¿Necesitas ser bautizado otra vez?

Una reflexión sobre la controversia donatista

Crecí en un ambiente católico romano y fui bautizado —método de aspersión— cuando era un bebé. En muchas iglesias evangélicas hoy en día es una práctica común rebautizar a personas que fueron bautizadas cuando eran bebés. Así fue mi caso. Hay ejemplos de personas que ponen su fe en Cristo despues de adultos y deben participar del Sacramento del bautismo tal como los creyentes que Pablo conoció en Éfeso (Hechos 19:1-7).

Pero ¿qué debemos hacer cuando alguien quiere volver a bautizarse? Afortunadamente, no somos los primeros en abordar esta cuestión.

Antecedentes de la controversia donatista

La Controversia Donatista fue una disputa teológica sobre la membresía, el liderazgo, y la división de la iglesia. Se considera uno de los mayores debates en la historia de la iglesia relacionado con la doctrina y la ética. Nos ofrece ideas útiles para responder a la pregunta de un segundo bautismo.

La controversia donatista ocurrió en los siglos IV y V, pero sigue siendo relevante en nuestro tiempo actual. Ocurrió como consecuencia de la persecución de Diocleciano a principios del siglo IV, considerada una de las más severas en todo el imperio. Podría haber durado mucho más tiempo, pero la conversión de Constantino y su tolerancia hacia el cristianismo puso fin a la persecución.

Durante la persecución de Diocleciano, una de las principales exigencias que el emperador hizo a los cristianos fue que no sólo había que adorar al César sino que debían renunciar a Jesús como señor. Decir que César era señor no era suficiente sino que tenían que entregar sus copias de las Escrituras. Una de las cosas que Diocleciano estaba tratando de hacer era que todos los líderes de la iglesia y los cristianos entregaran sus copias de las Escrituras.

Bajo amenaza de severa persecución y muerte, muchos, no todos, pero sí muchos, líderes y discípulos de la iglesia entregaron sus copias de las Escrituras a las autoridades romanas para evitar la persecución. Fueron llamados traditores. Literalmente significa “la gente que entrega”. También es de donde surge la idea de alguien que es un traidor.

La persecución termina, las cosas se calman, todos quedan atónitos ante este notable cambio y la pregunta que surge inmediatamente es ¿qué hacemos con aquellas personas que entregaron su copia de las Escrituras para evitar la persecución? Ésta es la esencia de la controversia donatista: ¿qué hacemos con la membresía de la iglesia para las personas que han caído o quieren regresar?

¿Qué hacemos con aquellos líderes que han caído pero quieren regresar?

Había un hombre que fue consagrado obispo de Cartago que había sido una de esas personas que siete años antes había entregado las escrituras, había sido un traidor. Para muchos, esto causó indignación. ¿Cómo podría alguien así volver a ser obispo?

Algunos dijeron: “bueno, fue un momento muy difícil. Necesitamos dar la bienvenida a tantos como podamos, que están arrepentidos incluso en el liderazgo de la iglesia”. Pero había un grupo liderado por Donato, quien más tarde se convertiría en obispo de Cartago, que defendía esta visión rigurosa de la membresía y el liderazgo de la iglesia. Dijeron que cualquiera que entregara las Escrituras no era digno de ser bienvenido en la iglesia, especialmente en el liderazgo.

Los donatistas fueron aún más lejos diciendo que para cualquiera que fuera bautizado por uno de esos líderes de la iglesia que habían caído o cualquiera que hubiera recibido los sacramentos de los líderes de la iglesia que habían caído, los sacramentos que habían sido administrados no eran válidos porque eran apóstatas. y no eran verdaderos líderes cristianos.

Por otro lado, una vez que los donatistas se separaron de la jerarquía católica romana y comenzaron sus propias iglesias, los católicos romanos decían que cualquiera que fuera bautizado por los sacerdotes donatistas o que recibiera los sacramentos de ellos tampoco cuenta. Hubo una doble división. Para hacer esto aún más complejo, hubo fricciones étnicas porque la mayoría de los que siguieron a los donatistas eran nativos del norte de África.

La pregunta en el centro de esta controversia es cómo debemos entender y proteger la santidad de la iglesia. En ese momento, los donatistas se habían separado del resto de la jerarquía eclesiástica. No estaban debatiendo sobre la divinidad de Jesús o la trinidad, era una cuestión sobre el ministerio del liderazgo de la iglesia y los sacramentos.


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La respuesta de San Agustín a la controversia donatista y al bautismo

San Agustín entró en este debate casi un siglo después como líder de una iglesia en el norte de África. Estaba en territorio donatista. La mayoría de la gente va a iglesias donatistas y piensa que la gente que va a iglesias católicas es apóstata.

San Agustín finalizó el debate, al menos teológicamente. Su argumento principal fue que la iglesia en la tierra siempre será este cuerpo mixto de santos y pecadores y, al igual que la parábola del trigo y la cizaña, nosotros, como seres humanos y líderes de la iglesia, nunca podremos discernir con claridad perfecta quién es un verdadero cristiano y quién es un falso cristiano. Este se convirtió en uno de los pilares de la eclesiología ortodoxa, la comprensión de la naturaleza de la iglesia y la práctica de la disciplina de la iglesia.

Si bien apreciamos la búsqueda de los donatistas de una iglesia pura y santa, libre de apostasía, debemos estar más dispuestos a dejar entrar a personas que han caído bajo persecución. No es nuestro trabajo dejar entrar sólo a los más santos y puros para proteger la santidad de la iglesia. La iglesia es santa no por la santidad de sus miembros sino por la santidad de Cristo. La santidad de la iglesia no depende de ningún individuo en particular que sea parte de esa comunidad, es la santidad de Cristo quien es la cabeza de la iglesia, nosotros somos su cuerpo.

San Agustín también sostuvo que, a partir de ese punto, la validez del ministerio de la iglesia, en particular el ministerio de un líder, como el bautismo o la administración de la comunión, no depende de la santidad del líder. La eficacia de los sacramentos no depende de quien los administra sino de las obras mismas porque son medios de gracia de Dios. La Iglesia Católica llevó esta idea demasiado lejos al argumentar que la fe del ministro o del destinatario no era el punto sino el sacramento mismo.

La iglesia es santa no por la santidad de sus miembros sino por la santidad de Cristo.

Validez del bautismo

La obra del Espíritu Santo a través de los sacramentos como medio de gracia es lo que hace significativos los sacramentos, los hace transformadores para la persona que los recibe, ya sea el bautismo u otro sacramento. Esto ha anclado a la iglesia en su práctica sacramental y eclesial durante muchos siglos.

Juan Calvino escribió: “Hemos dicho que los símbolos por los cuales se discierne a la Iglesia son la predicación de la palabra y la observancia de los sacramentos, porque éstos no pueden existir en ninguna parte sin producir frutos y prosperar con la bendición de Dios”.

A la luz de eso, ¿qué hacemos con la validez de la práctica sacramental de los líderes que han caído? Para citar a San Agustín: “con razón obramos los que no nos atrevemos a repudiar los sacramentos de Dios, incluso cuando se administran en división”.

Algunos principios que espero sean de utilidad

  • Bautízate de nuevo si existen razones bíblicas para hacerlo.
  • La validez del bautismo no depende de una denominación evangélica en particular.
  • Pero ten cuidado con las sectas.
  • La validez del bautismo no depende del carácter del ministro.
  • La fe en Cristo como Salvador es esencial para ser bautizados.
  • No importa la cantidad de agua, ni si fue una piscina o la playa, lo importante es la gracia de Dios en la vida de quien es bautizado.

¿Qué opinas tú? ¿En qué circunstancias se debe volver a bautizar a una persona?

¿Cómo clasificamos a los discípulos y el ministerio de los grupos de iglesias sectarias?

¿Tienes algún comentario o testimonio? Déjame saber. 

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Original photo from Arquidis Molina via Unsplash.com


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