Déjalo todo y sígueme.

Anoche, después de la predicación de la pastora Yudelsi, caí de rodillas al piso cuando entendí que la presencia de Dios, el Rey de Reyes estaba allí. Sin embargo, sentí que algo me dijo: “Mario, porque estas en el suelo. Yo no te avergüenzo, incorpórate.” Y aunque no llevaba ni un minuto de rodillas dije: “Sin duda, el Espíritu Santo quiere comunicarme algo” Y así fue. Me puse de pie y escuche una voz que me dijo: “Déjalo todo y sígueme”. Mi reacción fue indescriptible. Fue algo inesperado, una mezcla de alegría y nostalgia. Como le pasó al joven rico. Aunque yo no tengo tantas riquezas materiales, si soy rico en talento y tengo muchos “planes”. Me pregunté “¿Qué es lo que quiere Dios que yo deje, si no tengo casas, ni carros, ni nada… solo un par de proyectos?

Y bueno, cuando llegue a casa, abrí mi Biblia y ¡que sorpresa! el pasaje que me tocaba leer estaba en Lucas 5 y leí el capitulo completo. Cuando vi el subtitulo, recordé aquel momento cuando el Señor le dijo a Pedro: “Lanzen la red del otro lado” Sin embargo, eso fue después de resucitar. En esta ocasión fue diferente… Pedro y sus amigos habían estado trabajando toda la noche y no habían pescado nada. Pero, al oír la voz de Jesús obedecieron y dijeron: “en tu nombre echaremos la red” y el milagro ocurrió. Conocieron el poder de Dios y se necesita fe para eso pues la  fe es depender de la palabra de Dios. Ante tal milagro Pedro dijo y los demás, dejaron su “antigua forma de vida” y siguieron a Jesús.

Luego, varios versiculos más tarde, esta el llamamiento de Leví. Este publicano también lo dejo todo y obedeció a Jesús. Cambió su manera de vivir e invitó a Jesús a su casa para celebrarle una fiesta. Convocó a sus amigos y todos fueron testigos del milagro: Jesús estaba allí. Aunque los fariseos y escribas cuestionaron la acción, Jesús les dijo: “Nadie echa vino nuevo en odres viejos, (…) ni pone remiendo nuevo en vestido viejo”. En otras palabras, se necesita un cambio de mentalidad y de vida para recibir el poder de Dios.

De manera que lo que Dios me esta diciendo es: “Te invito a vivir una nueva etapa en tu vida. Déjalo todo y sígueme. No temas, porque no te dejaré y cumpliré MIS PLANES en ti. De ahora en adelante, las cosas se harán a mi manera. Te invito a conocer mi poder”.

Entendí que en mi caso, dejarlo todo y seguir a Jesús no era abandonar la universidad e irme de misiones a un lugar lejano, sino abandonar mis propias fuerzas, mis propios planes, mis resoluciones e ideas y abrirme a la posibilidad de innovar e inventar nuevas cosas, abrirme a las ideas de él, confiar y obedecer en él. Sin cuestionar, caminar por fe. Así tendré mejores resultados.

6 palabras que vale la pena escuchar.

Hoy recibi este interesante relato en mi correo. Realmente me gusto muchisimo y creo es necesario dedicarle un minuto.
El sitio de Internet Smith, una comunidad virtual que «disfruta del gozo de contar historias», invitaba a sus lectores a enviar frases de seis palabras que describieran sus vidas. Miles respondieron con breves biografías que iban desde un simple «Esposa dulce, hijos buenos: soy rico» hasta un angustioso: «Sesenta. Sin perdonar a mis padres».
     Con base en la Escritura, traté de imaginarme cómo hubiera resumido el rey Salomón su vida en seis palabras. De joven, podría haber escrito: Dios me dio una gran sabiduría. Pero en sus últimos años, tal vez habría dicho: Debería haber practicado lo que prediqué.
     Durante un reinado caracterizado por la paz y la prosperidad, Salomón comenzó a tener problemas espirituales del corazón. Cuando llegó a viejo, «sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David» (1 Reyes 11:4). Eso dio como resultado el desagrado de Dios y un final triste para una vida previamente ejemplar (v. 9).
     Es probable que la gran cantidad de veces que Salomón usó la palabra vanidad (o sin sentido) en Eclesiastés indique lo desilusionado que estaba de la vida. Este rey, antes sabio, que lo tenía todo, lo perdió todo y meditó sobre todo, concluyó el libro con estas últimas palabras: «Teme a Dios, […] guarda sus mandamientos» (12:13).
     Estas son seis palabras que vale la pena escuchar.
El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios,
y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.
Eclesiastés 12:13
Tomado del Libro Nuestro Andar Diario
Rbc Ministerio
 
Editor Agenda de Dios: Olman Rímola

El final de la película.

 

Hoy ha sido un día aparentemente normal. Hice lo que tenia que hacer, según mis fuerzas y deje lo que no podia hacer para otro momento. Me di cuenta que Dios bendice grandemente a los diligentes de corazón. Lo comprobé y me alegre muchisimo de ello porque hoy, di un pequeño paso hacia delante.

Estos han sido días extraños. Realmente, han sido un par de semanas donde muchos sueños y proyectos han sido engendrados en mi y me pregunté varias veces si era Dios obrando en mi o mi propia ambición de tirar pa’ lante. Me imagino que Dios uso la segunda para hacerme entender que su propósito se cumplirá por encima de las dificultades que pueda ver. Porque, aunque yo solo tenga “sueños”, ya él ha visto la realización de los mismos. El sabe como va a terminar todo… ya el vio el final de la película.

Muchas veces he querido hacer lo mismo… ver el final de todo. Saber quien y como será mi esposa, saber como serán mis hijos, cosas como esas. Sin embargo, debo admitir que en esos momentos, cuando estoy débil y desinflado, su palabra me da motivos para confiar. Pues a traves de Jeremias, su Espiritu me dice: Tranquilo! Yo se los pensamientos que tengo para ti. Pensamientos de bien, y no de mal, para darte un futuro y una esperanza.

Wow! Esto significa que, sin darle menor importancia a los detalles, puedo confiar en que al final, cuando pasemos balance… estaré satisfecho de lo que Dios hizo en mi.