Caminando por ahí

Un día, fui a la biblioteca para ayudar a dirigir uno de nuestros Círculos (grupos pequeños) Every Nation Campus. Vi a un joven sentado en un banco junto a su prima, a quien conocía que se llamaba Luisa. Yo solía ​​predicar el evangelio en la escuela secundaria a la que asistía Luisa.

Algo brillaba en los ojos de este muchacho, como la curiosidad que no puedes ocultar cuando estás sorprendido, pero no sabes por qué. Así que después de saludar y charlar un poco, invité a ambos a unirse a uno de nuestros Círculos. Dijeron que sí … pero entonces surgió algo y no pudieron quedarse.

Este joven, a quien nunca había visto antes, llamó mi atención esa mañana. Yo solo estaba caminando por ahí, pero algo pasó ese día. Desde entonces, nos hemos cruzado en el campus, lo he invitado a nuestros Círculos y he esperado una y otra vez. Hasta que un día me sorprendió y me presenté. Finalmente llegué a saber su nombre, Edwin.

Él no era cristiano cuando nos conocimos. Pero resulta que, en algún momento después de nuestra primera conversación, Edwin tuvo un sueño donde seguía a Jesús. ¡Este sueño ya se hizo realidad porque Edwin está creciendo en la fe, en la Palabra y la Iglesia! Incluso me ha mencionado que quiere ser misionero en África. Estoy realmente entusiasmado con todo esto, ¿y tú?

La vida sigue

La mayoría de nosotros recuerda que EEUU lanzó una bomba atómica en Japón en la ciudad Hiroshima, pero pocos sabemos que lo mismo ocurrió en la ciudad de Nagasaki.

Cuando la bomba atómica explotó en Nagasaki murieron 60 mil personas. La radiación fue tan grande que hasta los relojes se detuvieron a las 11:02 am.

70 años después, Nagasaki luce totalmente diferente. La ciudad ha sido reconstruida, compañías americanas están funcionando y el lugar donde la bomba cayó, es un parque donde los niños juegan.

Aunque parezca que el tiempo se detuvo en muchos relojes cuando la bomba destruyó Nagasaki, el tiempo sigue pasando y demostrando que la vida sigue.

Quizás no lo sabías pero yo crecí jugando béisbol. Todavía recuerdo muchos buenos momentos de mis días practicando en el Club Payero, en Santo Domingo. Mi sueño era jugar profesionalmente en EE.UU., pero eso no sucedió. No fue una tragedia ni nada por el estilo, pero reconozco que sin la ayuda de Dios y mi familia, me hubiese quedado en el pasado… frustrado por fracasar en el intento.

Hace varias semanas fui con mi esposa y familiares al estadio de los Nationals, en Washington. Recordé mis sueños del pasado, pero sin tristeza o melancolía. Al contrario le agradecí a Dios por darme sueños nuevos y mejores para mi. La vida sigue y nosotros con ella.

He visto que es difícil disfrutar el presente y movernos al futuro cuando estamos aferrados al pasado. ¿Qué está impidiéndote seguir adelante?

Ganándose el pan (The Breadwinner)

Dos niñas tuvieron que fingir ser niños para salir de casa y poder ganarse el pan diario, en medio de una sociedad hostil y machista. Ellas no lo hicieron por placer ni rebeldía, sino por necesidad. Una de estas niñas se llamaba Parvana, ella enfrentó la impotencia de perder a su padre, haciendo todo lo posible para rescatarlo de la prisión.

Parvana contó una historia en medio de su aventura. El cuento se trataba de un niño que nació en una aldea muy alegre. Ellos habían conseguido muchas semillas y estaban muy contentos por eso, pero unos enemigos entraron en la aldea y se llevaron las semillas, entonces todo el pueblo lloró y lloró muchísimo. El niño se llamaba Sulayman y era valiente. Sulayman dijo que recuperaría las semillas pero nadie en el pueblo lo apoyó, por el contrario se burlaron de su insensatez.

La historia de Parvana y de Sulayman están sumamente entrelazadas. Si quieres saber cómo terminan, puedes ver la película The Breadwinner de Nora Twomey. Te aseguro que no te decepcionará, pues la buenas historias siempre sobrepasan las expectativas.