Haciendo Yuca

Es importante que aprendamos a esperar, pues la espera te transforma o te deforma. Mientras esperas puedes transformarte a la imagen de Cristo o deformarte como ser humano.

El verano pasado fui a Disney con mi esposa. Ese fue nuestro regalo de navidad y de cumpleaños combinados. Si has ido a los parques de Disney sabes que es normal pasar una hora haciendo yuca en una fila. Hacer yuca es esperar una cosa o a una persona lo más que se pueda resistir, esperar con determinación.

En estos días, muchos estamos cansados de esperar. Veo en las noticias que el gobierno dominicano extendió el toque de queda y es lamentable que algunos estén tan desesperados que no respeten las autoridades. Veo cómo la policía anda recogiendo personas, encerrándoles en la cárcel. Veo comerciantes a punto de estallar porque sus negocios pueden quebrar si no abren. Lo se, todos queremos que las medidas de cuarentena terminen.

¿Qué estás esperando tú? Quizás esperas el nacimiento de tu primer hijo. A lo mejor es una pareja porque estás cansado o cansada de la soltería… Ves a tus amigos y familiares en una relación y te preguntas cuándo llegará tu turno. Tal vez esperas que termine el semestre en la universidad o escuela para poder descansar de las clases virtuales. O esperas una entrevista para un empleo, una visa, etc. Quizás estás esperando reabrir tu negocio o visitar a un familiar que está enfermo y no has podido durante semanas. Todos estamos esperando algo 

Por eso es importante que aprendamos a esperar, pues la espera te transforma o te deforma. Mientras esperas puedes transformarte a la imagen de Cristo o deformarte como ser humano. 

Lucas relata en Hechos capítulo 1 cuando Jesús bendice a sus discípulos y les ordena que esperen en Jerusalén la promesa del Espíritu Santo. Luego Jesús asciende al trono celestial mientras ellos le adoran y regresan con gozo a Jerusalén a esperar el cumplimiento de la promesa del Padre. Pero antes de ver como ellos esperaron, leamos un mal ejemplo de como esperar.

Y cuando terminó de hablar con Moisés en el monte Sinaí, le dio las dos tablas de la ley, que eran dos lajas escritas por el dedo mismo de Dios.

Al ver los israelitas que Moisés tardaba en bajar del monte, fueron a reunirse con Aarón y le dijeron:

—Tienes que hacernos dioses que marchen[a] al frente de nosotros, porque a ese Moisés que nos sacó de Egipto, ¡no sabemos qué pudo haberle pasado!

Aarón les respondió:

—Quítenles a sus mujeres los aretes de oro, y también a sus hijos e hijas, y tráiganmelos.

Todos los israelitas se quitaron los aretes de oro que llevaban puestos, y se los llevaron a Aarón, quien los recibió y los fundió; luego cinceló el oro fundido e hizo un ídolo en forma de becerro. Entonces exclamó el pueblo: «Israel, ¡aquí tienes a tus dioses que te sacaron de Egipto!»

Cuando Aarón vio esto, construyó un altar enfrente del becerro y anunció:

—Mañana haremos fiesta en honor del Señor.

En efecto, al día siguiente los israelitas madrugaron y presentaron holocaustos y sacrificios de comunión. Luego el pueblo se sentó a comer y a beber, y se entregó al desenfreno.

Éxodo 31:18-32:6 NVI

Los israelitas esperaban que Moises bajara del Monte, pero en la espera se desesperaron y pidieron a Aaron que les hiciera dioses que marchen al frente de ellos. Fue como si pensarán «Moisés murió y nosotros no conocemos a Dios. Hagamos nuestros propios dioses que nos den consuelo, placer y gozo…»

¿Con qué frecuencia hacemos lo mismo que hizo Israel? Sentimos que estamos atascados en el proceso y que las promesas de Dios tardan. Llevamos dos meses sin congregarnos y ya no queremos participar en las reuniones virtuales, pero estamos obligados a una video llamada del trabajo. Tenemos años esperando una pareja y estamos cansados de estar solos, por eso nos involucramos en una relación tóxica y dañina. Estamos cansados de la abstinencia sexual y por eso comenzamos a ver imágenes nocivas. Llevamos años tratando de mejorar nuestro matrimonio, pero no vemos progreso, por eso buscamos una aventura con otra persona.Tenemos tiempo envueltos en deudas económicas y parece que nada funciona, por eso caemos en la trampa de un negocio ilícito.

Admítelo… todos hemos esperado mal de vez en cuando. Veamos ahora como esperar bien.

Todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración, junto con las mujeres y con los hermanos de Jesús y su madre María.

Hechos 1:14 NVI

Los discípulos volvieron a Jerusalén y se quedaron en un Aposento Alto. Ellos obedecieron el mandato de quedarse en Jerusalén y no volver a Galilea. Jesús no les dijo cuanto tiempo debían esperar, solo el lugar dónde debían esperar.

Allí estaban los discípulos junto a las mujeres que habían apoyado el ministerio del Señor, también los hermanos y la madre de Jesús. Lucas nos recuerda que la mujer siempre ha sido importante en el reino de Dios. Las mujeres no son ciudadanas de segunda clase.

Lucas nos dice cómo esperaron.

Todos / Juntos: Ellos esperaban juntos. Esperar es una tarea difícil. Necesitamos el apoyo de otras personas. Por eso es importante congregarse. Aunque sea por una video llamada. Si tu iglesia tiene grupos pequeños online, únete a esos grupos. Si tienen llamadas de oración, participa en esas llamadas. Puedes ver una prédica online pero nunca será igual que participar en una reunión con los demás hermanos en la fe. No esperes sólo.

En un mismo espíritu / Unánimes: Todos estaban persiguiendo el mismo objetivo. Todos estaban de acuerdo. ¿Que estaban esperando? Esperaban la promesa del Padre. Reúnete y asóciate con personas que estén persiguiendo lo mismo que tu. Se parte de un grupo de hombres y mujeres que desean conocer a Dios. Recuerda, bienaventurados son los que no andan en el camino de los perversos. Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.

Oraban: Lucas dice Ellos se dedicaban a la oración. Dedicarse a algo es consagrarse para ese fin, ‘tener como ocupación o profesión una determinada actividad’. Esto significa que ellos oraban constantemente, entregados… haciendo yuca. Ese era su trabajo. Eso no significa que oraban las 24 horas del día, sino que oraban más que lo usual. Más que algunas pocas horas al día.

Orar es intimar con Dios. Desarrollar una relación más cercana con el. Muchos jóvenes dicen que no oran porque no tienen tiempo. Porque tienen muchas clases en la universidad o el colegio. Pero pasan horas viendo videos en YouTube, tiktok o Instagram. Algunos adultos dicen que no oran porque no tienen tiempo tampoco. Porque tienen mucho trabajo y compromisos. Pero de repente están suspendidos y tienen tiempo de más. Es ahí donde se acaban las excusas. 

Uno siempre saca tiempo para lo que considera importante. 

Aprovecha esta oportunidad para conocer y parecerte más a Jesucristo. No esperes solo. Reúnete con tus hermanos en la fe, dedícate a la oración con los que buscan el mismo objetivo que tu.

Recuerda que las circunstancias no cambian el carácter de Dios. Las circunstancias cambian nuestro carácter para bien o para mal. La espera puede transformarte a la imagen de Cristo o deformarte como ser humano.

¿Qué pasaría si todos oramos por la presencia de Dios en nuestras vidas? Que su presencia nos llene de pies a cabeza. Que su presencia nos transforme, nos consuele, nos llene de paz y purifique. Que su presencia inunde nuestra familia, nuestro trabajo, nuestro edificio, vecindario, pueblo y nación. Que su presencia nos haga diferentes para que el mundo pueda conocer a Dios. Esta es la promesa del Padre. ¿Por qué estás orando tú?

Si necesitas una comunidad de fe que te ayude a esperar la promesa de Dios en tu vida, escríbeme un mensaje para contactarte.

Cuando las respuestas de Dios sanan

La fe y la confianza comienzan a crecer en la tensión de las pruebas. Al final descubrimos que Dios es quien Él dijo ser. Él hará lo que dijo que iba a hacer. Él está trabajando en nosotros, por nosotros y a través de nosotros.

Katie y yo estábamos hablando sobre nuestro compromiso. Ella me envió varias imágenes de anillos con estilos que les gustaría tener, pero me dijo que no me preocupara con comprar un anillo de diamantes. Eso fue una buena noticia porque yo no podía comprar un diamante de verdad con mi sueldo. 

Una tía de Katie es gemóloga. Es decir, alguien que estudia y trabaja con joyas y piedras preciosas. Yo contacté a la señora y le pedí ayuda. Ella me recomendó una gema llamada iolita o violeta. Esta gema es parecida a un zafiro azul, pero dependiendo de la luz, puede ser azul claro o azul marino, a veces parece transparente y a veces morado. La piedra no cambia de color, lo que cambia es mi percepción de la gema de acuerdo a la luz. 

Lo mismo sucede con Dios. El carácter de Dios no ha cambiado, lo que sucede es que eventualmente Él me enseñará lo que no estoy viendo. 

Esto también le sucedió al profeta Habacuc. En el capítulo 2  de su libro leemos que Dios le respondió con una visión. Una visión es una revelación, una visión que Habacuc recibió después de mantenerse alerta (v.1). Esperar atentamente nos permite ver misterios ocultos. 

Habacuc tuvo una visión tan increíble, tan importante, tan maravillosa, que el profeta debía escribirla en tablas, para que no se borrara. Habacuc debía escribirla claramente para que los mensajeros la leyeran rápidamente y llevaran el mensaje a otros. 

Cuando recibas una revelación del Señor, escríbela para que no la olvides, para que puedas leerla en los tiempos difíciles y de confusión. 

Vemos también que esta visión se cumplirá en su tiempo… Quizás no en mi tiempo o en tu tiempo, sino en el tiempo indicado, pues DIOS ES FIEL Y MAJESTUOSO. No sabemos cuándo será este tiempo, no sabemos hasta cuando enfrentaremos el mal, pero la visión se cumplirá. Todos nuestros problemas tienen una fecha de vencimiento. Hay un tiempo señalado para su cumplimiento.

La cuarentena tiene fecha de vencimiento. La depresión, tiene fecha de vencimiento. La enfermedad, tiene fecha de vencimiento. El dolor, tiene fecha de vencimiento. Mientras tanto, abrázate con tu fe la promesa revelada.

La visión que Dios le entregó al profeta Habacuc comienza contrastando a dos tipos de personas: El insolente y el justo que vive por fe.

¿Quién es el insolente? En el tiempo de Habacuc, era el pueblo de Babilonia. Los caldeos eran orgullosos porque ellos habían arrasado con naciones enteras. Eran un pueblo rico y poderoso, y se llenaron de arrogancia. Cuando todo va bien, es normal creer que somos invencibles. Es fácil llenarnos de orgullo cuando tenemos éxito, dinero, propiedades, buena reputación, salud y estatus… etc. 

Ahora bien, ¿quién es el justo? Para muchos de nosotros, el justo es una persona perfecta, que siempre cumple los mandamientos de Dios. El justo es una persona seria, una persona llena de fe. Una persona que sin importar los problemas sigue luchando en oración, porque sabe que Dios va a recompensar su obediencia… Si es así, ninguno de nosotros cumplimos con esos estándares, porque todos le hemos fallado a Dios y nos hemos separado de la su gloria, así como el Apóstol Pablo confirmó:

Así está escrito: «No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!»

Romanos 3:10-12 [NVI]

PERO el Apóstol Pablo también escribió:

 Ahora bien, es evidente que por la ley nadie es justificado delante de Dios, porque «el justo vivirá por la fe».

Gálatas 3:11 [NVI]

En otras palabras, el justo no es una persona perfecta que camina con Dios, sino una persona imperfecta que camina con un Dios perfecto porque simplemente confía en ÉL. 

Las circunstancias no determinan la manera en que un justo vive, sino su confianza en Dios. El justo confía en Dios a pesar de las circunstancias. Cuando es fácil y cuando es difícil. Cuando es confortable y cuando es incomodo. Cuando tiene fuerza y cuando está débil. El justo vivirá por su fe, porque confía en Dios y porque confía en Dios, obedece su palabra.

Si el justo es una persona que simplemente confía en Dios, el insolente es una persona que no confía en Dios.

El problema es que si no confiamos en Dios, entonces confiamos en otra cosa, como los versículos 5-20 nos muestran. Los peligros que corremos cuando confiamos en las riquezas, en el placer, en la violencia, en la corrupción son espantosos. ¡Ay del que se hace rico con lo ajeno! ¡Ay del violento! ¡Ay del bohemio! ¡Ay del que pone su confianza en otra cosa o persona que no sea Dios!

Las consecuencias de no confiar en Dios son terribles. 

Quizás conoces la historia de Billy McFarland, un empresario estadounidense que cofundó el Festival Fyre. Este festival iba a celebrarse en las Bahamas, pero por muchos problemas de seguridad y logística fue cancelado. Varias personas trataron de ayudarlo, aconsejándole que suspendiera todo cuando aún había tiempo. Pero no, porque él creía en sí mismo. El fracaso fue evidente y las consecuencias fueron trágicas.

El fue condenado a prisión porque defraudó a los inversionistas por $ 27.4 millones al comercializar y vender boletos para el festival y otros eventos. Después de declararse culpable de dos cargos de fraude electrónico en marzo de 2018, fue condenado a seis años de prisión federal. Esto afectó a muchísima gente, desde los empleados que no recibieron su pago y las personas que pagaron para ir al festival. Cuando llegaron allá encontraron que debían luchar por sus vidas, no tenían alimento, ni seguridad, ni baños… fue difícil.

Nuestra arrogancia no solo nos afecta a nosotros mismos. La razón por la que hacemos estas cosas es porque no entendemos ni confiamos en los métodos de Dios. Como no nos conformamos y esperamos que Él haga su parte, decidimos vivir a nuestra manera.

Vivir sin Dios es peligroso y nos lleva a la muerte. Habacuc lo sabía y por eso decidió traer sus preguntas, sus dudas, sus quejas a Dios en oración. 

En el capítulo 3, Habacuc narra su lucha en oración, recordando la fama de Dios, sus obras pasadas, sus promesas futuras. Él sabía que sus preguntas y dudas no podrían derrotar la reputación y la fidelidad de Dios. Él comienza a mencionar todas las cosas que Dios ha hecho y pide que las haga de nuevo. Es cómo si su confianza en Dios se convirtió en un ring de boxeo. En un lado estaban los problemas de Habacuc. En el otro lado estaban las promesas de Dios. ¿Quién crees que ganará esa pelea?

Lleva tus preguntas a Dios en oración. Deja que tu incertidumbre y tu miedo se enfrenten contra las promesas de Dios. Deja que los milagros que Dios ha hecho en el pasado, sirvan como garantía de que Él hará lo que dijo.

La fe y la confianza comienzan a crecer en la tensión de las pruebas. Al final descubrimos que Dios es quien Él dijo ser. Él hará lo que dijo que iba a hacer. Él está trabajando en nosotros, por nosotros y a través de nosotros.

Al final de su oración, Habacuc reconoció que podía confiar en Dios. Él entendió que Dios era fiel, recordando el pasado y las promesas cumplidas. Eso le ayudo a resolver la aparente inconsistencia entre el método de Dios y el carácter de Dios.

Cuando tengo dudas acerca de Dios, se que puedo venir a su presencia con mis preguntas. Leo Su palabra y todas las promesas que Él me ha hecho. Veo Su grandeza, Su poder, Su misericordia… Y eso me da confianza. Confió que Dios hará lo que Él ha prometido. Esa confianza me da vida, me ayuda a luchar y seguir adelante. Aunque mi estado actual no sea el que quiero, Dios es fiel.


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Cuando las respuestas de Dios duelen

¿Qué hacemos cuándo no entendemos a Dios y sus respuestas nos lastiman, cuando lo que Dios hace no es lo que pensamos?

Yo siempre trato de ver películas en inglés con subtítulos en español, para mejorar mi entendimiento del inglés. Pero a veces sucede que los subtítulos y el audio están fuera de sincronización. Es decir, las palabras en la pantalla no aparecen al mismo tiempo que el audio. Eso es frustrante, porque destruye toda la experiencia de disfrutar una buena película. ¿Alguna vez has experimentado una contradicción? 

Es posible que esta semana las cosas hayan empeorado para ti… Es posible que tus ahorros se estén acabando, pero Dios dijo qué el proveerá; es posible que tu salud física, emocional o mental sea más vulnerable que antes, pero estás tratando de mantener tu fe porque Dios dijo que él te ama y que no te dejará ni te desamparará. Es posible que muchos se pregunten si este virus es un castigo de Dios. Nos preguntamos si Dios nos ama, porque permite que suframos. ¿Será que Dios se olvidó de nosotros? ¿Qué hacemos cuando la realidad y las promesas de Dios están fuera de sincronización?

Leyendo el libro del profeta Habacuc, noté que su corazón no estaba conforme después de escuchar la primera respuesta de Dios. De hecho, Habacuc cuestiona los métodos del Señor, pues no logra entender lo que Dios está haciendo ni por qué. Él se refiere a Dios cuatro veces con diferentes nombres: Dios eterno, Mi santo, Dios Justo, Mi roca. Es como si Habacuc estuviera revisando un catalogo de los atributos de Dios y su carácter. Él está tratando de entender su respuesta.

¿Cómo es posible que un Dios Santo use a los malvados Babilónicos para castigar a su pueblo? ¿Realmente Dios sabe lo que está haciendo?

Habacuc escribe que los ojos de Dios son tan puros que no pueden ver el mal e ignorarlo. Él no esta ciego, Él lo ve todo. Dios es puro y no tolera la maldad. Él no se deleita en el abuso, en la crueldad, en la injusticia, en la soberbia ni en el sufrimiento. Por eso Habacuc está confundido, porque los métodos que Dios usará para castigar a Judá no corresponden al carácter bondadoso de Dios. Son métodos que causaran mucho dolor.

Tal vez preguntas si Dios está viendo tu angustia y tu pena. La respuesta es afirmativa. ¡Claro que sí! Dios no cambia su carácter de acuerdo a las circunstancias. 

Pero entonces, ¿qué hacemos cuándo no entendemos a Dios y sus respuestas nos lastiman, cuando lo que Dios hace no es lo que pensamos? Esto fue lo que hizo el profeta Habacuc…

Me mantendré alerta, me apostaré en los terraplenes; estaré pendiente de lo que me diga, de su respuesta a mi reclamo.

Habacuc 2:1 (NVI)

Habacuc asumió que habían aspectos de Dios que él no conocía. Humildemente reconoció que no entendía lo que estaba pasando, no podía comprender lo que Dios estaba haciendo. Se dio cuenta que necesitaba estar pendiente, mantenerse alerta, esperar a ver lo que Dios responderá a sus preguntas. En lo más profundo de su ser, Él sabe que Dios juzgará el mal. Él sabe que Dios hará algo. Él sabe que esta aparente contradicción divina no es posible. 

Él tomó una actitud de un estudiante cuando esta confundido y espera que su maestro le explique la ecuación. En estos días muchos estudiantes están tomando clases en línea. A veces no pueden entender la clase nueva que el profesor que está enseñando virtualmente. Una maestra que conozco estuvo tratando de explicar una ecuación, pero lo que ella escribía en la pizarra, los estudiantes lo leían al revés. En momentos así, los estudiantes tienen dos opciones:

(1) Quejarse y decir que la maestra no sabe explicar su clase.

(2) Confiar en la maestra y hacer lo posible para entenderla, quizás colocar la computadora frente a un espejo o algo así. Seguir intentando aprender, seguir estudiando.

Cuando la incredulidad me visita, cuando la duda me amarra, cuando parece que Dios cambió de parecer y ya no me ama, cuando no puedo reconciliar sus métodos con su carácter, recuerdo lo siguiente. EL PROBLEMA NO ES QUE DIOS ES INCONSISTENTE. El problema es que yo no entiendo lo que Él está haciendo.

Si tienes dudas y preguntas, recuerda que está bien hacerle preguntas difíciles a Dios. Pero si las respuestas de Dios te duelen y confunden, te entiendo perfectamente. Después de todo, ¿quién puede entender los métodos y el carácter de Dios por completo?

Eventualmente Habacuc recibió una respuesta a todas sus preguntas. En el próximo post escribiré sobre eso. Mientras tanto, oro por ti, para que el Señor te bendiga y te guarde, que haga resplandecer Su rostro sobre ti y te sonría.


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Preguntas difíciles en los tiempos del COVID-19

Tenemos un Dios que nos abraza en medio de nuestro sufrimiento porque él mismo ha sufrido. Cuando vemos a Cristo en la cruz, derramando su sangre para salvarnos, podemos confiar en que al final, después de la muerte, hay una resurrección. Vamos a salir del otro lado siendo mejores que antes.

Para nadie es un secreto que estamos viviendo tiempos difíciles, tiempos que ponen a prueba nuestra fe. Son tiempos que nos llenan de dudas y preguntas. Nos sentimos desesperados y con miedo. No sabemos que pasará mañana, a veces hasta perdemos la esperanza. 

Yo recuerdo en el año 1996 cuando el huracán George pasó por mi querida patria República Dominicana. Fueron momentos de terror y pánico. Los meses posteriores fueron súper difíciles, sin agua ni electricidad, con problemas económicos y muchas personas perdieron la vida. 

Todos hemos pasado por una o varias tragedias. Por ejemplo, mis vecinos en Haití todavía están en medio de una crisis política y sanitaria. Mis hermanos puertorriqueños ahora mismo están recuperándose del huracán María y los terremotos. Mis amigos en Venezuela todavía están luchando contra una crisis humanitaria. Podemos decir que todos los países del mundo han sufrido o están sufriendo. Estoy seguro que tú estás viviendo tus propias batallas. 

Estos son momentos que nos cambian a todos. Pero, si estas son las circunstancias que nos han tocado vivir, se que con la ayuda de Dios podremos seguir adelante. Es cierto, el mundo está cambiando y no sabemos qué pasará mañana. Nos preguntamos, ¿cómo vamos a sobrevivir este mes? ¿que tipo de persona y sociedad seremos cuando todo termine? ¿Por qué estamos viviendo esta tragedia? 

En la Biblia podemos leer que el pueblo judío también experimentó muchas dificultades y crisis. Una de esas ocasiones fue varios años antes de ser llevados cautivos a Babilonia. El pueblo de Judá vivía sus momentos históricos más críticos. La corrupción moral y espiritual era incontrolable. La idolatría era abrumadora. La violencia, la injusticia, la desigualdad social llenaban las calles con sufrimiento. En esa época, el profeta Habacuc recibió una visión y escribió en el capitulo 3, versículo 17 de su libro en el Antiguo Testamento:

17 Aunque la higuera no florezca, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; 18 aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador. 19 El Señor omnipotente es mi fuerza; da a mis pies la ligereza de una gacela y me hace caminar por las alturas.      

Habacuc 3:17-19

¿Cómo es posible regocijarse en Dios a pesar de las tormentas? ¿Cuando nos falta salud, dinero, esperanza o paz? ¿Cómo podemos decir, aunque todo vaya de mal en peor, yo voy a regocijarme en el Señor? 

Bueno, quizás encontramos la respuesta en el libro que Habacuc escribió. Al principio vemos que él no estaba alegre de su situación. Él no tenía gozo en medio de los problemas que había en su país. Al contrario, vemos que Habacuc tenía preguntas que muchos de nosotros tenemos hoy en día. 

En estos momentos, tal vez, tú estás preguntando ¿por qué Dios permitió que este virus exista?¿por qué mi jefe decidió despedirme a mi? ¿Qué ahora que mis hijos no pueden ir a la escuela y no tengo alimento para darles? ¿Qué pasará con mis abuelos o tios que están en el hospital y no puedo ir a visitarlos?

Habacuc también tenía preguntas difíciles. Él escribió en el versículo 2.

¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo he de quejarme de la violencia sin que tú nos salves?

Habacuc 1:2

Habacuc preguntó hasta cuándo seguiría pidiendo ayuda al Señor sin escuchar una respuesta. Esta pregunta demuestra que:

(1) Habacuc sabía que Dios podía ayudarle. Habacuc tenía fe y pedía ayuda constantemente. En los tiempos difíciles, recordemos que Dios es nuestra ayuda, él es nuestro salvador.

(2) Está bien tener preguntas en la presencia de Dios, está bien preguntarle el por qué de las cosas. El Señor no teme escuchar nuestras preguntas

(3) Habacuc estaba abrumado y desesperado. Su fe estaba siendo probada y dudaba si Dios le estaba escuchando. Sus preguntas ya se convirtieron en quejas, su corazón estaba llenándose de angustia, de miedo y estrés.

¿Alguna vez te has sentido así? Quizás sientes que nadie entiende tu situación ahora que tus planes deben cambiar. Quizás sientes frustración porque todos tus sacrificios ya no valen nada. Quizás sientes que la tierra está moviéndose debajo de tus pies. Quizás no sabes cómo saldrás adelante ahora que todos los caminos parecen cerrarse… En los tiempos difíciles, es normal quejarse, explotar con rabia e impotencia cuando estamos sufriendo y parece que Dios no está haciendo nada.

¿La gran pregunta es por qué? Sigamos leyendo los versículos 3 y 4.

3¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento? Veo ante mis ojos destrucción y violencia; surgen riñas y abundan las contiendas. 4Por lo tanto, se entorpece la ley y no se da curso a la justicia. El impío acosa al justo, y las sentencias que se dictan son injustas.

Habacuc 1:3-4

Aquí Habacuc dirige su indignación hacia Dios y hasta parece que sus quejas son acusaciones. Él esta cansado de esperar una respuesta y estalla con furia, como si Dios tuviera la culpa de lo que está pasando. Esto me enseña que incluso cuando estamos abrumados, exasperados, irritados, enojados… está bien clamar a Dios y pedirle ayuda. 

Aún así, Habacuc quiere saber por qué Dios le deja ver calamidades, sufrimiento, destrucción, violencia, injusticia, dolor, muerte. Muchas veces nos pasa lo mismo. Venimos a Dios con una lista de problemas: ¿Dios, por qué a mi? ¿Por qué ahora? ¿No sabes que mis hijos dependen de mi? ¿No te duele que mis padres están enfermos? ¿No sabes que esta situación es difícil para mi empresa y mi familia? ¿No ves lo mucho que estoy sufriendo? Dios, ¿por qué no respondes? ¿por qué estás en silencio? ¿por qué no me hablas?

Aquí tienes varias respuestas a tus preguntas difíciles:

1. Si Dios no te responde en este momento, es porque quiere calmar tu corazón primero. 

Dios no va a gritar para que le escuches. Él no alzará su voz por encima de la tuya, como si estuviera discutiendo contigo. Al contrario, él primero calma tu corazón para que puedas escuchar su voz. En los tiempos difíciles, cuando estamos desesperados y queremos respuestas, gritamos pidiendo ayuda… Dios nos da calma y nos habla. Así cómo un padre toma a sus hijos y los sienta en su regazo, hablándole despacio para que se calme su enojo. 

2. Si el problema está más allá de tu comprensión, probablemente la solución también lo sea. 

Dios le respondío a Habacuc diciendo, 

5 «¡Miren a las naciones! ¡Contémplenlas y quédense asombrados! Estoy por hacer en estos días cosas tan sorprendentes que no las creerán aunque alguien se las explique.»

Habacuc 1:5

Cuando Dios nos responde en medio de la crisis y desesperación, es posible que no escuchemos lo que deseamos escuchar. Reaccionamos con asombro y confusión, pero Dios nos dice que vamos a salir del otro lado de esto mejor que antes. Quizás ahora estamos preocupados y expectantes, llenos de estrés y ansiedad, con miedo al presente y el futuro. Pero podemos confiar en Dios por que así como los cielos son más altos que la tierra, sus caminos están por encima de nuestros caminos, sus métodos y pensamientos son mucho más profundos que los nuestros. 

Quizás no podemos creerlo porque no entendemos lo qué significa “mejor”. En realidad… ¿Cómo puede ser posible que esta pandemia me haga una mejor persona? ¿Cómo es posible que esta crisis me ayude a ser un mejor ser humano, un mejor esposo, hijo y ciudadano? ¿Cómo es posible que quedarme en casa me haga valorar a mi familia y mi iglesia? 

No lo sabemos, pero podemos confiar en Dios. Vamos a salir del otro lado de esto siendo mejores que antes.

¿Pero cómo?

Varios meses después de casarme, mi esposa me dijo que necesitábamos ir al dentista para una de esas visitas preventivas. Yo tenía años sin visitar a un dentista, por eso me negué. Aun así, hicimos la cita y fuimos al dentista. 

El doctor estaba examinándome y de repente dice: Hmmm, tienes una muela que necesita ayuda… (Yo sabia que tenía una muela partida por la mitad). Él me preguntó si sentía dolor… yo le respondí que ya no sentía dolor, porque llevaba varios años rota. El doctor me miro y me dijo, tenemos que trabajarla porque si el nervio está infectado, puede afectar tu torrente sanguíneo y matarte.

Cuando yo escuché la magnitud del problema, entendí que ya no podía seguir procrastinando. Comenzamos el proceso de inmediato. Varios meses más tarde, después de muchas visitas al dentista y mucho dolor en mi boca, mi muela fue sanada. A veces no queremos lidiar con los problemas que tenemos, hasta que un día ya no aguantamos más. Eso produce que la solución sea más dolorosa, pero al final seremos mejores. 

Tenemos un Dios que nos abraza en medio de nuestro sufrimiento porque él mismo ha sufrido. Cuando vemos a Cristo en la cruz, derramando su sangre para salvarnos, podemos confiar en que al final, después de la muerte, hay una resurrección. Vamos a salir del otro lado siendo mejores que antes.

Aunque a veces no entendamos sus métodos y suframos en el proceso, podemos regocijarnos en Dios, porque él no tiene miedo de escuchar nuestras preguntas y esperar a que nos calmemos para despejar nuestras dudas. Es posible que al final tengamos preguntas, al igual que Habacuc, pero mientras tanto podemos sentir su abrazo y abrazar a un hermano que también esta sufriendo. 


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Qué sucede cuando la gracia de Dios es suficiente

Sería un intento fútil tratar de describir la inmensidad dimensional de la gracia de Dios, pues su gracia es el diamante más bello que un ser humano puede ver. Las facetas son ilimitadas y multiformes. Los aspectos son inagotables. Sus atributos incontables, incomparables y a veces también, incomprensibles.

La gracia de Dios es sublime, maravillosa, abundante, justificadora, envolvente, santificadora, enriquecedora, vencedora, suficiente y más allá de la comprensión humana. Es por la gracia de Dios que podemos ser libres del poder del pecado y la muerte, podemos acercarnos a Dios y recibir el auxilio en tiempos de angustia, podemos vivir de forma piadosa y digna del llamado que Él nos ha hecho, podemos reinar con Cristo y extender su reino a los confines de la tierra, podemos acceder a sus riquezas en gloria y mucho más.

Sería un intento fútil tratar de describir la inmensidad dimensional de la gracia de Dios, pues su gracia es el diamante más bello que un ser humano puede ver. Las facetas son ilimitadas y multiformes. Los aspectos son inagotables. Sus atributos incontables, incomparables y a veces también, incomprensibles.

El apóstol Pablo escribió sobre la gracia de Dios bastante, pues él pudo experimentarla personalmente. Fue por la gracia de Dios que Pablo pudo conocer a Cristo, al igual que todos los que hemos conocido al Señor (la lista es interminable, desde Abraham hasta la eternidad). Por la gracia de Dios somos lo que somos. 

Es por la gracia de Dios que podemos regocijarnos en nuestras debilidades, en el sufrimiento, en la espera; cuando entendemos que su gracia es suficiente, vemos el poder de Dios perfeccionándose en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9).

Siendo honesto contigo, pienso que este es uno de los versículos más difíciles de digerir, comprender o explicar. ¿Cómo es posible que mis debilidades sean usadas para que el poder de Dios sea perfecto o completo? 

La respuesta vino a mi durante esta semana: cuando la gracia de Dios es suficiente, puedo perseverar en el sufrimiento porque en Dios tengo todo lo que necesito. Mis angustias, dolores, pensamientos depresivos, ansiedades, etc., tienen su origen en una mentira. Esa mentira es que Dios no puede satisfacer mis necesidades y por lo tanto, necesito algo más que no tengo todavía. Pero cuando veo a Cristo y toda su gloria, puedo llenarme de gozo, admiración y convicción de que tengo todo y mucho más de lo que necesito.

Cuando la gracia de Dios es suficiente mi alma está satisfecha en mi creador. No importa la prueba o dificultad que esté enfrentando, puedo perseverar porque confío en la bondad generosa de mi Salvador y Señor Jesucristo.

Si te interesa conocer más sobre este tema, puedes descargar la Guía de Oración y Ayuno que Every Nation Churches and Ministries ha creado. Solo haz click en el siguiente botón.

Cuéntame, ¿cómo respondes a las dificultades en la vida? ¿Crees que la gracia de Dios es realmente suficiente?

Oídos para oír

El Señor Jesucristo utilizaba frases muy peculiares. Una de esas frases es: el que tenga oídos para oír, que oiga. ¿Será posible usar los oídos para otra cosa? Medito en esto y me doy cuenta que mi amado Jesús se refiere a oír con el corazón y no solo con la mente.

Pero hay algo más profundo aquí, algo que he aprendido y experimentado este verano. Mientras mi esposa y yo atravesábamos una especie de pasillo con muchas puertas (hablo en sentido figurado), descubrí que la clave para escoger la puerta correcta era detenerme y escuchar la voz correcta.

En esos días estaba escuchando el podcast de The Bible Project. Tim y John hablaban sobre el paralelismo entre los capítulos 1 al 3 de Génesis, en comparación con el libro de Proverbios. El propósito de la humanidad es gobernar el mundo en compañía de Dios. El hombre y la mujer recibirían la sabiduría necesaria para realizar su trabajo a través de una relación íntima con el Creador. 

Una teoría interesante es que al principio Eva representaba la salvación de la humanidad, pues ella fue creada para ayudar al hombre a hacer algo que él no podría hacer solo: crear vida. Pero cuando Eva vio que podía alcanzar el fruto de la sabiduría por si misma, entonces esto trajo consecuencias para la humanidad. En especial para el hombre, porque este escuchó la voz de su mujer y no la voz de Dios. Parece que en este contexto, escuchar es sinónimo de obedecer. Obedecer la voz correcta es un asunto de vida o muerte.

Abraham fue justificado porque escuchó (obedeció) la voz de Dios. Esto trajo bendición para él y su familia. Dios escogió su familia para bendecir a toda la humanidad. Salomón, el hijo de David, es parte de esa familia. Su historia es importante, porque Salomón reconoció que necesitaba la sabiduría de Dios para gobernar a Israel. Por esta razón fue bendecido.

Salomón hace mucho énfasis en la importancia que tiene escuchar la voz de Dios para adquirir sabiduría, en el libro de los proverbios, especialmente en los capítulos 7 y 8. Aquí hay un paralelo entre dos mujeres, dos tipos de sabiduría. La sabiduría que viene del mundo y la que viene de Dios.

Por eso no me sorprende que el Señor Jesús ordene a los que tengan oídos para oír, que oigan. Él está clamando como la Sabiduría de Dios, en Proverbios 8, que escuchen. Aquellos que están dispuestos a oír y obedecer, oigan.

Este verano reconocí que debía aprovechar el tiempo para dedicarme a bajar el ritmo y caminar con Dios, prestar atención a sus palabras. En Mateo 11:28-30, mi Señor me pide que aprenda de Él, que descanse en Él. Esa es la fuente de la sabiduría. 

Dichoso somos cuando decidimos usar nuestros oídos para oír la voz correcta. Cuando decimos: Señor, habla. Tu siervo oye… cuando aprendemos a depender de su sabiduría para gobernar y discernir entre el bien y el mal.

Conferencia Una Vida Balanceada

Si a menudo te sientes agotado, cansado, frustrado o sin energía; si el estrés de tu trabajo o estudios paraliza tus relaciones familiares y sociales; si te cuesta dormir, descansar, meditar y estar en paz, esta conferencia es para ti.

Mi objetivo será ayudarte a encontrar la clave de una vida balanceada. Para lograr este balance necesitamos:

  • Identificar los múltiples roles que jugamos en la vida y
  • Comprender cómo se deben administrar nuestros recursos (tiempo, dinero y energía)

¡Acompáñame, será una noche fantástica!