La formula perfecta

Solo cuando vemos la magnitud de nuestra deuda y la grandeza de la provisión divina podemos entender el evangelio, la formula perfecta.

Después de la traición a Dios, Adán y Eva se dieron cuenta que estaban desnudos y buscaron hojas de higuera para cubrirse. En otras palabras, su idolatría siguió en aumento, buscando satisfacer sus necesidades por sus propios medios. Lo mismo pasa hoy día, la gente nunca esta satisfecha y siempre quiere más. Así como dice el proverbio, un abismo lleva a otro abismo. Las hojas de higuera no son suficientes, los ídolos no son suficientes. Necesitamos una solución, no más píldoras mágicas que nos prometan salvarnos, no más jaulas que solo compren más tiempo. Necesitamos un salvador.

 

Del mismo modo que Dios sacrificó un animal para cubrir la desnudez de Adán y Eva, Dios sacrificó a su único hijo Jesucristo para cubrir la mayor necesidad de la humanidad: el perdón de los pecados. De esta manera, la relación entre el Creador y la creación fue restaurada y será totalmente redimida. Este es el evangelio:

 

El Evangelio es la buena noticia de que Dios se hizo hombre en Jesucristo. Él llevó una vida que nosotros debimos haber vivido (guardando perfectamente la ley moral); luego sufrió la muerte que nosotros debimos haber padecido (por haber quebrantado la ley). Tres días después se levantó de la muerte comprobando que Él es el Hijo de Dios y ofreciendo el regalo de la salvación a todo aquel que se arrepienta y crea en el evangelio.


Rice Broocks

 

Dios escogió a Israel para redimir a la humanidad por medio de Jesucristo. Gracias a los hebreos, tenemos la ley de Dios y gracias a Jesucristo tenemos la gracia. La historia de Israel con Dios ilustra en gran parte la historia de la humanidad. Todas las demás religiones del mundo enseñan que el hombre necesita acercarse a Dios y ofrecen buenos consejos. El cristianismo demuestra que Dios se hizo hombre y se acercó a nosotros, para salvarnos como lo había prometido. Esta es una buena noticia, no un buen consejo.

 

Israel esperaba al descendiente de David, el Señor y Mesías salvador. Ellos esperaban un valiente guerrero que los librara del yugo romano. Jesús tenía una mejor libertad en mente, la libertad del pecado y de la muerte, porque el vivió una vida perfecta y luego se sacrificó por nuestros pecados, tomando nuestro lugar en la cruz y soportando el castigo justo de Dios.

 

Tres días después resucitó para demostrar que era y es el Hijo de Dios. Esta es la prueba máxima de su Señorío y poder. Ni siquiera la muerte está fuera de su autoridad, por esta razón el puede salvar a todo aquel que se arrepienta y crea el evangelio.

 

Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. Así dice la Escritura: «Todo el que confíe en él no será jamás defraudado».

Romanos 10:9-11

 

Solo cuando vemos la magnitud de nuestra deuda y la grandeza de la provisión divina podemos entender el evangelio. Esto nos ayuda a ser los suficientemente humildes para temer a Dios y al mismo tiempo nos da la suficiente confianza para acercarnos a él, porque ya él se acercó a nosotros.

 

Si crees que Dios te ama menos por tus errores, entonces estás confiando más en tus propios esfuerzos para salvarte que en la misericordia de Dios. Si crees que no necesitas obedecer a Dios y vives como mejor te parece, entonces estás abusando de la gracia y de este mundo. Seguramente no has entendido que Jesús es suficiente, él es Señor y Mesías, este es el Evangelio.

Autor: Mario J. Jiménez

Discípulo de Jesús y esposo de Katie. Me encanta el cafe, los libros, las películas y el Jazz. En mi trabajo soy ministro de campus, también escritor amateur y aprendiz del liderazgo. Intento exponer verdades profundas con claridad y sencillez.

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