Nuevos lentes espirituales

Qué difícil es ver a Dios cuando todo lo que ves son tus problemas y necesidades, ambiciones y ansiedades, etc.

Cuando yo conocí a Cristo, el pastor Dante Gebel ya era súper famoso. Él hacía un show de radio que me gustaba mucho. En ese show Dante hacía parodias y predicaba. 

Dante vino a República Dominicana hace varios años. Una amiga mía estaba encargada de la organización del evento, y yo tuve la oportunidad de trabajar con ella. Yo no lo hice por el dinero solamente, sino porque quería conocer a Dante Gebel. 

Yo trabajaba en el área de seguridad y podía entrar a los camerinos. Eso tenía una ventaja, verdad. Pero cuando fui al camerino, Dante no estaba ahí. Entonces salí y fui a la tarima. Cuando iba llegando al final del pasillo, Dante estaba esperando allí. Sin pensarlo dos veces le di la mano y me sorprendí porque pensé que él era más pequeño. 

Ahora, si eres como yo seguramente hay una persona famosa que quieres conocer. 

La mayoría de la gente siempre quiere ver a alguien famoso. Hay personas que pagan grandes cantidades de dinero para ir al concierto de su artista favorito. El sueño de muchos fanáticos  es conseguir un autógrafo. Quizás tú has soñado toda tu vida con tomarte un selfie con Michael Jordan o Amelia Vega.

Si una persona es capaz de hacer lo que sea para ver a alguien famoso, ¿por qué será que la mayoría de la gente ni siquiera sueña o piensa en  la idea de ver a Dios? 

Será porque nadie ha visto a Dios realmente, pues Dios es espíritu. O será porque para ver a Dios realmente hay que morir primero. Y casi nadie quiere morir. Dios declaró a Moisés que nadie podría verle y seguir vivo. Isaias temió por su vida cuando vio una visión de Dios. Los serafines se tapan los ojos con sus alas para no ver al Señor.

El otro día escuché a un sacerdote satanista explicar que él no tiene fe, no cree en un dios, no cree en la vida después de la muerte, solo cree en sí mismo. Él es su propio dios, y no tiene que dar cuentas a nadie. Esa es la realidad de muchas personas. 

Muchos de nosotros no vemos ni queremos ver a Dios:

  • Porque sabemos el precio que tendremos que pagar.
  • Porque estamos demasiado entretenidos viendo otras cosas en el mundo. 
  • Porque estamos más interesados en nosotros mismos. Es decir, no vemos a Dios porque hay otras cosas que nos interesan más.
  • Porque hay mentiras que decimos, pensamientos y sentimientos que tenemos, que nadie más, excepto Dios y nosotros conocemos. 
  • Porque tenemos miedo de ser juzgados por alguien que no podemos juzgar.
  • Porque sabes que cuando veamos a Dios no podremos seguir siendo la misma persona.

Es difícil ver a Dios cuando todo lo que ves es a ti mismo. Cuando estamos demasiado enfocados en nosotros mismos, nuestros problemas y necesidades, ambiciones, etc.

Yo he visto en varias películas que se puede escribir un mensaje con tinta invisible. En realidad, la tinta no es invisible, pero necesitas un tipo de luz especial para revelar lo que está escrito. Así mismo podemos ver a Dios si utilizamos la luz correcta.

Si tú quieres ver a Dios, pero no sabes cómo, tengo noticias para ti: Aunque no puedes ver a Dios físicamente todavía, si puedes ver a Dios a tu alrededor, en la naturaleza y otras personas (porque fuimos creados a su imagen).

Jesús dice:

“Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.”

Mateo 5:8 NVI

Este es pasaje explica cómo podemos ver a Dios. 

La ley judía prohibía que alguien impuro pudiera entrar al templo (el templo es el lugar donde los seres humanos se encuentra con Dios). Aun así, la ley daba esperanzas a los judíos. Si ellos eran limpios completamente, finalmente verían a Dios. 

Pero, ¿Cuándo somos limpios completamente? ¿Cuál es el estándar de limpieza que tengo? ¿Está definido por la cultura o por la opinión de la gente, o cualquier otra cosa que no sea la Palabra de Dios?

Muchas veces podemos pensar que somos limpios comparándonos con algo más sucio que nosotros. Si examino mi corazón, a veces encuentro miedo, lujuria, vergüenza, ira y muchas cosas más.

Podemos pensar que tenemos un corazón limpio fijándonos en las apariencias. Pero eso sería como decir que un vaso está limpio por dentro porque parece estar limpio por fuera.

No podemos ver a Dios físicamente, todavía. Pero los que tienen el corazón limpio pueden ver a Dios espiritualmente, cada día. 

Katie y yo íbamos para Nashville el verano pasado. Salimos temprano desde Virginia. El viaje era de 9 horas, más o menos. Yo iba manejando cuando comenzó a llover… era una lluvia torrencial, que no dejaba ver muy bien. Pero gracias a que el vehículo tiene un parabrisas, podemos usar el limpia vidrios y “limpiar” el agua. Si quieres ver a Dios necesitas dejar que Su palabra limpie tu corazón. 

Jesús dice que nadie ha visto al Padre, sino el Hijo y a quien él quiera revelarlo. Jesús nos revela al Padre a través de la Cruz. La cruz es la expresión del amor y la justicia de Dios. Es por medio de la Cruz que podemos tener una idea clara de quién es el Padre. Es la cruz la que nos permite soñar con un corazón limpio. 

Dios siempre provee para lo que él demanda. Si el demanda que tengamos un corazón limpio para poder verlo, él proveerá para que tengamos un corazón limpio. En otras palabras, un corazón limpio viene de Dios. 

Así como David escribió:

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.”

Salmos 51:10 LBLA

Así también podemos pedirle a Dios un nuevo corazón que nos permita verle. Imagínate como sería tu familia si todos recibieran el perdón de Dios y estuvieran dispuestos a perdonarse mutuamente. Imagínate como sería un país donde no tengas miedo a que te atraquen porque la avaricia de los políticos y empresarios no explotan a los pobres, obligándolos a robar para conseguir comida. Imagínate como sería tu vida si pudieras ver a Dios cada día.

Photo by Christian Wiediger via Unsplash.com

Autor: Mario J. Jiménez

Discípulo de Jesús y esposo de Katie. Me encanta el cafe, los libros, las películas y el Jazz. Pastor Hispano en HighPoint Orlando, escritor amateur y aprendiz del liderazgo. Intento exponer verdades profundas con claridad y sencillez.

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