Discriminación y comunidad LGBTQ+

Si no podemos vivir sin juzgar o discriminar, más sin embargo no podemos ponernos de acuerdo «cuál verdad» creer, qué está bien o mal… tenemos un grave problema.

Imagínate que un día despiertas al sonido de tu alarma. El reloj en tu celular dice 5:30 a. m. El cielo a través de tu ventana está oscuro y frío. Tus sábanas calientes, tu almohada muy cómoda, tu cama está abrazándote. Tomas tu teléfono y sientes la tentación potente y abrumadora de posponer tu alarma. Lo piensas por un segundo y te vuelves al otro lado con un gruñido. Ahí, en ese preciso momento, tienes que decidir qué hacer. Tienes que juzgar y discriminar que te importa más: 5 minutos más en tu cama o llegar a tiempo a tu entrevista de trabajo. 

Decides detener la alarma y levantarte de la cama. Sabes que necesitas este empleo porque los compromisos económicos están creciendo. Hay que pagar la renta y el colegio (o la universidad, o la medicina, o cualquier otra cosa importante para ti). Necesitas decidir qué hacer. Juzgar entre tus opciones. Discriminar entre la mejor o la peor. Si somos honestos de una vez por todas, a todos nos gusta juzgar y discriminar. Es una necesidad tan básica como la comida o un techo. Cada micro segundo que transcurre estamos decidiendo entre una cosa u otra. Escogemos entre la opción A o la opción B. Favorecemos esto o favorecemos aquello. Esto es discriminación. Esto es juzgar. 

La discriminación ha existido desde el principio de los tiempos. La humanidad se ha desarrollado en base a las decisiones físicas, morales y éticas que ha tomado en cada circunstancia que ha enfrentado. Hay que aceptarlo y vivir con esa realidad. No hay ni existirá una sociedad libre de discriminación. Siempre habrá algo o alguien que sea aprobado o reprobado. El truco es decidir cuáles son los parámetros y factores que inclinan la balanza hacia un lado o el otro. Quién decide, quién los define.

Juzgar y discriminar es un derecho humano que muchas naciones defienden. A todos nos gusta tener la libertad de expresión y decisión. El problema viene cuando alguien más usa esos derechos para discriminarte y rechazarte. Es por eso que sientes rabia e impotencia cuando alguien te niega el derecho a escoger y decidir lo que quieres hacer. Por esa razón la discriminación e injusticia social en contra de las mujeres, los afroamericanos y la comunidad LGTBQ+ es tan controversial.

Admitamos que cada ciudadano debería tener los mismos derechos y deberes cívicos que su sociedad otorga, sin importar su género o color de piel, preferencia sexual o nivel económico. En este caso, nadie debería prohibirte el voto o el acceso a los beneficios que la ley te otorga si eres un ciudadano. O sea, ¿una persona podría tener una relación legal con otra persona de su mismo sexo? Quisiera darte una respuesta concreta pero todavía no lo sé. Depende si reconocemos el matrimonio como un derecho civil o no. Una vez más, mi ignorancia me traiciona.

El tema que cambia la conversación es el aspecto moral. Se cree que una sociedad que reconozca legalmente el matrimonio entre miembros de la comunidad gay va camino a un cataclismo moral, ha perdido los buenos valores cristianos de la familia y está adorando a Satanás pero sin darse cuenta. Quizás sea una verdad a medias, porque esta cebolla tiene muchas capas.

Puedes juzgarme por mi ambigüedad. Ese es tu derecho. No creo en la idea de que nadie puede juzgarte porque siempre necesitaremos diferenciar un plátano y un pepino. Hasta Pablo le escribió a los corintios que se juzgarán entre ellos mismo. El tema es juzgar bien, pues cuando el Señor Jesús dijo que no juzguemos para no ser juzgados, también añadió que con la misma vara que midamos también seremos medidos. En otras palabras, cuando juzgas a alguien estás juzgándote a ti mismo por los mismos estándares.

El ladrón juzga por su condición.

Si reconocemos que todos juzgamos aunque digamos no hacerlo, estamos progresando. El siguiente nivel es entender algo más. Cuando mucha gente pide que no le juzguen en realidad están diciendo que no desean ser rechazados, condenados o reprobados. Porque esto produce vergüenza, dolor y miedo. No me juzgues significa no me rechaces porque si lo haces yo te juzgaré y te rechazaré  a ti también. 

Así caemos en un círculo vicioso. El que rechaza es rechazado. El discriminado también discrimina. Cada quien prefiere decidir lo que está bien y lo que está mal (saludos a Adán y Eva)*. Cada quien quiere tener su verdad. Yo no quiero ser juzgado por tus estándares pero te juzgaré por los míos. Tú no quieres ser juzgado por mi, pero me juzgas por los tuyos… entonces ¿qué hacemos? 

Si no podemos vivir sin juzgar o discriminar, más sin embargo no podemos ponernos de acuerdo «cuál verdad» creer, qué está bien o mal… tenemos un grave problema. La solución es separar las preferencias subjetivas de la verdad objetiva. No hay espacio para una relatividad especial o moral.

Yo puedo preferir las películas de acción y aventuras. Mi esposa prefiere las historias románticas. Yo no puedo decir que mis preferencias están bien y las preferencias de mi esposa están mal. ¡Son preferencias personales! No son «verdades». ¿Cuál es la verdad? Pues, la verdad es que existen películas de acción y aventuras, también hay películas con historias románticas. Esa es la verdad. 

Mi verdad no existe. Tu verdad tampoco. Solo hay una verdad y quien la busca tiene el riesgo de encontrarla. Para encontrarla se necesita humildad y eso es algo muy difícil cuando el buque insignia de la comunidad LGBTQ+ es el orgullo.

Así que la próxima vez que digas «sólo Dios puede juzgarme», piénsalo bien. Sus estándares no son relativos. El sexo con alguien del mismo sexo es incorrecto y contra la naturaleza. Es una ofensa hacia el Creador del sexo. Si quieres hacerlo tienes el derecho, pero no podrás cambiar la verdad.


* El problema de Adán y Eva fue creer que ellos podían definir lo que estaba bien y lo que estaba mal, que cada quien tenía su verdad, que ellos podían ser como Dios, ser sus propios dioses. Este es el mismo problema de una sociedad que rechaza los principios morales de la palabra de Dios.

Photo by Siora Photography via Unsplash.com

Autor: Mario J. Jiménez

Discípulo de Jesús y esposo de Katie. Me encanta el cafe, los libros, las películas y el Jazz. Pastor Hispano en HighPoint Orlando, escritor amateur y aprendiz del liderazgo. Intento exponer verdades profundas con claridad y sencillez.

4 comentarios en “Discriminación y comunidad LGBTQ+”

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