Después de la caída

El éxito puede cegarnos a los nuevos desafíos y hacernos vulnerables a los errores. ¿Qué hacemos después de la caída?

Uno de mis escritores favoritos, Gilbert Keith (G. K.) Chesterton, escribió en su libro ‘Herejes’ publicado en 1905 (hace 111 años): «No hay nada que falle como el éxito». Él estaba en lo correcto.

En el contexto original, esta frase significaba que una persona que busca el éxito cambiará el compromiso por la oportunidad de tener una victoria fácil.

Hoy en día, «Nada falla como el éxito» se ha convertido en una máxima para los empresarios. Implica que una persona o una empresa ha hecho algo para tener éxito y asume que seguirá funcionando en el futuro. Pero luego, ya no funciona En otras palabras, confiar en lo que ha funcionado en el pasado eventualmente conducirá al fracaso.

Un ejemplo divertido es la industria de Blockbuster Video. El modelo de negocio de alquiler de videos siempre fue exitoso, hasta que Netflix y la transmisión On Demand se hicieron cargo. Estaban cegados por su éxito pasado e ignoraron el cambio de tecnología hasta que fracasaron. Para entonces ya era demasiado tarde.

El éxito puede cegarnos a los nuevos desafíos y hacernos vulnerables a los errores. Cuando tenemos éxito en un área, podemos descuidar y fallar en otra. Quizás tú tengas una historia sobre eso. ¡Esa vez en que tu relación amorosa no funcionó pero pensabas que todo iba bien!

Quizás estés pasando por un momento de fracaso en este momento y te preguntas qué salió mal. ¿Cómo perdiste el objetivo? ¿Por qué las cosas van mal en casa si eres un buen jefe o empleado? ¿Por qué es difícil sacar buenas notas si eres muy inteligente? ¿Por qué te sientes solo cuando vas a la iglesia si eras muy popular entre tus amigos de la escuela secundaria?

Leamos la historia de un personaje bíblico famoso que sabe de lo que estamos hablando.

David se enojó porque la ira del Señor se había desatado contra Uza y llamó a ese lugar Fares-uza (que significa «desatarse contra Uza»), nombre que conserva hasta el día de hoy.’Ahora David tenía miedo de Dios y preguntó: «¿Cómo podré regresar el arca de Dios para que esté bajo mi cuidado?».

1 Crónicas 13:11-12 NTV

¿Por qué estaba enojado David? ¿Por qué fracasó? ¿Estaba Dios enojado porque David falló? ¿De qué tipo de fracaso estás hablando? ¿Por qué David tenía miedo de Dios?

David estaba enojado antes de tener miedo. No sabemos con quién estaba enojado, pero sabemos la razón. Su error provocó la muerte de otro hombre. Nuestros errores son los que más duelen cuando alguien más se lastima. Quizás David pensó que era culpable, que era culpa suya.

¿Ha cometido alguna vez un error que haya causado dolor a otra persona? Lo tengo y se siente horrible. Cuando esto sucede, podemos sentir remordimientos. Quizás esa sea la motivación detrás de David para cambiar el nombre de este lugar para recordar lo que le sucedió a Uza.

Es posible que conozca la historia de alguien que conmemora algo que le sucedió a un ser querido iniciando una organización sin fines de lucro o dando una gran donación a la caridad. Otros usan diferentes métodos para lidiar con la culpa y la vergüenza. Algunos se vuelven oscuros y profundos en la adicción. Algunas personas incluso construyen monumentos y memoriales para ocultar el dolor o la vergüenza de su fracaso.

David falló porque no sabía cómo transportar el arca del pacto. Quizás por eso Dios estaba enojado, porque no fue tratado con respeto.

Es por eso que nada falla como el éxito. Quizás el éxito militar de David lo hizo vulnerable a tratar el arca de Dios como un ídolo, una muestra de buena suerte, al igual que Saúl y muchos otros reyes.

Entonces David tuvo miedo porque él intentó llevar el arca del pacto a Jerusalén, pero algo salió mal y un hombre murió.

Cuando reconocemos que le hemos fallado a alguien, podemos elegir el remordimiento o el arrepentimiento porque el PECADO ES UN FRACASO RELACIONAL.

La primera opción conducirá a la ira, la angustia, la tristeza, la oscuridad… La segunda opción trae restauración, vida y luz. ¿Cuál escogerás?

¿Está bien tenerle miedo a Dios después de que fallamos?

Sí, pero depende de qué tipo de miedo hablemos. Temer a Dios no es lo mismo que temer a Dios.

Tener miedo de Dios significa que reconocemos cuando hemos hecho algo malo y admitimos nuestra ofensa, por lo tanto, esperamos algún tipo de castigo. Sin embargo, el miedo a Dios nos separa de él porque nuestra humanidad quiere evitar el castigo. Y este es el mayor error que nos lleva a nuestro mayor juicio, porque cuando huimos de Dios por tener miedo de las consecuencias, nos negamos la oportunidad de restaurar nuestra relación con Él. Cortamos la línea y huimos de su presencia, avergonzados y desnudos, prolongando y haciendo nuestro castigo peor que antes.

Es natural reaccionar de esta manera porque el amor de Dios es feroz y puro. Quiere lo mejor para nosotros. Este amor es lo que lo enoja cuando elegimos mal, porque realmente nos ama. No nos deja hacer lo que queramos, porque no sabemos realmente qué es bueno aparte de él. Podríamos dañarnos a nosotros mismos oa otros. Así es como aprendemos a temer a Dios en lugar de tenerle miedo: lo escuchamos y lo seguimos.

El temor de Dios es nuestra reacción de asombro y admiración sobresaliente a la luz de su poder, su belleza, su majestad. Cuando probamos y vemos que Él es bueno, nuestro corazón no puede evitar rendirse con respecto a sus maravillosos caminos.

El temor de Dios nos permite buscar la reconciliación en lugar del aislamiento. Nos acercamos más y más porque lo queremos.

Y luego David hace la pregunta: «¿Cómo puedo llevarme el arca de Dios a casa?» En otras palabras, ¿cómo puede la presencia de Dios habitar en mi casa? ¿Cómo puedo disfrutar y llevar su gloria sin soportar su castigo por mis errores? ¿Cuál es el camino hacia la reconciliación?

David aquí está hablando en nombre de cada uno de nosotros. Hay un anhelo dentro de nuestras almas de estar con Dios. Nos despertamos a la terrible realidad de nuestro fracaso, que nos ha hecho correr y escondernos de nuestro Padre Celestial. Algunas personas todavía le tienen miedo, tal vez porque escucharon, vieron o sintieron la ira de Dios como lo hizo David cuando murió Uza.

Pero luego Dios nos responde y dice: «¿Dónde estás? Te estoy buscando porque te amo. Llevé el juicio que merecías en la Cruz. No estoy enojado contigo, te amo. Vuelve, razonemos juntos. Déjame guiarte por el camino de la vida. Hay mucho más que podemos hacer juntos. Ven, recuéstate en mi pecho, déjame curar tu dolor. Déjame amarte.»

Ahí es cuando conocemos a nuestro Señor Jesús, porque Él pagó por nuestros fracasos para que pudiéramos llevar la presencia de Dios nuevamente.

Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan 1:14

Jesús es Dios encarnado. Él es la representación de la gloria de Dios en toda su magnitud habitando con la humanidad. Gracias a Jesús, la presencia de Dios puede morar en nosotros a través de Su Espíritu Santo. Ahora podemos llevar la presencia de Dios dondequiera que vayamos.

¿A dónde llevarás la presencia de Dios esta semana?


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Haciendo Yuca

Es importante que aprendamos a esperar, pues la espera te transforma o te deforma. Mientras esperas puedes transformarte a la imagen de Cristo o deformarte como ser humano.

El verano pasado fui a Disney con mi esposa. Ese fue nuestro regalo de navidad y de cumpleaños combinados. Si has ido a los parques de Disney sabes que es normal pasar una hora haciendo yuca en una fila. Hacer yuca es esperar una cosa o a una persona lo más que se pueda resistir, esperar con determinación.

En estos días, muchos estamos cansados de esperar. Veo en las noticias que el gobierno dominicano extendió el toque de queda y es lamentable que algunos estén tan desesperados que no respeten las autoridades. Veo cómo la policía anda recogiendo personas, encerrándoles en la cárcel. Veo comerciantes a punto de estallar porque sus negocios pueden quebrar si no abren. Lo se, todos queremos que las medidas de cuarentena terminen.

¿Qué estás esperando tú? Quizás esperas el nacimiento de tu primer hijo. A lo mejor es una pareja porque estás cansado o cansada de la soltería… Ves a tus amigos y familiares en una relación y te preguntas cuándo llegará tu turno. Tal vez esperas que termine el semestre en la universidad o escuela para poder descansar de las clases virtuales. O esperas una entrevista para un empleo, una visa, etc. Quizás estás esperando reabrir tu negocio o visitar a un familiar que está enfermo y no has podido durante semanas. Todos estamos esperando algo 

Por eso es importante que aprendamos a esperar, pues la espera te transforma o te deforma. Mientras esperas puedes transformarte a la imagen de Cristo o deformarte como ser humano. 

Lucas relata en Hechos capítulo 1 cuando Jesús bendice a sus discípulos y les ordena que esperen en Jerusalén la promesa del Espíritu Santo. Luego Jesús asciende al trono celestial mientras ellos le adoran y regresan con gozo a Jerusalén a esperar el cumplimiento de la promesa del Padre. Pero antes de ver como ellos esperaron, leamos un mal ejemplo de como esperar.

Y cuando terminó de hablar con Moisés en el monte Sinaí, le dio las dos tablas de la ley, que eran dos lajas escritas por el dedo mismo de Dios.

Al ver los israelitas que Moisés tardaba en bajar del monte, fueron a reunirse con Aarón y le dijeron:

—Tienes que hacernos dioses que marchen[a] al frente de nosotros, porque a ese Moisés que nos sacó de Egipto, ¡no sabemos qué pudo haberle pasado!

Aarón les respondió:

—Quítenles a sus mujeres los aretes de oro, y también a sus hijos e hijas, y tráiganmelos.

Todos los israelitas se quitaron los aretes de oro que llevaban puestos, y se los llevaron a Aarón, quien los recibió y los fundió; luego cinceló el oro fundido e hizo un ídolo en forma de becerro. Entonces exclamó el pueblo: «Israel, ¡aquí tienes a tus dioses que te sacaron de Egipto!»

Cuando Aarón vio esto, construyó un altar enfrente del becerro y anunció:

—Mañana haremos fiesta en honor del Señor.

En efecto, al día siguiente los israelitas madrugaron y presentaron holocaustos y sacrificios de comunión. Luego el pueblo se sentó a comer y a beber, y se entregó al desenfreno.

Éxodo 31:18-32:6 NVI

Los israelitas esperaban que Moises bajara del Monte, pero en la espera se desesperaron y pidieron a Aaron que les hiciera dioses que marchen al frente de ellos. Fue como si pensarán «Moisés murió y nosotros no conocemos a Dios. Hagamos nuestros propios dioses que nos den consuelo, placer y gozo…»

¿Con qué frecuencia hacemos lo mismo que hizo Israel? Sentimos que estamos atascados en el proceso y que las promesas de Dios tardan. Llevamos dos meses sin congregarnos y ya no queremos participar en las reuniones virtuales, pero estamos obligados a una video llamada del trabajo. Tenemos años esperando una pareja y estamos cansados de estar solos, por eso nos involucramos en una relación tóxica y dañina. Estamos cansados de la abstinencia sexual y por eso comenzamos a ver imágenes nocivas. Llevamos años tratando de mejorar nuestro matrimonio, pero no vemos progreso, por eso buscamos una aventura con otra persona.Tenemos tiempo envueltos en deudas económicas y parece que nada funciona, por eso caemos en la trampa de un negocio ilícito.

Admítelo… todos hemos esperado mal de vez en cuando. Veamos ahora como esperar bien.

Todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración, junto con las mujeres y con los hermanos de Jesús y su madre María.

Hechos 1:14 NVI

Los discípulos volvieron a Jerusalén y se quedaron en un Aposento Alto. Ellos obedecieron el mandato de quedarse en Jerusalén y no volver a Galilea. Jesús no les dijo cuanto tiempo debían esperar, solo el lugar dónde debían esperar.

Allí estaban los discípulos junto a las mujeres que habían apoyado el ministerio del Señor, también los hermanos y la madre de Jesús. Lucas nos recuerda que la mujer siempre ha sido importante en el reino de Dios. Las mujeres no son ciudadanas de segunda clase.

Lucas nos dice cómo esperaron.

Todos / Juntos: Ellos esperaban juntos. Esperar es una tarea difícil. Necesitamos el apoyo de otras personas. Por eso es importante congregarse. Aunque sea por una video llamada. Si tu iglesia tiene grupos pequeños online, únete a esos grupos. Si tienen llamadas de oración, participa en esas llamadas. Puedes ver una prédica online pero nunca será igual que participar en una reunión con los demás hermanos en la fe. No esperes sólo.

En un mismo espíritu / Unánimes: Todos estaban persiguiendo el mismo objetivo. Todos estaban de acuerdo. ¿Que estaban esperando? Esperaban la promesa del Padre. Reúnete y asóciate con personas que estén persiguiendo lo mismo que tu. Se parte de un grupo de hombres y mujeres que desean conocer a Dios. Recuerda, bienaventurados son los que no andan en el camino de los perversos. Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.

Oraban: Lucas dice Ellos se dedicaban a la oración. Dedicarse a algo es consagrarse para ese fin, ‘tener como ocupación o profesión una determinada actividad’. Esto significa que ellos oraban constantemente, entregados… haciendo yuca. Ese era su trabajo. Eso no significa que oraban las 24 horas del día, sino que oraban más que lo usual. Más que algunas pocas horas al día.

Orar es intimar con Dios. Desarrollar una relación más cercana con el. Muchos jóvenes dicen que no oran porque no tienen tiempo. Porque tienen muchas clases en la universidad o el colegio. Pero pasan horas viendo videos en YouTube, tiktok o Instagram. Algunos adultos dicen que no oran porque no tienen tiempo tampoco. Porque tienen mucho trabajo y compromisos. Pero de repente están suspendidos y tienen tiempo de más. Es ahí donde se acaban las excusas. 

Uno siempre saca tiempo para lo que considera importante. 

Aprovecha esta oportunidad para conocer y parecerte más a Jesucristo. No esperes solo. Reúnete con tus hermanos en la fe, dedícate a la oración con los que buscan el mismo objetivo que tu.

Recuerda que las circunstancias no cambian el carácter de Dios. Las circunstancias cambian nuestro carácter para bien o para mal. La espera puede transformarte a la imagen de Cristo o deformarte como ser humano.

¿Qué pasaría si todos oramos por la presencia de Dios en nuestras vidas? Que su presencia nos llene de pies a cabeza. Que su presencia nos transforme, nos consuele, nos llene de paz y purifique. Que su presencia inunde nuestra familia, nuestro trabajo, nuestro edificio, vecindario, pueblo y nación. Que su presencia nos haga diferentes para que el mundo pueda conocer a Dios. Esta es la promesa del Padre. ¿Por qué estás orando tú?

Si necesitas una comunidad de fe que te ayude a esperar la promesa de Dios en tu vida, escríbeme un mensaje para contactarte.

Cuando las respuestas de Dios sanan

La fe y la confianza comienzan a crecer en la tensión de las pruebas. Al final descubrimos que Dios es quien Él dijo ser. Él hará lo que dijo que iba a hacer. Él está trabajando en nosotros, por nosotros y a través de nosotros.

Katie y yo estábamos hablando sobre nuestro compromiso. Ella me envió varias imágenes de anillos con estilos que les gustaría tener, pero me dijo que no me preocupara con comprar un anillo de diamantes. Eso fue una buena noticia porque yo no podía comprar un diamante de verdad con mi sueldo. 

Una tía de Katie es gemóloga. Es decir, alguien que estudia y trabaja con joyas y piedras preciosas. Yo contacté a la señora y le pedí ayuda. Ella me recomendó una gema llamada iolita o violeta. Esta gema es parecida a un zafiro azul, pero dependiendo de la luz, puede ser azul claro o azul marino, a veces parece transparente y a veces morado. La piedra no cambia de color, lo que cambia es mi percepción de la gema de acuerdo a la luz. 

Lo mismo sucede con Dios. El carácter de Dios no ha cambiado, lo que sucede es que eventualmente Él me enseñará lo que no estoy viendo. 

Esto también le sucedió al profeta Habacuc. En el capítulo 2  de su libro leemos que Dios le respondió con una visión. Una visión es una revelación, una visión que Habacuc recibió después de mantenerse alerta (v.1). Esperar atentamente nos permite ver misterios ocultos. 

Habacuc tuvo una visión tan increíble, tan importante, tan maravillosa, que el profeta debía escribirla en tablas, para que no se borrara. Habacuc debía escribirla claramente para que los mensajeros la leyeran rápidamente y llevaran el mensaje a otros. 

Cuando recibas una revelación del Señor, escríbela para que no la olvides, para que puedas leerla en los tiempos difíciles y de confusión. 

Vemos también que esta visión se cumplirá en su tiempo… Quizás no en mi tiempo o en tu tiempo, sino en el tiempo indicado, pues DIOS ES FIEL Y MAJESTUOSO. No sabemos cuándo será este tiempo, no sabemos hasta cuando enfrentaremos el mal, pero la visión se cumplirá. Todos nuestros problemas tienen una fecha de vencimiento. Hay un tiempo señalado para su cumplimiento.

La cuarentena tiene fecha de vencimiento. La depresión, tiene fecha de vencimiento. La enfermedad, tiene fecha de vencimiento. El dolor, tiene fecha de vencimiento. Mientras tanto, abrázate con tu fe la promesa revelada.

La visión que Dios le entregó al profeta Habacuc comienza contrastando a dos tipos de personas: El insolente y el justo que vive por fe.

¿Quién es el insolente? En el tiempo de Habacuc, era el pueblo de Babilonia. Los caldeos eran orgullosos porque ellos habían arrasado con naciones enteras. Eran un pueblo rico y poderoso, y se llenaron de arrogancia. Cuando todo va bien, es normal creer que somos invencibles. Es fácil llenarnos de orgullo cuando tenemos éxito, dinero, propiedades, buena reputación, salud y estatus… etc. 

Ahora bien, ¿quién es el justo? Para muchos de nosotros, el justo es una persona perfecta, que siempre cumple los mandamientos de Dios. El justo es una persona seria, una persona llena de fe. Una persona que sin importar los problemas sigue luchando en oración, porque sabe que Dios va a recompensar su obediencia… Si es así, ninguno de nosotros cumplimos con esos estándares, porque todos le hemos fallado a Dios y nos hemos separado de la su gloria, así como el Apóstol Pablo confirmó:

Así está escrito: «No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!»

Romanos 3:10-12 [NVI]

PERO el Apóstol Pablo también escribió:

 Ahora bien, es evidente que por la ley nadie es justificado delante de Dios, porque «el justo vivirá por la fe».

Gálatas 3:11 [NVI]

En otras palabras, el justo no es una persona perfecta que camina con Dios, sino una persona imperfecta que camina con un Dios perfecto porque simplemente confía en ÉL. 

Las circunstancias no determinan la manera en que un justo vive, sino su confianza en Dios. El justo confía en Dios a pesar de las circunstancias. Cuando es fácil y cuando es difícil. Cuando es confortable y cuando es incomodo. Cuando tiene fuerza y cuando está débil. El justo vivirá por su fe, porque confía en Dios y porque confía en Dios, obedece su palabra.

Si el justo es una persona que simplemente confía en Dios, el insolente es una persona que no confía en Dios.

El problema es que si no confiamos en Dios, entonces confiamos en otra cosa, como los versículos 5-20 nos muestran. Los peligros que corremos cuando confiamos en las riquezas, en el placer, en la violencia, en la corrupción son espantosos. ¡Ay del que se hace rico con lo ajeno! ¡Ay del violento! ¡Ay del bohemio! ¡Ay del que pone su confianza en otra cosa o persona que no sea Dios!

Las consecuencias de no confiar en Dios son terribles. 

Quizás conoces la historia de Billy McFarland, un empresario estadounidense que cofundó el Festival Fyre. Este festival iba a celebrarse en las Bahamas, pero por muchos problemas de seguridad y logística fue cancelado. Varias personas trataron de ayudarlo, aconsejándole que suspendiera todo cuando aún había tiempo. Pero no, porque él creía en sí mismo. El fracaso fue evidente y las consecuencias fueron trágicas.

El fue condenado a prisión porque defraudó a los inversionistas por $ 27.4 millones al comercializar y vender boletos para el festival y otros eventos. Después de declararse culpable de dos cargos de fraude electrónico en marzo de 2018, fue condenado a seis años de prisión federal. Esto afectó a muchísima gente, desde los empleados que no recibieron su pago y las personas que pagaron para ir al festival. Cuando llegaron allá encontraron que debían luchar por sus vidas, no tenían alimento, ni seguridad, ni baños… fue difícil.

Nuestra arrogancia no solo nos afecta a nosotros mismos. La razón por la que hacemos estas cosas es porque no entendemos ni confiamos en los métodos de Dios. Como no nos conformamos y esperamos que Él haga su parte, decidimos vivir a nuestra manera.

Vivir sin Dios es peligroso y nos lleva a la muerte. Habacuc lo sabía y por eso decidió traer sus preguntas, sus dudas, sus quejas a Dios en oración. 

En el capítulo 3, Habacuc narra su lucha en oración, recordando la fama de Dios, sus obras pasadas, sus promesas futuras. Él sabía que sus preguntas y dudas no podrían derrotar la reputación y la fidelidad de Dios. Él comienza a mencionar todas las cosas que Dios ha hecho y pide que las haga de nuevo. Es cómo si su confianza en Dios se convirtió en un ring de boxeo. En un lado estaban los problemas de Habacuc. En el otro lado estaban las promesas de Dios. ¿Quién crees que ganará esa pelea?

Lleva tus preguntas a Dios en oración. Deja que tu incertidumbre y tu miedo se enfrenten contra las promesas de Dios. Deja que los milagros que Dios ha hecho en el pasado, sirvan como garantía de que Él hará lo que dijo.

La fe y la confianza comienzan a crecer en la tensión de las pruebas. Al final descubrimos que Dios es quien Él dijo ser. Él hará lo que dijo que iba a hacer. Él está trabajando en nosotros, por nosotros y a través de nosotros.

Al final de su oración, Habacuc reconoció que podía confiar en Dios. Él entendió que Dios era fiel, recordando el pasado y las promesas cumplidas. Eso le ayudo a resolver la aparente inconsistencia entre el método de Dios y el carácter de Dios.

Cuando tengo dudas acerca de Dios, se que puedo venir a su presencia con mis preguntas. Leo Su palabra y todas las promesas que Él me ha hecho. Veo Su grandeza, Su poder, Su misericordia… Y eso me da confianza. Confió que Dios hará lo que Él ha prometido. Esa confianza me da vida, me ayuda a luchar y seguir adelante. Aunque mi estado actual no sea el que quiero, Dios es fiel.


Special thanks to my cousin, Adrian Etheridge for the photo.