Haciendo Yuca

Es importante que aprendamos a esperar, pues la espera te transforma o te deforma. Mientras esperas puedes transformarte a la imagen de Cristo o deformarte como ser humano.

El verano pasado fui a Disney con mi esposa. Ese fue nuestro regalo de navidad y de cumpleaños combinados. Si has ido a los parques de Disney sabes que es normal pasar una hora haciendo yuca en una fila. Hacer yuca es esperar una cosa o a una persona lo más que se pueda resistir, esperar con determinación.

En estos días, muchos estamos cansados de esperar. Veo en las noticias que el gobierno dominicano extendió el toque de queda y es lamentable que algunos estén tan desesperados que no respeten las autoridades. Veo cómo la policía anda recogiendo personas, encerrándoles en la cárcel. Veo comerciantes a punto de estallar porque sus negocios pueden quebrar si no abren. Lo se, todos queremos que las medidas de cuarentena terminen.

¿Qué estás esperando tú? Quizás esperas el nacimiento de tu primer hijo. A lo mejor es una pareja porque estás cansado o cansada de la soltería… Ves a tus amigos y familiares en una relación y te preguntas cuándo llegará tu turno. Tal vez esperas que termine el semestre en la universidad o escuela para poder descansar de las clases virtuales. O esperas una entrevista para un empleo, una visa, etc. Quizás estás esperando reabrir tu negocio o visitar a un familiar que está enfermo y no has podido durante semanas. Todos estamos esperando algo 

Por eso es importante que aprendamos a esperar, pues la espera te transforma o te deforma. Mientras esperas puedes transformarte a la imagen de Cristo o deformarte como ser humano. 

Lucas relata en Hechos capítulo 1 cuando Jesús bendice a sus discípulos y les ordena que esperen en Jerusalén la promesa del Espíritu Santo. Luego Jesús asciende al trono celestial mientras ellos le adoran y regresan con gozo a Jerusalén a esperar el cumplimiento de la promesa del Padre. Pero antes de ver como ellos esperaron, leamos un mal ejemplo de como esperar.

Y cuando terminó de hablar con Moisés en el monte Sinaí, le dio las dos tablas de la ley, que eran dos lajas escritas por el dedo mismo de Dios.

Al ver los israelitas que Moisés tardaba en bajar del monte, fueron a reunirse con Aarón y le dijeron:

—Tienes que hacernos dioses que marchen[a] al frente de nosotros, porque a ese Moisés que nos sacó de Egipto, ¡no sabemos qué pudo haberle pasado!

Aarón les respondió:

—Quítenles a sus mujeres los aretes de oro, y también a sus hijos e hijas, y tráiganmelos.

Todos los israelitas se quitaron los aretes de oro que llevaban puestos, y se los llevaron a Aarón, quien los recibió y los fundió; luego cinceló el oro fundido e hizo un ídolo en forma de becerro. Entonces exclamó el pueblo: «Israel, ¡aquí tienes a tus dioses que te sacaron de Egipto!»

Cuando Aarón vio esto, construyó un altar enfrente del becerro y anunció:

—Mañana haremos fiesta en honor del Señor.

En efecto, al día siguiente los israelitas madrugaron y presentaron holocaustos y sacrificios de comunión. Luego el pueblo se sentó a comer y a beber, y se entregó al desenfreno.

Éxodo 31:18-32:6 NVI

Los israelitas esperaban que Moises bajara del Monte, pero en la espera se desesperaron y pidieron a Aaron que les hiciera dioses que marchen al frente de ellos. Fue como si pensarán «Moisés murió y nosotros no conocemos a Dios. Hagamos nuestros propios dioses que nos den consuelo, placer y gozo…»

¿Con qué frecuencia hacemos lo mismo que hizo Israel? Sentimos que estamos atascados en el proceso y que las promesas de Dios tardan. Llevamos dos meses sin congregarnos y ya no queremos participar en las reuniones virtuales, pero estamos obligados a una video llamada del trabajo. Tenemos años esperando una pareja y estamos cansados de estar solos, por eso nos involucramos en una relación tóxica y dañina. Estamos cansados de la abstinencia sexual y por eso comenzamos a ver imágenes nocivas. Llevamos años tratando de mejorar nuestro matrimonio, pero no vemos progreso, por eso buscamos una aventura con otra persona.Tenemos tiempo envueltos en deudas económicas y parece que nada funciona, por eso caemos en la trampa de un negocio ilícito.

Admítelo… todos hemos esperado mal de vez en cuando. Veamos ahora como esperar bien.

Todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración, junto con las mujeres y con los hermanos de Jesús y su madre María.

Hechos 1:14 NVI

Los discípulos volvieron a Jerusalén y se quedaron en un Aposento Alto. Ellos obedecieron el mandato de quedarse en Jerusalén y no volver a Galilea. Jesús no les dijo cuanto tiempo debían esperar, solo el lugar dónde debían esperar.

Allí estaban los discípulos junto a las mujeres que habían apoyado el ministerio del Señor, también los hermanos y la madre de Jesús. Lucas nos recuerda que la mujer siempre ha sido importante en el reino de Dios. Las mujeres no son ciudadanas de segunda clase.

Lucas nos dice cómo esperaron.

Todos / Juntos: Ellos esperaban juntos. Esperar es una tarea difícil. Necesitamos el apoyo de otras personas. Por eso es importante congregarse. Aunque sea por una video llamada. Si tu iglesia tiene grupos pequeños online, únete a esos grupos. Si tienen llamadas de oración, participa en esas llamadas. Puedes ver una prédica online pero nunca será igual que participar en una reunión con los demás hermanos en la fe. No esperes sólo.

En un mismo espíritu / Unánimes: Todos estaban persiguiendo el mismo objetivo. Todos estaban de acuerdo. ¿Que estaban esperando? Esperaban la promesa del Padre. Reúnete y asóciate con personas que estén persiguiendo lo mismo que tu. Se parte de un grupo de hombres y mujeres que desean conocer a Dios. Recuerda, bienaventurados son los que no andan en el camino de los perversos. Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.

Oraban: Lucas dice Ellos se dedicaban a la oración. Dedicarse a algo es consagrarse para ese fin, ‘tener como ocupación o profesión una determinada actividad’. Esto significa que ellos oraban constantemente, entregados… haciendo yuca. Ese era su trabajo. Eso no significa que oraban las 24 horas del día, sino que oraban más que lo usual. Más que algunas pocas horas al día.

Orar es intimar con Dios. Desarrollar una relación más cercana con el. Muchos jóvenes dicen que no oran porque no tienen tiempo. Porque tienen muchas clases en la universidad o el colegio. Pero pasan horas viendo videos en YouTube, tiktok o Instagram. Algunos adultos dicen que no oran porque no tienen tiempo tampoco. Porque tienen mucho trabajo y compromisos. Pero de repente están suspendidos y tienen tiempo de más. Es ahí donde se acaban las excusas. 

Uno siempre saca tiempo para lo que considera importante. 

Aprovecha esta oportunidad para conocer y parecerte más a Jesucristo. No esperes solo. Reúnete con tus hermanos en la fe, dedícate a la oración con los que buscan el mismo objetivo que tu.

Recuerda que las circunstancias no cambian el carácter de Dios. Las circunstancias cambian nuestro carácter para bien o para mal. La espera puede transformarte a la imagen de Cristo o deformarte como ser humano.

¿Qué pasaría si todos oramos por la presencia de Dios en nuestras vidas? Que su presencia nos llene de pies a cabeza. Que su presencia nos transforme, nos consuele, nos llene de paz y purifique. Que su presencia inunde nuestra familia, nuestro trabajo, nuestro edificio, vecindario, pueblo y nación. Que su presencia nos haga diferentes para que el mundo pueda conocer a Dios. Esta es la promesa del Padre. ¿Por qué estás orando tú?

Si necesitas una comunidad de fe que te ayude a esperar la promesa de Dios en tu vida, escríbeme un mensaje para contactarte.

Autor: Mario J. Jiménez

Discípulo de Jesús y esposo de Katie. Me encanta el cafe, los libros, las películas y el Jazz. En mi trabajo soy ministro de campus, también escritor amateur y aprendiz del liderazgo. Intento exponer verdades profundas con claridad y sencillez.

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