en este momento y te preguntas qué salió mal. ¿Cómo perdiste el objetivo? ¿Por qué las cosas van mal en casa si eres un buen jefe o empleado? ¿Por qué es difícil sacar buenas notas si eres muy inteligente? ¿Por qué te sientes solo cuando vas a la iglesia si eras muy popular entre tus amigos de la escuela secundaria?

Leamos la historia de un personaje bíblico famoso que sabe de lo que estamos hablando.

David se enojó porque la ira del Señor se había desatado contra Uza y llamó a ese lugar Fares-uza (que significa «desatarse contra Uza»), nombre que conserva hasta el día de hoy.’Ahora David tenía miedo de Dios y preguntó: «¿Cómo podré regresar el arca de Dios para que esté bajo mi cuidado?».

1 Crónicas 13:11-12 NTV

¿Por qué estaba enojado David? ¿Por qué fracasó? ¿Estaba Dios enojado porque David falló? ¿De qué tipo de fracaso estás hablando? ¿Por qué David tenía miedo de Dios?

David estaba enojado antes de tener miedo. No sabemos con quién estaba enojado, pero sabemos la razón. Su error provocó la muerte de otro hombre. Nuestros errores son los que más duelen cuando alguien más se lastima. Quizás David pensó que era culpable, que era culpa suya.

¿Ha cometido alguna vez un error que haya causado dolor a otra persona? Lo tengo y se siente horrible. Cuando esto sucede, podemos sentir remordimientos. Quizás esa sea la motivación detrás de David para cambiar el nombre de este lugar para recordar lo que le sucedió a Uza.

Es posible que conozca la historia de alguien que conmemora algo que le sucedió a un ser querido iniciando una organización sin fines de lucro o dando una gran donación a la caridad. Otros usan diferentes métodos para lidiar con la culpa y la vergüenza. Algunos se vuelven oscuros y profundos en la adicción. Algunas personas incluso construyen monumentos y memoriales para ocultar el dolor o la vergüenza de su fracaso.

David falló porque no sabía cómo transportar el arca del pacto. Quizás por eso Dios estaba enojado, porque no fue tratado con respeto.

Es por eso que nada falla como el éxito. Quizás el éxito militar de David lo hizo vulnerable a tratar el arca de Dios como un ídolo, una muestra de buena suerte, al igual que Saúl y muchos otros reyes.

Entonces David tuvo miedo porque él intentó llevar el arca del pacto a Jerusalén, pero algo salió mal y un hombre murió.

Cuando reconocemos que le hemos fallado a alguien, podemos elegir el remordimiento o el arrepentimiento porque el PECADO ES UN FRACASO RELACIONAL.

La primera opción conducirá a la ira, la angustia, la tristeza, la oscuridad… La segunda opción trae restauración, vida y luz. ¿Cuál escogerás?

¿Está bien tenerle miedo a Dios después de que fallamos?

Sí, pero depende de qué tipo de miedo hablemos. Temer a Dios no es lo mismo que temer a Dios.

Tener miedo de Dios significa que reconocemos cuando hemos hecho algo malo y admitimos nuestra ofensa, por lo tanto, esperamos algún tipo de castigo. Sin embargo, el miedo a Dios nos separa de él porque nuestra humanidad quiere evitar el castigo. Y este es el mayor error que nos lleva a nuestro mayor juicio, porque cuando huimos de Dios por tener miedo de las consecuencias, nos negamos la oportunidad de restaurar nuestra relación con Él. Cortamos la línea y huimos de su presencia, avergonzados y desnudos, prolongando y haciendo nuestro castigo peor que antes.

Es natural reaccionar de esta manera porque el amor de Dios es feroz y puro. Quiere lo mejor para nosotros. Este amor es lo que lo enoja cuando elegimos mal, porque realmente nos ama. No nos deja hacer lo que queramos, porque no sabemos realmente qué es bueno aparte de él. Podríamos dañarnos a nosotros mismos oa otros. Así es como aprendemos a temer a Dios en lugar de tenerle miedo: lo escuchamos y lo seguimos.

El temor de Dios es nuestra reacción de asombro y admiración sobresaliente a la luz de su poder, su belleza, su majestad. Cuando probamos y vemos que Él es bueno, nuestro corazón no puede evitar rendirse con respecto a sus maravillosos caminos.

El temor de Dios nos permite buscar la reconciliación en lugar del aislamiento. Nos acercamos más y más porque lo queremos.

Y luego David hace la pregunta: «¿Cómo puedo llevarme el arca de Dios a casa?» En otras palabras, ¿cómo puede la presencia de Dios habitar en mi casa? ¿Cómo puedo disfrutar y llevar su gloria sin soportar su castigo por mis errores? ¿Cuál es el camino hacia la reconciliación?

David aquí está hablando en nombre de cada uno de nosotros. Hay un anhelo dentro de nuestras almas de estar con Dios. Nos despertamos a la terrible realidad de nuestro fracaso, que nos ha hecho correr y escondernos de nuestro Padre Celestial. Algunas personas todavía le tienen miedo, tal vez porque escucharon, vieron o sintieron la ira de Dios como lo hizo David cuando murió Uza.

Pero luego Dios nos responde y dice: «¿Dónde estás? Te estoy buscando porque te amo. Llevé el juicio que merecías en la Cruz. No estoy enojado contigo, te amo. Vuelve, razonemos juntos. Déjame guiarte por el camino de la vida. Hay mucho más que podemos hacer juntos. Ven, recuéstate en mi pecho, déjame curar tu dolor. Déjame amarte.»

Ahí es cuando conocemos a nuestro Señor Jesús, porque Él pagó por nuestros fracasos para que pudiéramos llevar la presencia de Dios nuevamente.

Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan 1:14

Jesús es Dios encarnado. Él es la representación de la gloria de Dios en toda su magnitud habitando con la humanidad. Gracias a Jesús, la presencia de Dios puede morar en nosotros a través de Su Espíritu Santo. Ahora podemos llevar la presencia de Dios dondequiera que vayamos.

¿A dónde llevarás la presencia de Dios esta semana?


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Haciendo Yuca

Es importante que aprendamos a esperar, pues la espera te transforma o te deforma. Mientras esperas puedes transformarte a la imagen de Cristo o deformarte como ser humano.

El verano pasado fui a Disney con mi esposa. Ese fue nuestro regalo de navidad y de cumpleaños combinados. Si has ido a los parques de Disney sabes que es normal pasar una hora haciendo yuca en una fila. Hacer yuca es esperar una cosa o a una persona lo más que se pueda resistir, esperar con determinación.

En estos días, muchos estamos cansados de esperar. Veo en las noticias que el gobierno dominicano extendió el toque de queda y es lamentable que algunos estén tan desesperados que no respeten las autoridades. Veo cómo la policía anda recogiendo personas, encerrándoles en la cárcel. Veo comerciantes a punto de estallar porque sus negocios pueden quebrar si no abren. Lo se, todos queremos que las medidas de cuarentena terminen.

¿Qué estás esperando tú? Quizás esperas el nacimiento de tu primer hijo. A lo mejor es una pareja porque estás cansado o cansada de la soltería… Ves a tus amigos y familiares en una relación y te preguntas cuándo llegará tu turno. Tal vez esperas que termine el semestre en la universidad o escuela para poder descansar de las clases virtuales. O esperas una entrevista para un empleo, una visa, etc. Quizás estás esperando reabrir tu negocio o visitar a un familiar que está enfermo y no has podido durante semanas. Todos estamos esperando algo 

Por eso es importante que aprendamos a esperar, pues la espera te transforma o te deforma. Mientras esperas puedes transformarte a la imagen de Cristo o deformarte como ser humano. 

Lucas relata en Hechos capítulo 1 cuando Jesús bendice a sus discípulos y les ordena que esperen en Jerusalén la promesa del Espíritu Santo. Luego Jesús asciende al trono celestial mientras ellos le adoran y regresan con gozo a Jerusalén a esperar el cumplimiento de la promesa del Padre. Pero antes de ver como ellos esperaron, leamos un mal ejemplo de como esperar.

Y cuando terminó de hablar con Moisés en el monte Sinaí, le dio las dos tablas de la ley, que eran dos lajas escritas por el dedo mismo de Dios.

Al ver los israelitas que Moisés tardaba en bajar del monte, fueron a reunirse con Aarón y le dijeron:

—Tienes que hacernos dioses que marchen[a] al frente de nosotros, porque a ese Moisés que nos sacó de Egipto, ¡no sabemos qué pudo haberle pasado!

Aarón les respondió:

—Quítenles a sus mujeres los aretes de oro, y también a sus hijos e hijas, y tráiganmelos.

Todos los israelitas se quitaron los aretes de oro que llevaban puestos, y se los llevaron a Aarón, quien los recibió y los fundió; luego cinceló el oro fundido e hizo un ídolo en forma de becerro. Entonces exclamó el pueblo: «Israel, ¡aquí tienes a tus dioses que te sacaron de Egipto!»

Cuando Aarón vio esto, construyó un altar enfrente del becerro y anunció:

—Mañana haremos fiesta en honor del Señor.

En efecto, al día siguiente los israelitas madrugaron y presentaron holocaustos y sacrificios de comunión. Luego el pueblo se sentó a comer y a beber, y se entregó al desenfreno.

Éxodo 31:18-32:6 NVI

Los israelitas esperaban que Moises bajara del Monte, pero en la espera se desesperaron y pidieron a Aaron que les hiciera dioses que marchen al frente de ellos. Fue como si pensarán «Moisés murió y nosotros no conocemos a Dios. Hagamos nuestros propios dioses que nos den consuelo, placer y gozo…»

¿Con qué frecuencia hacemos lo mismo que hizo Israel? Sentimos que estamos atascados en el proceso y que las promesas de Dios tardan. Llevamos dos meses sin congregarnos y ya no queremos participar en las reuniones virtuales, pero estamos obligados a una video llamada del trabajo. Tenemos años esperando una pareja y estamos cansados de estar solos, por eso nos involucramos en una relación tóxica y dañina. Estamos cansados de la abstinencia sexual y por eso comenzamos a ver imágenes nocivas. Llevamos años tratando de mejorar nuestro matrimonio, pero no vemos progreso, por eso buscamos una aventura con otra persona.Tenemos tiempo envueltos en deudas económicas y parece que nada funciona, por eso caemos en la trampa de un negocio ilícito.

Admítelo… todos hemos esperado mal de vez en cuando. Veamos ahora como esperar bien.

Todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración, junto con las mujeres y con los hermanos de Jesús y su madre María.

Hechos 1:14 NVI

Los discípulos volvieron a Jerusalén y se quedaron en un Aposento Alto. Ellos obedecieron el mandato de quedarse en Jerusalén y no volver a Galilea. Jesús no les dijo cuanto tiempo debían esperar, solo el lugar dónde debían esperar.

Allí estaban los discípulos junto a las mujeres que habían apoyado el ministerio del Señor, también los hermanos y la madre de Jesús. Lucas nos recuerda que la mujer siempre ha sido importante en el reino de Dios. Las mujeres no son ciudadanas de segunda clase.

Lucas nos dice cómo esperaron.

Todos / Juntos: Ellos esperaban juntos. Esperar es una tarea difícil. Necesitamos el apoyo de otras personas. Por eso es importante congregarse. Aunque sea por una video llamada. Si tu iglesia tiene grupos pequeños online, únete a esos grupos. Si tienen llamadas de oración, participa en esas llamadas. Puedes ver una prédica online pero nunca será igual que participar en una reunión con los demás hermanos en la fe. No esperes sólo.

En un mismo espíritu / Unánimes: Todos estaban persiguiendo el mismo objetivo. Todos estaban de acuerdo. ¿Que estaban esperando? Esperaban la promesa del Padre. Reúnete y asóciate con personas que estén persiguiendo lo mismo que tu. Se parte de un grupo de hombres y mujeres que desean conocer a Dios. Recuerda, bienaventurados son los que no andan en el camino de los perversos. Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.

Oraban: Lucas dice Ellos se dedicaban a la oración. Dedicarse a algo es consagrarse para ese fin, ‘tener como ocupación o profesión una determinada actividad’. Esto significa que ellos oraban constantemente, entregados… haciendo yuca. Ese era su trabajo. Eso no significa que oraban las 24 horas del día, sino que oraban más que lo usual. Más que algunas pocas horas al día.

Orar es intimar con Dios. Desarrollar una relación más cercana con el. Muchos jóvenes dicen que no oran porque no tienen tiempo. Porque tienen muchas clases en la universidad o el colegio. Pero pasan horas viendo videos en YouTube, tiktok o Instagram. Algunos adultos dicen que no oran porque no tienen tiempo tampoco. Porque tienen mucho trabajo y compromisos. Pero de repente están suspendidos y tienen tiempo de más. Es ahí donde se acaban las excusas. 

Uno siempre saca tiempo para lo que considera importante. 

Aprovecha esta oportunidad para conocer y parecerte más a Jesucristo. No esperes solo. Reúnete con tus hermanos en la fe, dedícate a la oración con los que buscan el mismo objetivo que tu.

Recuerda que las circunstancias no cambian el carácter de Dios. Las circunstancias cambian nuestro carácter para bien o para mal. La espera puede transformarte a la imagen de Cristo o deformarte como ser humano.

¿Qué pasaría si todos oramos por la presencia de Dios en nuestras vidas? Que su presencia nos llene de pies a cabeza. Que su presencia nos transforme, nos consuele, nos llene de paz y purifique. Que su presencia inunde nuestra familia, nuestro trabajo, nuestro edificio, vecindario, pueblo y nación. Que su presencia nos haga diferentes para que el mundo pueda conocer a Dios. Esta es la promesa del Padre. ¿Por qué estás orando tú?

Si necesitas una comunidad de fe que te ayude a esperar la promesa de Dios en tu vida, escríbeme un mensaje para contactarte.