Se un avatar

Si viste la pelicula Avatar de James Cameron recordarás como varios humanos incluyendo el protagonista usaban cuerpos de Navis mediante una conexión mental. Practicamente ellos “entraban” sus mentes en los avatares. ¿Y si Dios entra su mente en nosotros?

Hay dos días importantes en la vida:

El día que naces y el día que descubres para qué naces.

 

Vivimos en una cultura visual y no lo digo solamente porque la gente se fija más en la apariencia física que en el contenido, sino porque dependemos de la ayuda visual para entender nuevos conceptos. 

La idea de expresar verdades a través de figuras y símbolos visuales no es algo nuevo. Dios mismo ha usado la creación para revelarse a sí mismo.

Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa (Romanos 1:20)

El tabernáculo en el Antiguo Testamento fue una representación visual de la distancia entre la humanidad y Dios y su deseo de morar entre sus hijos. Cada parte del tabernáculo representaba uno que otro aspecto de nuestra relación con él, nuestra indiferencia y pecado, y su respuesta y provisión para eso. El Señor mismo dio las instrucciones a Moisés sobre los sacrificios para cubrir los pecados del pueblo usando sangre de animales. Eventualmente Dios reveló todo su amor en la Cruz con el mayor sacrificio de todos: Su propio hijo, JESÚS.

 

Dios siempre ha usado elementos físicos para revelarse y el ser humano es la máxima expresión. 

 

Somos una representación

 

En Génesis 1:27 vemos como nuestro Padre Celestial creó al ser humano a Su imagen y semejanza

Y Dios creó al ser humano a su imagen;

lo creó a imagen de Dios.

Hombre y mujer los creó,

(Génesis 1:27) 

 

De aquí salen varias preguntas, si Dios creó al ser humano como una representación de sí mismo ¿por qué y para qué lo hizo? ¿Qué significa exactamente ser una representación o representante de Dios? ¿Estamos cumpliendo con eso?

Jesús dijo:

Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.

Mateo 5:14-16

 

Dios nos ha creado para que glorifiquemos su nombre haciendo bien a otros. Él ha escrito una historia donde cada persona juega un papel importante. ¿Sabes cuál es tu papel?

Mi prima Ámbar está casi terminando el bachillerato y me dijo: “tengo miedo de terminar el colegio porque mi vida va a cambiar y no sé qué voy a estudiar en la universidad.” Típico de todo adolescente.

Muchas personas se preguntan para qué nacieron. Creo que la mayoría nos hemos preguntado eso. Nos dicen que Dios tiene un propósito para nosotros pero quizás no sabemos cuál es ese propósito. Solo sabemos que es grande, que es bueno y bonito pero cuando vienen las pruebas todo se nos olvida y pensamos “a lo mejor Dios se equivocó”.

La verdad es que Dios no se equivoca. Realmente él nos diseñó para ajustar en este mundo donde nos ha tocado vivir, así como un escritor diseña los personajes de su historia para que desempeñen un rol en ella. Hay roles que solo tú puedes hacer, Pablo dijo:

En cualquier caso, cada uno debe vivir conforme a la condición que el Señor le asignó y a la cual Dios lo ha llamado.

(1 Cor 7:17).

 

Nuestra responsabilidad delante de Dios es entender los dones, las habilidades y pasiones que él nos ha dado y usarlos correctamente para hacer bien a otros y de esta forma, traer gloria a Dios.

 

El ciclo es más o menos así: Dios nos da dones – Luego nosotros usamos esos dones para servir a otros – Dios recibe la gloria por eso.

En definitiva Dios nos ha creado para que glorifiquemos su nombre sirviendo a otros. 

Si evalúas tus dones, habilidades y pasiones, posiblemente descubrirás tu llamado. Es decir, ese papel que te toca jugar para glorificar a Dios sirviendo a otros.

 

Cuál es mi papel: Predicar o adorar

 

La Biblia enseña que todos hemos sido llamados a anunciar las virtudes de aquel que nos llamó (1 Pedro 2:9), Es decir, a predicar el evangelio y reconciliar el mundo con Cristo (2 Cor 5.17). La pregunta es ¿cómo hacemos eso?

Normalmente se piensa que para predicar el evangelio se necesita cierto nivel de conocimiento bíblico, que debo tener un súper testimonio, que debo tener años en la iglesia, que debo dejar de estudiar, trabajar, etc. ¿Y si cambiamos nuestra mentalidad? ¿Y si hubiera una forma de dar gloria a Dios con todo lo que hacemos dentro o fuera de la iglesia?

El propósito de todo lo que hacemos, incluyendo predicar el evangelio, debería ser dar gloria a Dios. Esto significa vivir una vida que honre su nombre y le agrade. Siempre que hagas algo pregúntate ¿Esto agrada a Dios? ¿Esto honra su nombre? ¿Esto da gloria a Dios?

Algunos dicen: mi llamado es la adoración. Eso es cierto, pero este no es un llamado exclusivo de un grupo sino de toda la creación. Obviamente no me refiero a dirigir el tiempo de alabanza en el servicio, me refiero al significado más amplio de la adoración: rendir tributo y honra al creador. 

Esto trasciende la música tiene que ver con una actitud del corazón, un agradecimiento sincero por quien él es y lo que hace.

Cuando adoramos a Dios por medio de nuestro llamado, esas pequeñas cosas que hacemos y que Dios espera que hagamos, estamos obedeciéndolo y demostrándole que lo amamos, estamos diciéndole con hechos lo que cantamos en el servicio y la gente que nos observa alaba a Dios porque ve que somos sinceros en nuestra alabanza y devoción a Dios.

Hace poco pasamos por un proceso electoral. Por donde quiera que uno caminaba se encontraba con una valla o un afiche con la cara de un político. Las empresas lo hacen también para promover sus productos. Hacen publicidad para recordarle a la gente que existen.

Hoy día mucha gente se pregunta si Dios existe. Se preguntan, si Dios existe porque hay tanta maldad en el mundo… por qué mi papá se murió… por qué hay tanta corrupción… ¿Sabes algo? Tú y yo somos como una valla publicitaria de Dios, la prueba de su amor para el mundo. La gente debería vernos y glorificar a Dios

 

¿Estás dispuesto a ser su instrumento?

 

Antes que las redes sociales se hicieran populares, en internet existían los foros de debate. Eran unas páginas de internet donde la gente se registraba para dar su opinión sobre temas como cuantos años tiene Fefita la grande o cual era la canción más famosa de Michael Jackson. Estos foros tenían como principal atractivo que tu podías elegir un usuario y no tu propia identidad. Usabas un AVATAR que te representaba. Eras tú pero no eras tú.

Así mismo es Dios. Él nos ha escogido como sus avatares, sus representantes en la tierra.

Si viste la pelicula Avatar de James Cameron recordarás como varios humanos incluyendo el protagonista usaban cuerpos de Navis mediante una conexión mental. Practicamente ellos “entraban” sus mentes en los avatares. ¿Y si Dios entra su mente en nosotros?

Dios trabaja a través de su creación. Él cuenta con simples vasijas de barro para manifestar su personalidad, su amor, su poder.

Por ejemplo, cuando oramos pidiendo a Dios nuestro pan de cada día, no estamos esperando que él envíe un ángel con un pedazo de pan, uno sabe que para conseguir ese pan físico se necesita de gente común y corriente que siembra el trigo, procesa la harina, hace el pan, lo vende, otros que lo compran, etc.

No digo que ese pan no venga de Dios sino que él usa a instrumentos humanos para bendecirte y así mismo tú y yo podemos ser instrumentos de Dios para bendecir a otros. 

Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras.

(Santiago 1:7)

 

Dios elige traer provisión extraordinaria a través de gente ordinaria. Él está escondido dentro de su creación. ¿Puedes verlo? ¿Dentro de ti? ¿En el padre que cuida su familia? ¿En la madre que alimenta su bebe? ¿En el amigo que consuela o ayuda a su otro amigo? Él está ahí, siempre está presente.

Pensemos un minuto… ¿Qué podemos hacer para conocer a Dios a través de su creación? ¿Cómo podemos descubrirlo a través de lo simple y cotidiano? Y lo más importante, ¿Cómo podemos ser sus representantes en la tierra?

 

¿Soy mejor que otros?

 

Si haces de cada tarea que tengas, por más sencilla que sea, un aspecto esencial de tu llamado, te darás cuenta que no tienes un solo llamado sino muchos llamados dentro de uno. Me explico.

Un llamado es un trabajo que Dios te ha dado, una tarea que te ha asignado, un papel dentro de su historia. Es como si fueras responsable de algo. Entonces, ¿si soy doctor no puedo ser pastor? ¿Si soy estudiante no puedo ser predicador? Por supuesto que sí porque todo es parte de un solo plan. Cada una de estas tareas son importantes y Él espera que podamos cumplirlas correctamente para dar gloria a su nombre sirviendo a otros. Podemos y debemos jugar nuestro papel.

No hay una tarea más importante que otra, todas tienen el mismo objetivo: honrar a Dios. 

Quizás piensas que estudiar o limpiar tu casa es menos importante que trabajar o traer comida a la casa. La realidad es que cada cosa es necesaria para que el mundo funcione correctamente y si no se hace, el ciclo estará incompleto. Todo es parte del plan de Dios y de su intención de usarnos para mostrar su amor y cuidado a otros.

Mi oración es que podamos vivir una vida que agrada a Dios. Que midamos nuestro éxito en base a eso. Que antes de tomar una decisión nos preguntemos ¿esto honra a Dios? Que al final de cada día nos preguntemos ¿lo que hice hoy le dio gloria a Su nombre?

 

Mi llamado es ser la imagen de Dios en la tierra. Es mi oportunidad diaria de glorificar a Dios sirviendo a otros. 

 

Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.

(Efesios 2:10)

 

Todos tenemos un papel importante en esta historia que Dios ha escrito. Su voluntad es que podamos entender quiénes somos y para qué estamos aquí. Somos su imagen y semejanza, su respuesta a las oraciones de otros, su provisión a los necesitados, somos el medio y él la fuente. Ese es nuestro llamado. 

 

Los pequeños actos hechos con mucho amor son los que cambian el mundo.

 

 

Autor: Mario J. Jiménez

Discípulo de Jesús y esposo de Katie. Me encanta el cafe, los libros, las películas y el Jazz. En mi trabajo soy ministro de campus, también escritor amateur y aprendiz del liderazgo. Intento exponer verdades profundas con claridad y sencillez.

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