Cuando las respuestas de Dios sanan

La fe y la confianza comienzan a crecer en la tensión de las pruebas. Al final descubrimos que Dios es quien Él dijo ser. Él hará lo que dijo que iba a hacer. Él está trabajando en nosotros, por nosotros y a través de nosotros.

Katie y yo estábamos hablando sobre nuestro compromiso. Ella me envió varias imágenes de anillos con estilos que les gustaría tener, pero me dijo que no me preocupara con comprar un anillo de diamantes. Eso fue una buena noticia porque yo no podía comprar un diamante de verdad con mi sueldo. 

Una tía de Katie es gemóloga. Es decir, alguien que estudia y trabaja con joyas y piedras preciosas. Yo contacté a la señora y le pedí ayuda. Ella me recomendó una gema llamada iolita o violeta. Esta gema es parecida a un zafiro azul, pero dependiendo de la luz, puede ser azul claro o azul marino, a veces parece transparente y a veces morado. La piedra no cambia de color, lo que cambia es mi percepción de la gema de acuerdo a la luz. 

Lo mismo sucede con Dios. El carácter de Dios no ha cambiado, lo que sucede es que eventualmente Él me enseñará lo que no estoy viendo. 

Esto también le sucedió al profeta Habacuc. En el capítulo 2  de su libro leemos que Dios le respondió con una visión. Una visión es una revelación, una visión que Habacuc recibió después de mantenerse alerta (v.1). Esperar atentamente nos permite ver misterios ocultos. 

Habacuc tuvo una visión tan increíble, tan importante, tan maravillosa, que el profeta debía escribirla en tablas, para que no se borrara. Habacuc debía escribirla claramente para que los mensajeros la leyeran rápidamente y llevaran el mensaje a otros. 

Cuando recibas una revelación del Señor, escríbela para que no la olvides, para que puedas leerla en los tiempos difíciles y de confusión. 

Vemos también que esta visión se cumplirá en su tiempo… Quizás no en mi tiempo o en tu tiempo, sino en el tiempo indicado, pues DIOS ES FIEL Y MAJESTUOSO. No sabemos cuándo será este tiempo, no sabemos hasta cuando enfrentaremos el mal, pero la visión se cumplirá. Todos nuestros problemas tienen una fecha de vencimiento. Hay un tiempo señalado para su cumplimiento.

La cuarentena tiene fecha de vencimiento. La depresión, tiene fecha de vencimiento. La enfermedad, tiene fecha de vencimiento. El dolor, tiene fecha de vencimiento. Mientras tanto, abrázate con tu fe la promesa revelada.

La visión que Dios le entregó al profeta Habacuc comienza contrastando a dos tipos de personas: El insolente y el justo que vive por fe.

¿Quién es el insolente? En el tiempo de Habacuc, era el pueblo de Babilonia. Los caldeos eran orgullosos porque ellos habían arrasado con naciones enteras. Eran un pueblo rico y poderoso, y se llenaron de arrogancia. Cuando todo va bien, es normal creer que somos invencibles. Es fácil llenarnos de orgullo cuando tenemos éxito, dinero, propiedades, buena reputación, salud y estatus… etc. 

Ahora bien, ¿quién es el justo? Para muchos de nosotros, el justo es una persona perfecta, que siempre cumple los mandamientos de Dios. El justo es una persona seria, una persona llena de fe. Una persona que sin importar los problemas sigue luchando en oración, porque sabe que Dios va a recompensar su obediencia… Si es así, ninguno de nosotros cumplimos con esos estándares, porque todos le hemos fallado a Dios y nos hemos separado de la su gloria, así como el Apóstol Pablo confirmó:

Así está escrito: «No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!»

Romanos 3:10-12 [NVI]

PERO el Apóstol Pablo también escribió:

 Ahora bien, es evidente que por la ley nadie es justificado delante de Dios, porque «el justo vivirá por la fe».

Gálatas 3:11 [NVI]

En otras palabras, el justo no es una persona perfecta que camina con Dios, sino una persona imperfecta que camina con un Dios perfecto porque simplemente confía en ÉL. 

Las circunstancias no determinan la manera en que un justo vive, sino su confianza en Dios. El justo confía en Dios a pesar de las circunstancias. Cuando es fácil y cuando es difícil. Cuando es confortable y cuando es incomodo. Cuando tiene fuerza y cuando está débil. El justo vivirá por su fe, porque confía en Dios y porque confía en Dios, obedece su palabra.

Si el justo es una persona que simplemente confía en Dios, el insolente es una persona que no confía en Dios.

El problema es que si no confiamos en Dios, entonces confiamos en otra cosa, como los versículos 5-20 nos muestran. Los peligros que corremos cuando confiamos en las riquezas, en el placer, en la violencia, en la corrupción son espantosos. ¡Ay del que se hace rico con lo ajeno! ¡Ay del violento! ¡Ay del bohemio! ¡Ay del que pone su confianza en otra cosa o persona que no sea Dios!

Las consecuencias de no confiar en Dios son terribles. 

Quizás conoces la historia de Billy McFarland, un empresario estadounidense que cofundó el Festival Fyre. Este festival iba a celebrarse en las Bahamas, pero por muchos problemas de seguridad y logística fue cancelado. Varias personas trataron de ayudarlo, aconsejándole que suspendiera todo cuando aún había tiempo. Pero no, porque él creía en sí mismo. El fracaso fue evidente y las consecuencias fueron trágicas.

El fue condenado a prisión porque defraudó a los inversionistas por $ 27.4 millones al comercializar y vender boletos para el festival y otros eventos. Después de declararse culpable de dos cargos de fraude electrónico en marzo de 2018, fue condenado a seis años de prisión federal. Esto afectó a muchísima gente, desde los empleados que no recibieron su pago y las personas que pagaron para ir al festival. Cuando llegaron allá encontraron que debían luchar por sus vidas, no tenían alimento, ni seguridad, ni baños… fue difícil.

Nuestra arrogancia no solo nos afecta a nosotros mismos. La razón por la que hacemos estas cosas es porque no entendemos ni confiamos en los métodos de Dios. Como no nos conformamos y esperamos que Él haga su parte, decidimos vivir a nuestra manera.

Vivir sin Dios es peligroso y nos lleva a la muerte. Habacuc lo sabía y por eso decidió traer sus preguntas, sus dudas, sus quejas a Dios en oración. 

En el capítulo 3, Habacuc narra su lucha en oración, recordando la fama de Dios, sus obras pasadas, sus promesas futuras. Él sabía que sus preguntas y dudas no podrían derrotar la reputación y la fidelidad de Dios. Él comienza a mencionar todas las cosas que Dios ha hecho y pide que las haga de nuevo. Es cómo si su confianza en Dios se convirtió en un ring de boxeo. En un lado estaban los problemas de Habacuc. En el otro lado estaban las promesas de Dios. ¿Quién crees que ganará esa pelea?

Lleva tus preguntas a Dios en oración. Deja que tu incertidumbre y tu miedo se enfrenten contra las promesas de Dios. Deja que los milagros que Dios ha hecho en el pasado, sirvan como garantía de que Él hará lo que dijo.

La fe y la confianza comienzan a crecer en la tensión de las pruebas. Al final descubrimos que Dios es quien Él dijo ser. Él hará lo que dijo que iba a hacer. Él está trabajando en nosotros, por nosotros y a través de nosotros.

Al final de su oración, Habacuc reconoció que podía confiar en Dios. Él entendió que Dios era fiel, recordando el pasado y las promesas cumplidas. Eso le ayudo a resolver la aparente inconsistencia entre el método de Dios y el carácter de Dios.

Cuando tengo dudas acerca de Dios, se que puedo venir a su presencia con mis preguntas. Leo Su palabra y todas las promesas que Él me ha hecho. Veo Su grandeza, Su poder, Su misericordia… Y eso me da confianza. Confió que Dios hará lo que Él ha prometido. Esa confianza me da vida, me ayuda a luchar y seguir adelante. Aunque mi estado actual no sea el que quiero, Dios es fiel.


Special thanks to my cousin, Adrian Etheridge for the photo.

Autor: Mario J. Jiménez

Discípulo de Jesús y esposo de Katie. Me encanta el cafe, los libros, las películas y el Jazz. Pastor Hispano en HighPoint Orlando, escritor amateur y aprendiz del liderazgo. Intento exponer verdades profundas con claridad y sencillez.

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