La actitud cristiana con la Comunidad LGBTQ+

Una relación gay, lesbiana o bisexual muestra que no estamos conformes con el orden que Dios ha establecido. Esto se convierte en un intento de destronar a Cristo. Es un desafío a su autoridad porque en lo más profundo no hay confianza.

En la primera parte de este artículo expliqué lo que pensaban los autores bíblicos sobre las relaciones sexuales con parejas del mismo género. En esta parte expondré cuál debería ser nuestra actitud hacia la comunidad LGBTQ+.

Comienzo reconociendo la importancia del tema, admitiendo que no basta con exponer versículos bíblicos que prohiben estas prácticas sino que también necesitamos aprender a escuchar.

Debemos prestar atención a las palabras que decimos y no pensar que lo sabemos todo. Puede que usemos palabras y etiquetas que lastimen a nuestros amigos. A veces decimos con humildad que «las relaciones homosexuales son pecado», pero lo que algunas personas gay o lesbianas piensan que estamos diciendo es: «Dios te odia y si no cambias, te iras al infierno».

Busquemos a nuestros amigos donde ellos están y no gritemos a la distancia que están mal y que se van a condenar si no cambian. Eso es lo que muchas veces hacemos en la iglesia y por eso herimos más a la gente.

Tratemos de mostrar el amor redentor de Cristo enseñando la magnitud de nuestros errores y la impresionante provisión de Dios para reconciliarnos con Él.

Seamos cuidadosos antes de aparentar que estamos declarando juicios de condenación, pues nosotros también hemos traicionado el amor de nuestro Creador. Hagamos una distinción clara entre aceptación y aprobación, demostrando que amamos a la gente pero no apoyamos todo lo que hacen. La aceptación incondicional no es una muestra de amor.

Entendamos que hay diferencias entre los miembros de la comunidad LGBTQ. No todos piensan del mismo modo. Algunos solo tienen un deseo pero no llegan a la acción. Otros practican una vida gay pero no se identifican como tal. El nivel más profundo es cuando alguien se identifica cómo gay, lesbiana, bisexual… Esta es la parte más delicada del tema. 

Expliquemos con intención y tacto que el principal problema de una relación gay, lesbiana o bisexual es la tendencia a ser intercambiables. Esto significa que no hay un orden claro en la relación (quién es el hombre y quién es la mujer). Recordemos que ambos géneros expresan los atributos de Dios y la unión física es en realidad una reunión. 

Una relación gay, lesbiana o bisexual muestra que no estamos conformes con el orden que Dios ha establecido. Esto se convierte en un intento de destronar a Cristo. Es un desafío a su autoridad porque en lo más profundo no hay confianza. Sin confianza no hay amor ni un deseo sincero a reconocer la autoridad de Cristo.

Puede ser que la falta de confianza tenga su raíz en una relación complicada con una figura de autoridad, como los padres de la persona. Por eso, recomiendo que invitemos a nuestras vidas a los miembros de la comunidad LGBTQ+. Demostremos que le amamos y estamos dispuestos a entenderles. Quizás nuestra relación con Cristo les permita ver porque podemos confiar en Él. En otras palabras, trata de ser un puente no una barrera.

Hablemos del amor inagotable del Señor sin temor y con claridad. El evangelio de Cristo es la noticia más digna de confianza. Aun así, no se trata de tener razón, se trata de un mejor amor. Prediquemos la verdad con amor, no con odio. Oremos por ellos con humildad, reconociendo las veces que les hemos ofendido. 

Finalmente, seamos persistentes y curiosos. Si cometemos errores aprendamos de ellos. 

¿Alguna vez has tenido un mal entendido con una persona gay o lesbiana por mala comunicación? ¿Tienes algún consejo, corrección o cumplido en relación a lo que hemos hablado?


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Discipulado y la Comunidad LGTBQ+

Para algunas personas gay, lesbianas, trans o bisexuales, la verdad se siente como condenación y odio. Sienten que si Dios los hizo, los cristianos no deberíamos rechazarlos porque Dios es amor.

Una tarde estábamos haciendo el Test de Dios en la universidad. Mientras hablaba con un estudiante le preguntamos si creía en el cielo, dijo que sí. Pero cuando le preguntamos si él creía que iría al cielo, dijo que no, porque otros cristianos le habían dicho que la gente como él va al infierno. Verás, él sentía atracción por mujeres y por hombres igual. Es decir, bisexual. 

Esta historia refleja la relación que la iglesia tiene con la comunidad gay o LGTBQ+. Para la iglesia, es parte de su misión defender la verdad y llamar las cosas como son, porque después de todo, la Biblia es clara en el asunto. Para algunas personas gay, lesbianas, trans o bisexuales, la verdad se siente como condenación y odio. Sienten que si Dios los hizo, los cristianos no deberíamos rechazarlos porque Dios es amor.

Pienso dividir este artículo. Primero, qué pensaban los autores bíblicos sobre las relaciones sexuales con parejas del mismo género. Segundo, cuál debería ser nuestra actitud hacia la comunidad LGBTQ+. 

Entre reglas y relaciones

El error más común de nosotros es ver la Biblia como un libro de reglas o manual de vida. Es cierto que la Biblia tiene reglas y principios para una vida que le agrade a Dios, pero el tema principal de la Biblia son las relaciones. 

La Biblia trata la relación de Dios con la humanidad, la relación de la humanidad con Dios y la relación de la humanidad entre sí. Donde sea que hayan más de dos personas, siempre habrá algún tipo de relación y por ende, algún conflicto de intereses. Donde hay conflictos, hay una historia. Es por eso que la Biblia cuenta una historia, las reglas y principios deben entenderse en el contexto de las relaciones de los personajes de la historia.

La historia de la Biblia y la historia que cuenta la Biblia no es la misma. Para saber más del tema puedes ver los videos de The Bible Project o la serie de predicas de Andy Stanley sobre cómo se recopilaron las Escrituras. Sigamos con la historia que cuenta la Biblia.

El personaje principal de esta historia es Dios. En esa historia Dios creó dos géneros a su imagen y semejanza, masculino y femenino (Genesis 1:27). El hombre y la mujer son iguales en dignidad e importancia, pero muestran distintos atributos de Dios. El propósito de esta diferencia es la ayuda mutua para la reproducción de los seres humanos y el deleite sexual. Porque la mujer fue creada de la costilla del hombre, ambos son iguales pero diferentes. El acto sexual es una re-union de una sola carne, pues es una unión orgánica (Génesis 1 y 2). [Así que no le prestes atención a la imagen de dos muchachos besándose, usando un t-shirt que dice I am the image of God (yo soy la imagen de Dios). Anja, NO me digan…]

La relación de Dios con Adán y Eva era perfecta. La relación de Adán con Eva también, pero en el capítulo 3 de Génesis aparece el enemigo de esta historia. La Serpiente confundió a Eva y Eva a su marido para que desobedecieran el único mandamiento que Dios le había dado. 

El resultado de esta desobediencia fue la muerte. La separación espiritual de Dios y la humanidad, con todas sus consecuencias. A partir de este momento, los seres humanos comenzamos a morir, a pelear entre nosotros, a culparnos y acusarnos mutuamente, porque nos separamos de Dios.

Pero Dios siguió buscando a la gente. Él escogió a un hombre y su familia para que fueran su pueblo, el pueblo de Israel. Aunque Israel no era perfecto, Dios tenía misericordia de ellos y por amor a Su nombre, los rescató de Egipto, les dio la tierra prometida, les dio un rey famoso como David, los castigó por su idolatría, los restauró como nación y luego envió a su hijo Jesucristo para cumplir una promesa que vemos en Genesis 3:15 cuando Adán y Eva pecaron. 

Jesucristo murió por los pecados de su pueblo Israel y de toda la humanidad. La historia que cuenta la Biblia termina con la restauración de las relaciones entre Dios y los hombres; y la relación de los hombres entre sí (Apocalipsis 22).

¿Por qué comenzar con esta historia?

Porque la Biblia es más que un libro de reglas y mandamientos. El tema principal de la Biblia no son las relaciones gays, lesbianas o bisexuales, pero estas acciones representan el polo opuesto al diseño original de Dios para el sexo. 

En la creación vemos que Dios crea parejas: Sol y luna, día y noche… cada parte pertenece a la otra pero ninguna es intercambiable. El matrimonio tradicional es un símbolo de la unión divina, dos entidades diferentes unidas en armonía una con la otra. 

No es difícil entender que la Biblia prohibe la inmoralidad sexual porque es una ofensa contra el cuerpo que Dios nos dio. El problema no es lo que dice la Biblia sobre el tema, el problema es si creemos que la Biblia es la palabra de Dios o no.  

La primera mención de hombres queriendo acostarse con otros hombres aparece en Genesis 19:5, cuando los hombres de Sodoma querían violar a los ángeles que visitaron a Lot. 

«Llamaron a Lot, y le dijeron: 

–¿Dónde están los varones que vinieron a tu casa esta noche? Sácalos, pues queremos tener relaciones con ellos.»

Es por eso que las ciudades de Sodoma y Gomorra son sinónimo de pecado y juicio. ¿Pero qué tipo de pecado? Ezequiel 16:47-50 explica que fue la falta de hospitalidad, no solamente la inmoralidad sexual. 

Los pecados de Sodoma y Gomorra son varios: orgullo, injusticia social y el comportamiento inmoral. Estas ciudades eran famosas por este último. Tan así que Judas 7 las menciona.

Más adelante vemos que Dios prohíbe a los israelitas las relaciones gays. Eso lo vemos en Levíticos 18:22 y 20:13.

«No te acostarás con un hombre como si te acostaras con una mujer. Eso es un acto aberrante.»

«El que se acueste con otro hombre como si se acostara con una mujer, será condenado a muerte, junto con ese hombre. Han incurrido en un acto repugnante, y serán los responsables de su muerte.»

Estos versículos describen las relaciones gays con la palabra abominación (Heb. To’ebah). Esta es la misma palabra usada por el profeta Ezequiel para referirse al pecado de Jerusalén cuando la compara con Sodoma. Lev 18:22 y 20:13  describen el sexo entre hombres como abominación. 

¿Qué es una abominación? Algo detestable, algo que causa disgusto, náuseas, etc… está palabra se usa especialmente cuando Dios se refiere a los ídolos. 

El libro de Levíticos es un libro sobre la santidad. Después del capítulo 17, el libro contiene lo que algunos llaman el Código de Santidad Judía porque detalla cómo los israelitas vivirían como un pueblo santo o apartado para Dios (Lev 19:2). Este código da las bases para una vida santa, tratando temas como el incesto, adulterio, aborto, etc. Aunque hoy día no cumplimos con todas las leyes escritas en levíticos, la idea es que este código expresa la Voluntad Moral e incambiable de Dios.

En este código hay diferentes tipos de leyes: cívicas, rituales y morales.

Cada ley y mandamiento revela algo sobre la naturaleza de Dios y nuestra naturaleza. La pureza es súper importante en el Nuevo Testamento, pero es más una pureza moral que una pureza ritual. La ética sexual es un asunto moral. 

Dos caras de la misma moneda

Los dos pactos: el segundo confirma algunas estipulaciones del primero. Jesús dijo que la ley o el primer pacto se resume en dos mandamientos (amar a Dios y al prójimo como a ti mismo). El segundo pacto explica cómo los cristianos debemos amar a Dios y al prójimo resaltando y afirmando mandamientos del antiguo testamento. Por ejemplo, el mandamiento a no robar está en el antiguo testamento (Éxodo 20:15) y en el nuevo (Efesios 4:28).

Cuando los gentiles entraron a la iglesia hace varios siglos, ellos no tenían que convertirse en judíos (1 Corintios 7:19), pero para cumplir la ley moral de Dios, ellos tenían que dejar la inmoralidad sexual (5:11; 6:18; 10:8 y Hechos 15).

La distinción entre judíos y gentiles causó muchos problemas en Roma. Pablo estuvo encarcelado en Roma antes de morir, pero él escribió una carta a la iglesia en Roma antes de visitarlos porque estaban divididos. Los judíos criticaban a los romanos por muchas cosas. El primer capítulo de Romanos habla sobre la seriedad con que Pablo trata las relaciones gays y lesbianas, una práctica aplaudida por los griegos (en su mayoría bisexuales) y condenada por los judíos y moralistas grecorromanos. 

La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad y maldad de quienes injustamente retienen la verdad. Para ellos, lo que de Dios se puede conocer es evidente, pues Dios se lo reveló; porque lo invisible de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, y pueden comprenderse por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues a pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón se llenó de oscuridad. Aunque afirmaban que eran sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes de hombres mortales, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por eso Dios los entregó a los malos deseos de su corazón y a la impureza, de modo que degradaron entre sí sus propios cuerpos. Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y honraron y dieron culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas. Hasta sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van en contra de la naturaleza. De la misma manera, los hombres dejaron las relaciones naturales con las mujeres y se encendieron en su lascivia unos con otros. Cometieron hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibieron en sí mismos la retribución que merecía su perversión.

Romanos 1:18-27 NVI

Pablo confirma que la ira de Dios es justa porque los hombres conocían a Dios y se rebelaron contra él.

La ira de Dios se revela en que Dios entregó a los hombres a los malos deseos de sus corazones, a aquellos que rechazan la verdad de la revelación de Dios.

Pablo menciona que la humanidad cambió tres cosas con rebeldía:

  • La gloria del Dios inmortal por la imagen de hombres mortales, aves y reptiles (idolatría) (v. 21-23).
  • La verdad de Dios por la mentira (v. 24-25).
  • Las relaciones sexuales heterosexuales por relaciones gays o lesbianas (v. 26-27).

Estas pasiones vergonzosas que Pablo menciona son el resultado de un deseo sexual sin medida y prohibido.

Pablo explica que las relaciones gays y lesbianas son un ejemplo horizontal de la rebelión vertical a Dios. Mientras mayor es la rebelión, peores son los deseos del corazón humano. Utilizando el mismo lenguaje e imágenes de Génesis 1, 2 y 3, Pablo demuestra que estas relaciones son una ofensa grave contra el cuerpo humano y Su Creador.

Pablo también habla sobre la inmoralidad sexual en 1 Corintios 6:9 y 1 Timoteo 1:10. Pablo incluye relaciones gays y lesbianas entre una lista de pecados que te pueden costar tu entrada al reino de los cielos. Este es el mismo mensaje que el Señor Jesucristo hizo en Apocalipsis 22:15.

Aquí es donde quisiera detenerme y con toda la humildad posible pedir perdón a cada miembro de la comunidad LGBTQ+, en especial a los miles de jóvenes que han tratado de acercarse a Dios pero han sido heridos por creyentes moralistas. Perdón por las veces que escucharon la verdad pero sin amor redentor de Dios. Perdón por las veces que sin darme cuenta les he tratado de forma distinta. Soy consciente de que todos hemos pecado (de diferentes formas) y necesitamos el mismo salvador (Romanos 3:23). Quiero que sepan que la ira de Dios no es el destino final de los que reconocen sus errores y ponen su confianza en Jesucristo. 


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Discriminación y comunidad LGBTQ+

Si no podemos vivir sin juzgar o discriminar, más sin embargo no podemos ponernos de acuerdo «cuál verdad» creer, qué está bien o mal… tenemos un grave problema.

Imagínate que un día despiertas al sonido de tu alarma. El reloj en tu celular dice 5:30 a. m. El cielo a través de tu ventana está oscuro y frío. Tus sábanas calientes, tu almohada muy cómoda, tu cama está abrazándote. Tomas tu teléfono y sientes la tentación potente y abrumadora de posponer tu alarma. Lo piensas por un segundo y te vuelves al otro lado con un gruñido. Ahí, en ese preciso momento, tienes que decidir qué hacer. Tienes que juzgar y discriminar que te importa más: 5 minutos más en tu cama o llegar a tiempo a tu entrevista de trabajo. 

Decides detener la alarma y levantarte de la cama. Sabes que necesitas este empleo porque los compromisos económicos están creciendo. Hay que pagar la renta y el colegio (o la universidad, o la medicina, o cualquier otra cosa importante para ti). Necesitas decidir qué hacer. Juzgar entre tus opciones. Discriminar entre la mejor o la peor. Si somos honestos de una vez por todas, a todos nos gusta juzgar y discriminar. Es una necesidad tan básica como la comida o un techo. Cada micro segundo que transcurre estamos decidiendo entre una cosa u otra. Escogemos entre la opción A o la opción B. Favorecemos esto o favorecemos aquello. Esto es discriminación. Esto es juzgar. 

La discriminación ha existido desde el principio de los tiempos. La humanidad se ha desarrollado en base a las decisiones físicas, morales y éticas que ha tomado en cada circunstancia que ha enfrentado. Hay que aceptarlo y vivir con esa realidad. No hay ni existirá una sociedad libre de discriminación. Siempre habrá algo o alguien que sea aprobado o reprobado. El truco es decidir cuáles son los parámetros y factores que inclinan la balanza hacia un lado o el otro. Quién decide, quién los define.

Juzgar y discriminar es un derecho humano que muchas naciones defienden. A todos nos gusta tener la libertad de expresión y decisión. El problema viene cuando alguien más usa esos derechos para discriminarte y rechazarte. Es por eso que sientes rabia e impotencia cuando alguien te niega el derecho a escoger y decidir lo que quieres hacer. Por esa razón la discriminación e injusticia social en contra de las mujeres, los afroamericanos y la comunidad LGTBQ+ es tan controversial.

Admitamos que cada ciudadano debería tener los mismos derechos y deberes cívicos que su sociedad otorga, sin importar su género o color de piel, preferencia sexual o nivel económico. En este caso, nadie debería prohibirte el voto o el acceso a los beneficios que la ley te otorga si eres un ciudadano. O sea, ¿una persona podría tener una relación legal con otra persona de su mismo sexo? Quisiera darte una respuesta concreta pero todavía no lo sé. Depende si reconocemos el matrimonio como un derecho civil o no. Una vez más, mi ignorancia me traiciona.

El tema que cambia la conversación es el aspecto moral. Se cree que una sociedad que reconozca legalmente el matrimonio entre miembros de la comunidad gay va camino a un cataclismo moral, ha perdido los buenos valores cristianos de la familia y está adorando a Satanás pero sin darse cuenta. Quizás sea una verdad a medias, porque esta cebolla tiene muchas capas.

Puedes juzgarme por mi ambigüedad. Ese es tu derecho. No creo en la idea de que nadie puede juzgarte porque siempre necesitaremos diferenciar un plátano y un pepino. Hasta Pablo le escribió a los corintios que se juzgarán entre ellos mismo. El tema es juzgar bien, pues cuando el Señor Jesús dijo que no juzguemos para no ser juzgados, también añadió que con la misma vara que midamos también seremos medidos. En otras palabras, cuando juzgas a alguien estás juzgándote a ti mismo por los mismos estándares.

El ladrón juzga por su condición.

Si reconocemos que todos juzgamos aunque digamos no hacerlo, estamos progresando. El siguiente nivel es entender algo más. Cuando mucha gente pide que no le juzguen en realidad están diciendo que no desean ser rechazados, condenados o reprobados. Porque esto produce vergüenza, dolor y miedo. No me juzgues significa no me rechaces porque si lo haces yo te juzgaré y te rechazaré  a ti también. 

Así caemos en un círculo vicioso. El que rechaza es rechazado. El discriminado también discrimina. Cada quien prefiere decidir lo que está bien y lo que está mal (saludos a Adán y Eva)*. Cada quien quiere tener su verdad. Yo no quiero ser juzgado por tus estándares pero te juzgaré por los míos. Tú no quieres ser juzgado por mi, pero me juzgas por los tuyos… entonces ¿qué hacemos? 

Si no podemos vivir sin juzgar o discriminar, más sin embargo no podemos ponernos de acuerdo «cuál verdad» creer, qué está bien o mal… tenemos un grave problema. La solución es separar las preferencias subjetivas de la verdad objetiva. No hay espacio para una relatividad especial o moral.

Yo puedo preferir las películas de acción y aventuras. Mi esposa prefiere las historias románticas. Yo no puedo decir que mis preferencias están bien y las preferencias de mi esposa están mal. ¡Son preferencias personales! No son «verdades». ¿Cuál es la verdad? Pues, la verdad es que existen películas de acción y aventuras, también hay películas con historias románticas. Esa es la verdad. 

Mi verdad no existe. Tu verdad tampoco. Solo hay una verdad y quien la busca tiene el riesgo de encontrarla. Para encontrarla se necesita humildad y eso es algo muy difícil cuando el buque insignia de la comunidad LGBTQ+ es el orgullo.

Así que la próxima vez que digas «sólo Dios puede juzgarme», piénsalo bien. Sus estándares no son relativos. El sexo con alguien del mismo sexo es incorrecto y contra la naturaleza. Es una ofensa hacia el Creador del sexo. Si quieres hacerlo tienes el derecho, pero no podrás cambiar la verdad.


* El problema de Adán y Eva fue creer que ellos podían definir lo que estaba bien y lo que estaba mal, que cada quien tenía su verdad, que ellos podían ser como Dios, ser sus propios dioses. Este es el mismo problema de una sociedad que rechaza los principios morales de la palabra de Dios.

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